23 de mayo de 2010

Héroes de cabecera. Dulce Pontes (XVI)



La Gala de los premios Micrófono de Oro 2.010, que entrega la Federación de Asociaciones de Radio y Televisión, es sólo una excusa para hacer un hueco a Dulce Pontes en mi serie de Héroes de Cabecera, premio que recibió el pasado Sábado 15 de Mayo y que compartió con otros cantantes como José Mercé, Sole Gimenez o Pasión Vega. Al margen de la importancia del galardón, que aunque en otras ocasiones lo han recibido Serrat, Sabina o Estrella Morente, a mi me parece un refrito de despropósitos, sin más trascendencia que la de mantener con vida la iniciativa del veterano periodista Luis del Olmo, creador de este variopinto e indeleble certamen. Sirva el dato, que es la primera vez que se premia a un personaje extranjero, años después de que protagonizara junto a José Carreras la apertura oficial de la elección de las Nuevas 7 Maravillas del Mundo con su tema "One World", para la mayor emisión televisiva de la historia y de que Dulce recibiera en 2004 el premio Amigo por su colaboración con Ennio Morricone en el disco Focus.
Dulce Pontes, quería ser bailarina, pero en la escuela de danza pensaron que era demasiado mayor para iniciar una gran carrera.
Durante algunos años puso su voz al servicio de la publicidad, siendo el aporte musical a innumerables anuncios. En el año 1.991 ganó el Festival Nacional de la Canción de su país, lo que le permitió que ese mismo año, representara a Portugal en el Festival de Eurovisión, fue la primera vez que Europa quedó prendada con la cantante de Montijo.
Desde ese momento su voz y su personalidad no conocen fronteras, siempre en busca de su propia identidad, se sumerge en las raíces de la música portuguesa, actualizando un herencia tribal, que empezaba a considerarse como algo trasnochado.
Dulce, trabaja sus temas de forma meticulosa y elaborada. En el escenario es cautivadora y espiritual, con un repertorio variado e innovador. Su voz y su forma de interpretar constituyen un género propio, un estilo que es una combinación de música y movimiento, que la hacen única e inconfundible.


19 de mayo de 2010

Este jueves, relato. Historias alrededor de una taza de café.



Infidelidades, alrededor de una taza de café

-...Por favor, un descafeinado con leche entera, ¡Ah! de máquina y con azúcar moreno, muy caliente, y ya puestos... si es tan amable, en taza de porcelana.-

Tomás, que para las comandas de los cafés no solía tener problemas de memoria, necesitó hacer un esfuerzo, mientras ponía en funcionamiento su Gaggia, recordando y repitiendo en voz baja el pedido de este nuevo cliente.
Con precisión prusiana, sirvió el pedido, que acompañó con unas dulces y variadas galletitas de trigo.

Elena recién instalada en el barrio, le agradeció el detalle, comentándole lo difícil que a veces, le resultaba darse a entender y con el desinterés con el que también a veces, equivocaban alguna parte de su solicitud, obligándole a reclamar, hasta que su desayuno estaba tal y como a ella le gusta.

Tomás se acostumbró a la presencia de Elena. Cada mañana, en los “Buenos días”, compartían un gesto cómplice, que él acompañaba con un: -¿lo de siempre, Elena?-

Ella, estiraba el tiempo de su desayuno, disfrutando cada sorbo y cada bocado, haciéndolo coincidir con los escasos minutos en los que Tomás se desenganchaba de su cafetera, para compartir con ella su segundo café de la mañana.
El café rápido de él y el descafeinado pausado de ella, celebraron estos deseados encuentros en la barra, en un diálogo fluido y amistoso.

Los sentimientos que dan paso a la pasión, se mantenían vivos cada mañana alrededor de ese juego, presidido por aromáticas y cremosas espumas.
Tomás y Elena veían crecer los jolgorios en sus corazones. Y las coincidencias, provocadas, alimentaban leves pecados de pensamiento.

Era difícil asumirlo por indirecto, pero eran conscientes de sus respectivas secretas infidelidades, y disfrutaban complacidos el echo de que la comunicación y el deseo entre dos personas que comparten íntimamente un café, es a veces más placentera que la que se produce regularmente en la cama.


En esta ocasión el sexo, tenía sabor a expreso de Colombia y a galletitas recién horneadas.


