25 de enero de 2008

Ls tres traviatas



Violetta vestida de noche, deslumbrante entre las luces de esta Navidad pasada: la fiesta del primer acto de La traviata, una ópera sobre la vida y muerte de una mujer que encarna la condición generosa de media humanidad, podría hoy celebrarse en cualquier principal ribereño del río de oro que es el nuevo paseo de Gràcia.

A ellos dedico mis tres recomendaciones de hoy, Tres Traviatas inolvidables, protagonizadas por tres mujeres fascinantes en sendas tomas en directo -dejo de lado las grabaciones en estudio-. Puede que haya errado en mi elección y me convierta en el blanco de su renovado enfado, pero, siempre malévolo, sé de sobras que los más listos y sensibles de entre ellos se rendirán tras ver y oír el milagro de Verdi. Vamos con la primera.

Cada década tiene su Traviata. La de ésta, que ya va mediada, probablemente será una que se puso en escena en Salzburgo hace unos veranos y que exhibe, ejemplar, la gran ilusión de una cultura cosmopolita y levemente fraternal: una joven soprano rusa e increíblemente hermosa, Anna Netrebko, canta y se mueve en escena extraordinariamente bien dirigida por el alemán Willy Decker, quien hizo girar toda la producción en torno a Violetta, como debe ser. La acompaña, correcto, Rolando Villazón, un tenor mexicano, cuyo padre en la obra, el barítono estadounidense Thomas Hampson, madura en el tercer acto cuando reniega de su hijo y brama: "De desprecio digno se vuelve quien, incluso en la ira, a una mujer ofende". El italiano Carlo Ricci dirige la Orquesta Filarmónica de Viena. Encontrarán el CD en cualquier buen comercio de discos, pero sugiero que elijan el DVD: a la Netrebko, hay que verla.

El anciano maestro Georg Solti dirigió, a sus 82 majestuosos años, la Traviata de la década pasada, protagonizada por la entonces joven soprano rumana Angela Gheorghiu, quien, hipnótica en sus dúos de amor con el tenor, corta la respiración del oyente: compren el DVD de la grabación en directo en La Scala de Milán en 1994 si no quieren esperar a Netrebko, aunque tampoco sabría a qué carta quedarme si tuviera que decidirme por cualquiera de ellas. A Gheorghiu, Violetta le llegó en el momento justo, pero no le cayó del cielo, pues merecía un papel que se gana a pulso en cada gesto.

Mi tercera Traviata es la primera, la mejor de la historia, pero en ningún caso debería ser su elección prioritaria, pues las grabaciones existentes -siempre en directo- oscilan entre lo malo y lo mediano. En cualquier caso, Maria Callas fue, sin discusión, la Traviata del siglo XX: este año ha hecho justamente 55 que cantó una Violetta transfigurada en La Scala, bajo la dirección musical de Carlo Maria Giulini. El hiperestésico director de cine Luchino Visconti -envidiada mezcla de aristócrata, homosexual y marxista- se encargaba de la escena sin permitirse un fallo, mientras que una increíble Lila de Nobili iba vistiendo a Violetta, primero de negro, claro; luego en tonos apagados de verde y azul; de satén rojo en el tercer acto, y, al fin, de blanco.

Toda una generación de artistas e intelectuales catalanes fue literalmente raptada por el talento dramático de la voz rara, imperfecta e irrepetible de la Callas, por la inmensidad de su rostro y por la elegancia de su delgadez estrenada y suicida. Gentes como Lluís Pasqual o Terenci Moix han sabido ver que La traviata culmina en la escena tercera del segundo acto, cuando Violetta se despide de su amante sin contarle lo que está haciendo, extraviándose para siempre y arriesgándose a morir sola, como un perro: "Ámame Alfredo, ámame tanto como yo te amo, ámame Alfredo, siempre, siempre, siempre".

Si ustedes se empeñan en hacerse con una versión de las tres o cuatro grabaciones en directo de las Traviatas de Maria Callas, la más potable es una de 1958, tomada en el Teatro Nacional de San Carlos, de Lisboa (Franco Ghione, director).

Hoy, a diferencia de lo que sucedía en los años cincuenta del siglo pasado, prima la dirección escénica, a veces en detrimento de la calidad musical y vocálica, pero una de las ventajas de La traviata es que exige cantantes muy polifacéticas y, a ser posibles, creíbles en escena: cualquiera de las tres que les he seleccionado resultan modélicas.

