19 de septiembre de 2009

La maté, porque era mía.

Calixto Bieito, estrenó en 1999 en el Festival de Peralada, en coproducción con la Ópera Zuid de Maastrich su particular visión de la ópera Carmen de Bizet, ambientada en Ceuta en los años 70, un montaje que desde entonces, no ha vuelto a verse en España hasta el pasado Julio que lo presentó en el Teatro Auditorio de San Lorenzo del Escorial.
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Según palabras del propio Bieito, insiste en que la obra de Bizet está al día y totalmente vigente. “Quizás, si acaso, haya que incidir más en el asunto de la violencia de género, mostrando un asesinato más salvaje y tal vez hoy, la ambientaría en el metro de Moscú o en San Petersburgo, donde existe un cruce de ideologías muy grande", apostilló.
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Otro elemento esencial de esta propuesta la explicó Calixto Bieito con una frase: "la maté porque era mía", muy presente en la obra y que al director le hizo pensar inmediatamente en la "violencia de género", representada en la figura de Don José, "un personaje obsesionado por sus frustraciones y su violencia mal canalizada".
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Al hilo de esta frase, y en su contexto preciso, nos planteamos los avances conseguidos por la mujer desde el punto de vista jurídico, económico o sexual, que aunque puedan parecer bastantes, sin embargo, no son suficientes y se dan en un entorno social de atraso de mentalidades de muchos hombres que siguen con la idea de que tienen un derecho de propiedad sobre la mujer.
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Lo que hace años, muchos años nos hacía gracia como estribillo musical, hoy es una realidad que se constituye como la principal causa de muerte entre las mujeres españolas en el tramo de edad de los 14 a los 45 años. Es cierto que la Sociedad reprocha este tipo de violencia, hasta hace bien poco limitada al ámbito familiar, y desde donde se pueden dar las pautas para acabar con ella, pero parece imprescindible contar con la complicidad de los medios de comunicación que deben ser una plataforma y una tribuna que sirva para concienciar a las mujeres de los mecanismos que existen para luchar contra la violencia de género.
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La violencia machista es una violación de los derechos humanos, un atentado a la dignidad de la mujer y un problema social, es cierto que existe un patrón discriminatorio que sitúa a las mujeres en una subordinación a los hombres y que éste se siente con capacidad de controlar y de ejercer un poder de decisión sobre la mujer que merma toda su libertad y capacidad de autonomía, con lo que conlleva de indignidad. Los malos tratos se dan en todo ámbito social y los agresores que nunca tienen justificación, deberían someterse por su actuación delictiva a una respuesta contundente y punitiva.
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Aunque la interpretación tradicional sería que es una violencia natural, ese es el patrón que hay que desmontar porque es una interpretación patriarcal.
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Y todo esto a que viene, hoy de nuevo y una vez mas, el cadáver de una mujer ha sido encontrado en el interior de su portal, cerca de mi casa, con signos de violencia. Se desconocen los detalles, pero que más da, seguro que si le preguntan al asesino agresor diría: “La maté porqué era mía, la mate por que la amaba
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Foto de entrada: Ibán Ramón
Fuente de consulta: Ameco Expres y Encarna Orozco

13 de septiembre de 2009

Sorolla, arrasa en Madrid.

Estaba cantado, después del éxito sin precedentes que obtuvo en Valencia, la exposición de la obra que Sorolla pintó para la biblioteca de The Hispanic Society of America de Nueva York, de nuevo en Madrid, a superado todas las expectativas.
Una semana más de prorroga no ha sido suficiente para cubrir la demanda de entradas que en todo momento y desde su inicio el pasado 26 de mayo han estado prácticamente agotadas en sus respectivos plazos, así pues hoy domingo, D. Joaquín recoge sus bártulos y regresa a su sede en Manhattan, no sin antes regalarnos de nuevo a los Valencianos una propina de esa misma obra, mas algún extra, de nuevo en el centro Cultural Bancaja (quizás, del 12/9 al 12/10)

Sorolla, no ha estado de visita en Madrid, ni siquiera de “alquilado” en el Prado, D. Joaquín tiene casa en la Capital del Reino, su obra y sus esencias domesticas y artísticas están presentes en ella, desde que en el año 1.911 el arquitecto Enrique de Repullés construyera un edificio con la colaboración del propio Sorolla, para que éste utilizase con independencia como vivienda familiar y estudio de trabajo.

En el Paseo General Martínez Campos, 37 del barrio de Almagro, se encuentra la Casa-Museo Sorolla, legada en testamento de su viuda Clotilde en el año 1.925 al Estado Español, ampliada más tarde con la obra propiedad de su hijo Joaquín que fue su director hasta su muerte en el año 1.948.




La Casa Museo, en mi opinión es más Museo que Casa, ya que no se muestran ninguna de las dependencias privadas de la familia, y la enorme cocina con su Office que ocupa toda la planta sótano, está vacia de cualquier mobiliario o enseres que den una idea aproximada de cómo era esa estancia en una casa burguesa de la época, tan sólo cubierta en sus paredes por las muchas colecciones de cerámica que el pintor tenía de diferentes zonas de España.

