29 de noviembre de 2010

Francis Bacon. Hymn nº 4


El pintor de la carne y el dolor, huraño, bebedor y pendenciero. Con una vida plagada de leyendas más o menos escabrosas. Las imágenes fueron captadas en Londres unos meses antes de que el artista muriera en Madrid, en 1992. Todos los negativos habían quedado guardados en un cajón, por pudor. En esa sesión los dos habían hablado mucho de la muerte.

Dublín 28/10/1909 - Madrid 28/04/1992


27 de noviembre de 2010

Ernest Lluch


Eran las 10 de la mañana, Iñaki Gabilondo dirigía el programa con más audiencia de la radiodifusión española, “Hoy por Hoy” de la cadena SER. Dolorosamente emocionado hizo una pausa para rendir un especial homenaje a su amigo Ernest Lluch y presentó la que según él, era el aria favorita del catedrático catalán.
O mio babbino caro (Gianni Schicchi), sonó llenando el más absoluto de los silencios y la canción de Lauretta quedó unida para siempre a la memoria de Ernest Lluch.
Esta semana se han cumplido 10 años de su asesinato a manos de ETA.

Fue un intelectual valorado, un político respetado, escritor comunicador, profesor, parlamentario, ministro socialista, rector de universidad y hombre extraordinariamente sencillo.

La Plaza del Diamante, le recuerda con cariño mientras escuchamos la música de Puccini.




24 de noviembre de 2010

Este Jueves, Relato. Las partes traseras


La he visto de lejos y he acelerado el paso hasta quedar detrás de ella, a tan sólo unos centímetros del perfume de su pelo.
Acomodo mi andar al ritmo del suyo, su paseo es lento y a su espalda recibo en secuenciales giros de viento, el olor de su cuerpo.
Su largo cabello se extiende y se recoge, dejando al descubierto un cuello desnudo, y me sorprendo lanzando al aire besos imaginarios que se alojan en su blanca piel.
La espalda se dibuja suave, simétrica, marcando las vértebras en los puntos en los que presiona el sujetador, ese que desabrocho con la mirada, dejando sus hombros al descubierto, calientes y húmedos.
Se para y me paro, mis dedos se escapan en busca de su espalda que recorro a distancia de norte a sur, y el escalofrío... es mío.

De nuevo caminando, en un ligero movimiento de cadera su falda marca sus redondos glúteos, suaves, nidos de ternura y placer, deseos parcelados al alcance de los ojos.
No sé cuanto más soportaré mi prudencia, quizás un paseo más, como el de la visión de sus piernas, apetecibles en los bíceps y fibrosas en los gemelos, seductoras en toda su longitud. Sin embargo, mantengo la distancia y me deleito con el regalo de sus zapatos, negros y confiados, mirando hacia delante y dejándome para mi, sus tacones de aguja como un mensaje indescifrable.

La dejo marchar, me quedo con la renuncia y el deseo de lo imaginable, no quiero despertar a una realidad, cuando la imaginación es el único valor al alza. Y el sueño, es mío para siempre.
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Más culetes húmedos en la sauna de Gus

17 de noviembre de 2010

Este Jueves, Relato. Relaciones paternofiliales


Tengo 9 hijos.

Rubén es el mayor, se casó hace dos años, le veo poco, casi lo mismo que cuando estaba soltero, entonces al menos intercambiábamos algún “buenos días” al cruzarnos en el baño. Ahora en cambio, mi espuma y loción de afeitar, me duran una eternidad.

Oscar tiene 22, todo un carácter, como su madre, y como su madre goza del privilegio del descaro, ya no le valen mis viejas batallas y para las nuevas, tengo que ponerme al día... no sé si merece la pena.

Marta es la siguiente, vive con un poeta melenudo desde hace años, dice que no traerá a este asqueroso mundo ningún hijo, espero que no se le pase el arroz. Aunque yo creo que, es ese Bécquer de pacotilla el que no vale. Se cree única y original porque ha escrito un libro, como si no supiera que para mí, todos y cada uno mis hijos son un interminable libro de aventuras.

Julia y Pilar, llegaron a la vez, gemelas para todo, el mismo estilo, las mismas ambiciones, los mismos errores, el doble de satisfacciones y el doble de disgustos. Espero que al menos elijan diferente pareja.

Benjamín es el sexto, le llamamos así, convencidos de que después de él, no vendrían más. Ahora le llamamos Ben, para minimizar en lo posible el exceso de seguridad, claro que él no tiene la culpa y lleva mejor que nadie su condición de último equivocado.

Luisa, toma la comunión la próxima primavera, llevará el traje de Marta, el misal de Benjamín, la coronita de Pilar, (o de Julia, no recuerdo) y la cruz de su abuela, que seguiremos guardando, por si acaso.

El segundo de los inesperados fue Amadeo, al que sus hermanos llaman Amadeus por su obstinación en destrozar cualquier partitura que se le ponga por delante, creo que adelantaríamos mas cambiándole la flauta por un balón de fútbol.

Baby, es el último (de momento), aprende rápidamente, es un juguete para el resto y él lo sabe, se deja querer, todavía no pregunta, pero me temo que con él las respuestas van a ser más complicadas. Por si acaso estoy haciendo un cursillo de padre “Cool”.

Y por último Rufina, la que revalida con nota, una y otra vez. Madre de todos, que consigue poner al mismo nivel la satisfacción general con la individual, y la única que no terminará loca... no ha tenido tiempo!!


Con el fin de evitar malas interpretaciones, juro ante el Dios de los blogueros, que estas dos locas... son las dos únicas hijas que tengo
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Más historias de papas e hijos en la Guardería de Gus

13 de noviembre de 2010

Paseo por el Cafetal


Vivo en un octavo.
Cada mañana, el ascensor acude a mi planta con la precisión de un tren de alta velocidad. La puertas de acero, se abren hacia ambos lados invitándome a entrar a la primera sensación del día, un penetrante aroma a café recién hecho.