Más historias de el "Gus's Coffee"

15 de mayo de 2010

Lola Calzada, en Galeria 9


Lola Calzada "Los lugares lentos"

Hasta el 5 de Junio, Lola Calzada expone su obra en la Galería 9 de Valencia.

Citando a Fernando Castro Flores en la introducción que hace en el catálogo de la Exposición, éste incide en la intensa poética de la composición, la veladura y el plegamiento icónico, como fundamento que genera ilimitadas interpretaciones en la obra de Lola Calzada.

En los lugares lentos, dice Lola: “Las composiciones carecen de horizonte, el marco vegetal funciona como fondo y envoltorio”.

Las imágenes y los textos, se reubican como siluetas tangenciales y reposan en un entorno común y fantástico, en el que nos buscamos y nos encontramos y en el que una vez acomodados nos cuesta dejar.



10 de mayo de 2010

Bendita locura


Era un fin de semana, de esos que ves llegar y lo paladeas. Todo un Sábado y Domingo para el sólo.
Unas últimas concesiones en la primera hora de la mañana, que le justifican el traje de chaqueta y a continuación, desenfado, pereza, gastronomía y sexualidad.

El mundo se paraliza durante 48 horas y se engaña todo este tiempo repitiéndose conceptos bíblicos como los de que: “Hoy puede ser un buen día y mañana Dios proveerá.”

Mientras tanto emborrona un guión: un buen libro, una buena película, una buena siesta, un buen “polvo” y recuperarse con un delicioso cogote de merluza, bañando en hielo un acidoso brut nature, que seguro acaba con él.

El mundo y sus vecinos dejan de existir, no hay nada, ni nadie más en mil kilómetros a la redonda, es el único dueño de sus entorno y de su tiempo, y se lo regala con el desorden y desconcierto que le apetece.

En la tarde se alimenta de recuerdos, ...son importantes los recuerdos, no estaban en el guión, pero son su vida, la suya y la de otros que pasaron por ella dejando más o menos tiras de su piel.
Esa complicidad con el pasado le revela una dimensión desconocida con su intimidad, no sabría como llamarla, pero le hace bien, cumplimenta sus horas hasta que le sorprende la madrugada escaneando fotos de su adolescencia.

Cena y duerme en silencio, olvida su nombre intentando rememorar que tipo de persona había sido, en sueños hace esquemas, hipotéticos historiales sentimentales intentando recuperar una imagen que le convenciera, era sólo un sueño, no importa lo que saliera, pero no encontró noticias sobre si mismo.

Está solo, pero feliz... (creo). El libro y la película le han salido gratis, el cogote y el “polvo” le han subido un pico, pero han valido la pena, sobre todo el cogote. Todo es cuestión de saberse administrar.

Desayuno y crucigramas para la mañana del Domingo, como buen anfitrión se ofrece doble ración de tostadas con mantequilla y mermelada. De nuevo, se deja llevar, pero nunca tendrá la sensación de haber hablado demasiado consigo mismo, siempre ocurre en esta época del año, se siente único, se busca y rara vez se encuentra.

La tarde es placentera, cómoda e intrigante, pues al final descubre que las últimas horas de este día no existen, un fundido en blanco y negro le engancha con la realidad del día siguiente, menos mal que Matilde, Matildín, Eva, Carlitos, la tita Isabel, los gemelos y la abuela Josefa, regresan mañana de sus cortas vacaciones en el pueblo.

Pintura de Equipo Crónica, fotografiada por Paco Alberola

5 de mayo de 2010

Este Jueves, relato. El Regreso


Corría el año 2.410.
Nada de lo que nos rodeaba era humano, nos desplazábamos auto trasportándonos, desintegrando nuestra propia materia, flotando milésimas de segundo en un aire denso y maloliente.
Desestimábamos cualquier trasto inútil construido por el hombre siglos atrás, que alejábamos adocenados en grandes almacenes espaciales, clasificados y codificados por una larga combinación de números y letras. No recuerdo que son las letras ni para que sirven. Hoy, todo lo que necesitamos saber se nos inocula mediante bacterias micro-siliconoides.

He oído decir, que en cosmópolis próximas a los almacenes residuales, en las noches de rojo ocaso se oyen voces que recitan, narran, cuentas historias de desconocidos antepasados que utilizaban útiles líquidos de tres dimensiones para grabar su presente, y que al secar se convertía en pasado, les llamaban, cartas, libros, diarios y cosas así.