En la planta principal están los tres estudios encadenados que eran los espacios de trabajo y exposición, en los que rebosa tanto parte de su obra como biografías e introducciones a su pintura con repetidas escenas de playa, tema que en su vida fue tan constante y representativo.

La planta segunda, lugar habitual de trabajo, se exhiben numerosos retratos, vistas de jardines y su famoso “Paseo a orillas del Mar” con su mujer y su hija caminando por la playa al suave ritmo de la brisa del Mediterráneo que mueve caprichosamente telas, pamelas y sombrillas.

En el exterior, los diferentes jardines con sus respectivas fuentes nos acercan a una lectura sencilla de los reales Alcázares de Sevilla o los del Generalife de Granada, con esculturas que se elevan al cielo sobre altas columnas que hoy se quedan empequeñecidas por la proximidad de los edificios colindantes.

En cualquier caso el ambiente de la Vivienda se conserva intacto y algunos de los muebles que ocupan sus puestos de antaño, se observan detenidamente con cariño y curiosidad, especialmente la cama turca con dosel en la que el pintor descansaba instantes en los que desde la distancia observaba el desarrollo de su trabajo.

Como curiosidad transcribo literalmente parte del manuscrito en el que detallaba las condiciones económicas del contrato con The Hispanic Society of America de Nueva York y que se conserva en una de las salas:

“..El precio de esta obra será, cuando se entregue en New York, de ciento cincuenta mil dollars, los gastos de portes y aduana corren a cargo de The Hispanic Society of America. Si yo muriera, antes de completar la obra, la Hispanic Society of America adquiriría lo realizado, pagando un precio proporcional a la cantidad fijada. Joaquín Sorolla Bastida”

6 de septiembre de 2009

Hoy, pinto.

Hoy no puedo escribir, hoy tengo que pintar.

Mi periplo, comienza a las 9 de la mañana de hoy sábado.
Hago cola en la puerta del Centro Comercial, la tienda de pinturas está a punto de abrir, intuyo que somos más de uno los que hemos decidido terminar las vacaciones con el repaso de ese paño de pared que ya amarillea en una parte del Salón.

En el “su turno” me toca el 7, pánico me dan las largas listas que exhiben los colegas que están delante de mí, mientras tanto repaso el contenido de mi escueto pedido, no quiero olvidarme de nada, en casa se han reído cuando he sentenciado:

-eso, lo pinto yo en un santiamén, ¡y sin ensuciar! ...haber, con una brocha y pintura en cantidad tengo más que suficiente.

-¡¡El Siete!!
-Yo, ...Buenos días, verá, quería pintar unas paredes de mi casa, aproximadamente unos 40 m2.
-De que color?
-Blanca, pero no ese blanco inmaculado que parece leche, algo más sufrido, creo que se llama blanco roto.
-Mire, le sacaré una carta de colores y me elige Ud. y le anticipo que los colores de mezcla llevan un recargo, vale?
-Vale.
-Algo más, el señor?
-Si, un rodillo de esos de palo largo, es la primera vez que pinto en casa ¿Que me aconseja UD?
-Aconsejar, aconsejar, este de fibra sintética le irá bien, pero no será suficiente, deberá llevarse también una brocha para recortar las esquinas y un pincel mas pequeño por si tiene que aproximarse a las placas de la luz.
Algo de masilla, una bolsa de medio kilo será suficiente.
Lija, le aconsejo de dos medidas diferentes, una normal y otra con alfombrilla para lo fino.
La cubeta para mojar el rodillo, no pretenderá meterlo directamente en el bote, pues no le cabría.
Cinta de papel, habrá previsto proteger los zócalos y molduras de las puertas, ¿no?
-Bueno, yo, si, si claro, cinta y lo que haga falta.
-Ya puestos, le hará falta una paletina para poner la masilla, de acero mejor y así la puede utilizar más veces.
Unos guantes de goma, no sabe como se ponen las manos de pintura,
Una careta de protección y esta gorra de Procolor, que es obsequio de la Casa.

La cara de idiota me iba aumentando hasta límites que me parecían insoportables, la cola detrás de mí se multiplicaba y no podía evitar la ironía del amable vendedor y mi rubor por el total desconocimiento del medio.