En La traviata, Verdi todavía no es el compositor de Otello, entre otras cosas porque ni su libretista de la época -Piave- era Arrigo Boito, ni Alejandro Dumas hijo era Shakespeare. Pero aun así, su música consigue condensar en cada frase emociones dramáticas que, en una buena novela, necesitan varias páginas, y si a ello se suma la magia del buen teatro, el resultado es literalmente espectacular.
Un buen ejemplo colateral es Match point, la película de Woody Allen, en la cual su director puntúa sin descanso el ritmo narrativo de la acción con una frase de Donizetti, cantada por la voz inmensa de Enrico Caruso, hará casi 100 años. Si se fijan bien, también allí sale una Traviata a quien cantan su amor un buen día. Un día todavía feliz. (*)

                                                        

(*)"Pablo Salvador Coderch" es profesor de la Universidad Pompeu y Fabra.

22 de enero de 2008

Acordes de Boda para Carol y Jacobo


Los primeros acordes de “Where the streets have no name” empezaron a sonar, todavía silenciados por los murmullos de los más de 300 invitados, que recién ubicados en sus mesas, prestaban atención a las presentaciones y reconocimiento de los comensales próximos a ellos.

Las primeras notas de la guitarra de The Edge se fundieron en un ritmo trepidante al tiempo que aumentaba el volumen en el Salón, la música se hizo evidente, el frenético y pautado compas asaltó a los comensales que perplejos, buscaban el próximo desenkace y la vez se apagaron las luces del enorme comedor, circunstancia que fue recibida con exclamaciones de sorpresa y expectación.
El volumen siguió aumentando, identificada la canción y contagiados por el singular ritmo, la totalidad de los asistentes miraba de un lado para otro esperando una acción que justificara semejante provocación musical.
En ese momento y a la vez que irrumpiera la batería de Larry aumentando el ritmo hasta un limite que ya parecía imposible, un gran cañón de luz se encendió en dirección a la puerta de entrada, era difícil contenerse, por fin y justo en el momento en el que Bono inicia con su inigualable voz las primeras notas de la canción, aparecieron por la iluminada puerta la pareja esperada, "Los Novios" irrumpieron en el Salón en medio de una locura inenarrable, se mezclaron las lágrimas y los aplausos,

La emoción y la efusión por tan espectacular momento, fueron solo cuatro fugaces minutos que algunos recordaremos como de los mas emocionantes de nuestra vida.

                                                    

19 de enero de 2008

El ángel de Roda de Ter


Miquel Martí i Pol, murió en Vic el 11 de Noviembre de 2.003. Su legado poético, denso, trascendente y popular nos quedó para nuestro enriquecimiento personal y colectivo. Gran amigo y colaborador incondicional de Lluis Llach, le proporcionó material para musicar 23 canciones, 23 tesoros de los que dejamos este magnifico botón
La voz sobria, reflexiva y redonda de Josep Mª Flotats inicia las primeras notas leídas de este poema que es un canto a la esperanza y una reafirmación de lo auténtic
o sobre las mediocridades displicentes, que disfrazadas de lastimosos convencionalismos nos acompañan con demasiada frecuencia.


Ahora mismo enhebro esta aguja, con hilo de un propósito que callo y empiezo a remendar.
De los prodigios que insignes taumaturgos anunciaron ninguno se ha cumplido, y pasa el tiempo.
De nada a poco, cara al viento siempre, que camino de angustia y de silencios. Mejor saber que estamos donde estamos, fijar los pies en tierra y proclamarnos herederos de un tiempo de renuncias en el que el ruido ahoga las palabras y la vida en espejos deformados.
De nada valen quejas ni añoranzas, ni la melancolía displicente puesta como jersey o por corbata al salir a la calle. Poseemos apenas el espacio de la historia concreta que nos toca, y un minúsculo lugar para vivirla.
Nuevamente pongámonos en pie y que nuestra voz solemnemente y clara vuelva a oírse.
Que todos puedan escuchar quienes somos.
Y al final, que se vista cada uno como bien le parezca y a la calle.
Que todo esta por hacer y todo es posible.