31 de marzo de 2008

...New York, infinito (1)



Oí decir que el lema que preside la vida en esta frenética ciudad es “Ride the Wave” algo así como “Cabalgar en la cresta de la Ola” una forma de entender y personalizar un estilo de vivir lo cotidiano, pero aún siendo cierto, New York no sería la gran ciudad que es, si no proporcionase otras alternativas diametralmente opuestas en las que la tranquilidad, el ocio sosegado, la contemplación y el descanso compartido, no fueran estímulos placenteros y reconfortantes y prueba de ello son algunos ejemplos como los paseos tempraneros por Central Park, una dilatada visión del Skyline desde el Brooklyn Heights Promenade, una lectura corta en el Walt Witman Park o incluso un reencuentro con la paz y el silencio asistiendo a la Solemne “Celebration of the Lord’s Pasión” con el “Miserere mei Deus” de Allegri o el “O vos omnes” de Casals en la Holy Family Church.

Pero esa hiperactividad de la que difícilmente queremos escapar contagia sin excepción a propios y extraños que acudimos a la Ciudad con el firme propósito de ver materializados los sueños largamente acumulados.



Así la estancia en la Ciudad se convierte indistintamente en una Película a veces de Acción, a veces Romántica, otras de Aventuras, cuyo argumento vamos hilvanando de principio a fin y cuyo desenlace incierto nos viene como un valor añadido que nunca nos deja indiferentes, pero siendo siempre un extraordinario documental donde la cultura, la moda y el arte lideran las preferencias de los ávidos consumidores de nuevas sensaciones.
Las Galerías de Arte Alternativo del West Village, las tiendas de Moda, Mobiliario o Iluminación de vanguardia del SOHO tienen el máximo exponente en el recientemente inaugurado New Museum of Contemporary Art en el vecino Nolita, sin olvidar la gran vaca sagrada de lo alternativo y transgresor que es la Bienal en el Whitney Museum of American Art, edificio de Marcel Breuer e icono de hormigón de la Madison Avenue, así como el sugerente y sutil The Naguchi Museum con su jardín de esculturas en Queens.

Manhattan es casi una Isla cuyo perímetro está dibujado por interminables puertos, de esta forma el estuario marino que forma el río Hudson es una presencia constante en la vida de los habitantes de la Gran Manzana. Una de las mejores participaciones de esta presencia marítima es volar por encima de ella sin dejar de pisar tierra firme el paseo caminando de Sur a Norte por el Puente de Brooklyn, dejando atrás el elegante y cinematográfico barrio de Brooklyin Heights y visionando paso a paso sobre las traviesas de madera de teka y a través de sus 1.000 metros de longitud las espectaculares panorámicas de la ciudad.



La cultura en New York tiene muchas caras, disfrazarse y disfrutar con algunas de ellas supone un recorrido inevitable por la música y los musicales, recorrido que tiene infinitos contenidos.
...Suenan los primeros acordes de la “overtura” de La Traviata, el Metropolitan Opera es una perfecta caja de resonancia, la batuta de Marco Armiliato marca el compás en el interior de nuestro corazón y con los ojos cerrados la seguimos, dejándonos llevar ante una de las mas hermosas piezas líricas verdianas, el resto de la ópera se sucede como un suspiro, todo ello arropado por la escenografía del siempre excedido y barroco Zeffirelli.
En el Daryl Roth Theatre, antes de poder pensar, sientes el riesgo emocional, visceral, se rompen todas las barreras de comunicación convencionales y se participa de una secuencial serie de colisiones rítmicas y musicales, una fiesta para los sentidos, (..pagana?)
una fiesta constante de ingravidad, la Obra de Diqui James “Fuerza Bruta” te estalla en todo el cuerpo en transito permanente en una ceremonia socio-cultural sin precedentes.



14 de marzo de 2008

Un dúo de entonces


La primera chica de la que me enamoré, se llamaba Blanca, apareció un día en el barrio y de pronto, se tambalearon las inocentes relaciones que hasta ese momento todos los niños y niñas del vecindario soñábamos como definitivas, acababa de llegar un ángel y como si de la propia Marisol se tratara, cautivó a propios y extraños.
Su familia se instaló en un bajo, a la vez comercio y vivienda situado justo en la esquina de la Av. Gaspar Aguilar con la calle Agustina de Aragón, y estableció en lo que había sido hasta entonces un viejo ultramarinos, una moderna tienda de comestibles, dejamos de comprar queso y mortadela envueltos en papel de estraza, el aceite ya no lo obteníamos en cualquier recipiente medido en un aparatoso artilugio de cristal y con la aparición de los primeros refrigeradores dejamos de comprar el hielo en barras, pero cualquier excusa era buena para dejarse ver por la tienda-casa de los Sres. de Luna.

Blanquita, como le llamaba su familia era curiosamente muy morena y con unos grandes y hermosos ojos negros,
solía salir a pasear únicamente los Domingos y lo hacía acompañada de una amiga menos agraciada que ella, la persecución de la chiquillería masculina era por tanto despiadada y unidireccional, era agotador esperar durante toda la semana y centrar todos los esfuerzos y recursos conquistadores en las pocas horas de una tarde de Domingo que además, para todos los efectos, inevitablemente acababa siempre poco antes de esconderse el Sol.


Desde el principio me pareció percibir cierta predilección, que se manifestaba sobre todo en la elección de pareja en los juegos compartidos y en los intercambios de las miradas, sin embargo, donde yo más cómodo y seguro me encontraba era cuando coincidíamos en nuestros gustos musicales, teníamos preferencias comunes por algunos cantantes o grupos del momento.
Nos gustaban los “Blue Diamonds”, “Connie Francis” o “Paul Anka” pero seguíamos con exagerada ilusión las canciones del “Dúo Dinámico”, hasta memorizarlas de principio a fin.

Mi único acceso a la música, era a través de los programas musicales que emitían las pocas emisoras de radio que en ese momento existían, La Voz de Levante (Emisora del Movimiento), Radio Valencia o Radio Popular eran algunas de ellas, y en esta última, el incombustible Enrique Gines nos ponía al corriente de los últimos temas que llegaban al mercado nacional. A través de su programa diario “Discomoder”, podíamos conocer los últimos éxitos del Dúo Dinámico, que él repetía día tras día hasta la saciedad.

Manolo y Ramón nos abrumaban con sus canciones, las ediciones de sus “singles” se sucedían con una inmediatez asombrosa y a la vez gratificante, pues nuestra avidez por descubrirles nuevas canciones no tenía límite.
En aquel momento y de no ser por curiosear en los créditos de los discos, todos los temas nos parecían suyos, ya que las versiones originales nos llegaban meses mas tarde de que las hubieran hecho famosas los versioneros locales de turno, pero lo cierto es que el Dúo Dinámico, combinaba composiciones propias con versiones que personalizaba con mucho acierto.

Siempre he recordado con una extraña precisión, las letras de aquellas canciones que el inefable Dúo, componía o versioneaba con tanta regularidad, “Oh Carol, Amor de verano, Esos ojitos negros, Poseía en movimiento, Somos jóvenes, Balada gitana o la grandilocuente Perdóname” no son sino una pequeña referencia de los innumerables títulos que acompañaron nuestros enamoramientos en aquellos primeros años de la década de los sesenta.