-Veamos, la pintura, ...blanco roto me ha dicho, ¿no? Le aconsejo esta, es una cosa intermedia entre el blanco y arena, le da un tono así como café con leche, ¿qué dice?
-La verdad, prefiero más que de en tonos grises.
-Ah, entonces la B-148, esta la ponemos mucho. Satinada le quedará mejor y ecológica, que todos tenemos que poner nuestro granito...
-Si
-40 m2. me ha dicho? Yo, le pondría 1 bote de 10 kilos y si le sobra algo, la puede guardar para retoques el día de mañana, ¿qué le parece?
-Bien (que quería que me pareciese, estaba loco por salir de allí)

Cargo las bolsas y el bote en el portamaletas y en contra de lo previsto me dirijo rápida e inexcusablemente a la playa, creo que lo de pintar lo dejaré para mañana..
Foto de Tortuguilla

3 de septiembre de 2009

Héroes de cabecera. (XI) Giuseppe Verdi


¿Quien, no escucha la palabra “VERDI” e instintivamente le viene a la cabeza un sinfín de melodías conocidas? clásicos de la Lírica que desde hace años forman parte del repertorio popular.

Mi vecina del quinto (que entre nosotros, es una fresca) entona con cierta gracia las estrofas de “La Donna e Mobile” de Rigoletto, que repite incansablemente hasta acabar con la colada del fin de semana, en mi familia no hay Nochevieja en la que no acompañemos el Final de Año con las primeras notas (no sabemos más) de “El Brindis” de la Traviata y en la tertulia gastronómica de mi amigo Ramón no dan por concluida una comida sin arrastrar con la boca esponjosa los acordes del primero al último del “Va Pensiero” de Nabucco.

Tanto calor y popularidad parecen imposible que puedan emanar de este hombre pequeño, áspero, con el rostro frío, de mirada incisiva, nariz aguileña y canosa barba.
Así, es como lo recuerdo en un busto de mármol que comparte junto a otros genios de la Opera en el foyer de L’Scala de Milán.

Nació en una familia pobre, y en un pueblo pobre, Roncole, ducado de Parma, (curiosamente, francés en ese momento)
Su inquietud encontró apoyo y mecenazgo en un rico patrón de Busseto, pueblo cercano que frecuentaba para estudiar música, y que costeó su educación en Milán. Como en las películas de reír se casó con la hija del adinerado mentor y como en las películas de llorar, al poco tiempo fallecieron sus mujer y sus dos hijos.

Verdi no componía para la elite musical, sino que lo hacía para el populacho, cuyo principal entretenimiento era la ópera. Buscó temas que fueran originales, interesantes y pasionales, sobre todo pasionales. En plena madurez, sus trabajos son serios con finales infelices y trágicos, en la mayoría de ellos se mezclan sentimientos extremos de odio, amor, celos y miedo, subrayando con su poderosa música estas dramáticas situaciones.

Era un ardiente nacionalista que se manifestaba por una Italia libre y unida, y vió en su música un instrumento más, un símbolo de los italianos oprimidos. Con 28 años, compuso Nabucco, su tercera ópera, consiguiendo un éxito sorprendente y a partir de ese momento sus óperas se volvieron un símbolo de la independencia italiana.

Una década después, presentó dos de sus mejores obras, Rigoletto y La Traviata, con las que enamoró al público, al tiempo que escandalizaba a la crítica formal, que le censuraron su frivolidad para incorporar en libreto y partitura situaciones de violación, suicidio y amor libre. Pero Verdi, era independiente y consecuente con sus convicciones y así vivió con que la sería su segunda esposa durante diez años antes de casarse con ella.

Aquel, al que el conservatorio de Milán un día cerró las puertas, fue diputado electo en el primer parlamento de la Nación, relacionando de esta forma sus primeros éxitos, con la situación política que se vivía en Italia. Aparte de su calidad artística, sus óperas servían además para exaltar el carácter nacionalista del pueblo italiano. Quizás, por esta razón el coro de los esclavos de la ópera Nabucco, es uno de los más conocidos de Italia. Milán, esta vez si, le abrió las puertas de par en par.



Hoy, Verdi, sigue llenando los Teatros de Opera de todo el Mundo y conmoviendo los corazones con los grandes temas del espíritu y el amor y una música tan bella que se queda, obstinada dentro de nosotros, dispuesta para recordarla en cualquier momento. Salimos tarareando “La donna é mobile” o con el alma conmovida por el dueto entre Rigoletto y Gilda.

Y pensar, que en la soledad de su pensión en Milán, cansado y decepcionado a punto de abandonar, arrojó el manuscrito que llevaba entre las manos en un ademán violento y al caer al suelo, éste se abrió descubriendo una página, y sus ojos comenzaron a leer esta estrofa: Va, pensiero, sull'ali dorate (Ve, vuela, pensamiento, sobre las alas doradas). Siguió leyendo, conmovido, fragmento tras fragmento hasta aprendérselo de memoria

El 24 de enero de 1901, las calles adyacentes al Gran Hotel de Milán fueron alfombradas con paja de trigo para que los traqueteos de los carruajes de caballos no molestaran al huésped que agonizaba en el segundo piso a causa de un derrame cerebral. Y cuando, tres días después, se supo de su muerte, los balcones de la ciudad se cubrieron de banderas enlutadas, los teatros cerraron en señal de duelo y una multitud se aglomeró en el entierro del hombre cuya música había inspirado el resurgimiento y la unificación de Italia.