Quizás sea culpa del Mega Invierno, con sus días cortos, oscuros y fríos, en los que las horas para la reflexión menguan y pasamos de un tema a otro sin la suficiente cocción, pero desde que esas voces nos acompañan en la noche de la curiosidad, la sombra de un serie B, parece más real que nunca, no es la sombra de su orgánico cuerpo, sino la que proyecta a través de su mente-memoria contagiándonos de esa ilusión prohibida.

Hablan de emociones y sensibilidades que no entendemos, pero que nos gustaría experimentar, me pregunto si ya habrá alguno entre nosotros. Cerremos los ojos y oigamos al viento.
Nuevas viejas palabras, labrarán surcos en nuestro Giga Box y que una vez procesadas definiremos como Dramas, Comedias, Tragedias, Ensayos, Poemas...
Entonces, será una señal inequívoca de que...
el escritor, ¡HA REGRESADO!


Otros regresos en casa de Gustavo

2 de mayo de 2010

La última Traviata


Hace casi treinta años, en una víspera de Reyes, mi madre me dijo: "Alfredo, como eres tan raro para la música, este año no te voy a comprar nada, yo te doy el dinero y tú te compras lo que quieras"
Me compré mi primera ópera.
Evidentemente aquella también fue mi primera Traviata, tres discos de vinilo editados por Decca Record con Sutherland, Pavarotti y Manuguerra.

La Traviata, También fue la primera representación que vi, en Diciembre de 1.990, en el Teatro Principal de Valencia. dirigida por Manuel Galduf y Nuria Expert,
Quiero decir con todo esto que La Traviata es mi ópera preferida y muy mal, muy mal tiene que estar para que se me indigeste.

La representación del pasado martes en el Palau de les Arts de Valencia de la que ya otros (Atticus o Titus) han hablado más y mejor, sólo presentaba un cambio respecto a las anteriores, el tenor Francesco Demuro sustituía a Vittorio Grigolo, por lo demás subrayo cualquiera de estas críticas, que bien valdrían para esta ocasión.

Parece ser que el toscano Grigolo no estuvo a la altura de las circunstancias, a pesar de ser un rol que domina a la perfección y que repite cada año tres o cuatro veces en los mejores teatros del mundo, y al que han llegado a llamar cariñosamente “Il Pavarottino”
Evidentemente, yo lo hubiera preferido, pues no he padecido antes un tenor más perdido que Demuro, perdido y amanerado en el escenario, perdido con la voz, incluso perdido en el traje (supongo que Grigolo, viste una talla más) creo que Maazel relentizó en más de una ocasión a la orquesta para no perder al tenor por el camino, el resto con muy buena voluntad resulto muy entrañable.

Verdi fue un compositor muy generoso con los barítonos (véase Rigoletto o Falfast entre otras) les regaló pasajes tan magníficos como este segundo acto de la Traviata, sin embargo llevados por una solemnidad mal entendida, algunos cantantes paralizan el personaje y se convierten en estatuas, temerosos de volverse sal en un giro o un movimiento que acompañe el drama, haciéndolo un poco más creíble.

Como también, Verdi, compuso uno de los más bellos y difíciles roles de soprano, pasando de la ágiles coloraturas del primer acto a la calidez y dramatismo de los segundo y tercero, que la rusa Gerzmava resolvió correctamente.

“La Traviata de los Espejos” como se conoce a esta producción italiana, es espectacular pero algo fallida, pues la efectividad de su diseño reside en la reflexión que de la base del escenario se hace en el paramento inclinado totalmente forrado de espejos. Algunas escenas resultan impactantes pero otras en cambio, increíbles y molestas.
Excepto la del último acto, que abre el escenario con una de las más coherentes, bellas e íntimas que recuerdo y que te convierte el sueño en pesadilla cuando al recuperar el paramento inclinado los 90 grados, refleja de lleno el patio de butacas (espectadores incluidos) al tiempo que este se ilumina, produciéndose una desconcertante carrera por encontrar a Wally entre las caras reflejadas.
Automáticamente te desconectas del drama, de la intimidad, de la música, de la obra, y no te levantas y te vas, porque sabes que Violeta todavía no ha muerto y no quieres perderte el glorioso final que nos tiene reservado el maestro Maazel.

La última de abono, que a pesar de esta Traviata, esta siendo una temporada inolvidable.