Se cierran las puertas y comienza una experiencia que se repite ultimamente. Oler planta por planta intentando adivinar en cual de ellas es más fuerte el olor a café, y así identificar su origen, ponerle cara a esas manos que tan sabiamente han mezclado, molido y filtrado, hasta conseguir ese cremoso exprés de tan exquisito aroma, e imaginado sabor.

El descenso es corto, no llega a un par de minutos y la carrera de olfatear se concentra al paso de los diferentes pisos.

Podría ser Carmen la del séptimo, se levanta temprano y a esas horas lleva a sus hijos al colegio, seguro que vuelve para apurar el resto de su cafetera.
Manuel el del sexto trabaja en casa, es informático, pero no me lo imagino trajinando en la cocina, es mas de bajar a la cafetería de enfrente y acompañarse de unas suculentas madalenas.
Desestimo a la pareja del quinto, ambos trabajan en Iberia y esta semana están en Egipto.
Susana, la joven viuda del cuarto, bien podría minimizar sus penas en un buen café, sus ojos tiernos y permanentemente húmedos, necesitan un buen estímulo para enfrentarse cada día a su recién estrenada soledad.

La intensidad del aroma, me despista, yo diría que se acentúa a capricho, que se depositó en la cabina del ascensor y viaja conmigo con aleatoria intensidad.

En el tercero casi siempre hace una parada, Ignacio, debe levantarse, ducharse, vestirse y salir a la misma hora que yo, de lo contrario no entiendo tanta coincidencia, él no puede ser el del café, pues también gesticula sorprendido ante el delicioso aroma.
María, sube en el segundo, todas las mañanas baja a pasear a su Dálmata, podría ser ella, Ignacio y yo nos miramos compartiendo un deseo oculto, por una mujer así, (y si además, es ella la del café) bien se podría perder la cabeza.
El primero no cuenta, a esas oficinas llegan más tarde y las señoras de la limpieza vienen desayunadas de casa.

Cada día, el misterio del excitante aroma del café, me hace pensar que ese, puede ser un buen día, y ya tendré tiempo más adelante para descubrirlo.

11 de noviembre de 2010

Este Jueves, Relato. Las Redes Sociales (Revisión)


El Sol entraba en su habitación dibujando los vacíos secuenciales de la persiana que, entreabierta, se obstinaba en asumir un rol que no le correspondía. Aleph dejó de prestar atención a esa sombra de claroscuros y con un leve giro de cabeza, intentó concentrar la atención en el fondo de su pantalla.
Este acto inconsciente, el de desconectar de lo cotidiano y conectarse a una realidad virtual, fue un reflejo mecánico ausente de memoria, casi como un atardecer, un momento de paso, sin dolor, sin felicidad, con total ausencia de datos.
Abducido por la pantalla, Aleph, imaginó una historia de ficción, sin nombres, ni apellidos, una emoción nacida y ubicada en este sistema de comunicación tan sofisticado que es la Red de Redes y en la que uno es un Dios, un animal, un dibujo animado, un ojo escondido en un fondo de pantalla o simplemente una silueta gris sobre fondo gris.
Y así, en este estado catatónico, le habló a la pantalla: “Mi nombre es I.P. 134.32.106.42”. Las máquinas no se equivocan y esta identidad es la única real que manifestó, no la pudo obviar, pues así le bautizó Telefónica del Mundo. El nombre de su blog, su contraseña, su perfil, su foto, sus libros, películas o música preferida, su edad, su signo zodiacal o el chino, son los que son, pero podrían ser otros bien diferentes, podría ser de izquierdas o derechas, casad@ o solter@, podría ser Hombre o Mujer. 
Al instante, alguien desde el fondo de la pantalla le contestó, era I.P. 23.127.89.33 y le dejó un comentario: “Mi nombre es Casiopea, llego a ti a través del blog de Andrómeda y veo que tenemos muchas coincidencias, me gusta lo que escribes, te seguiré leyendo, Besos”.
Para empezar no está mal, uno empieza desnudo y cuenta sus medias verdades con la intención de que como nadie las leerá, al final se las terminará por creer él mismo. El vacío bloguero es demasiado denso y evidente, uno frente a nada o casi nada, al menos al principio y, tiempo habrá de que las redes extiendan sus redes. Aleph, contestó: “Hola, Casiopea, gracias por tu visita, efectivamente tenemos muchas cosas en común (¿) será un placer sentir de nuevo tu presencia en este patio de recreo, a mí, también me gusta lo que escribes, Besos”.
I.P. 134.32.106.42 se pregunta, ¿Quién y Cómo será I.P. 23.127.89.33?. De repente te encuentras con alguien de rostro abstracto, pero de mensajes meditados, de rasgos inciertos y de narraciones fantásticas, tus neuronas se inquietan, buscas hilos con los que tejer un traje a la medida. Y nos emocionamos ante tanta imprecisión, una nueva locura, adoramos la pasión del viaje por los mares de la Odisea y que los cantos de sirena nos mezan con sus siseos cibernéticos. 
I.P.134.32.106.42 persevera e I.P. 23.127.89.33 le corresponde y ambos asisten en el más ruidoso de sus silencios a una comunicación que “in crescendo” toma forma de Amor indefinido. 
Pero, ¿qué sabe realmente I.P. 134.32.106.42 de I.P. 23.127.89.33 y viceversa?.

¿No es esta, una historia imposible que confirma la existencia del romanticismo, al menos en la Red de Redes?




5 de noviembre de 2010

El cuarto caballo, es Blanco


Si ella, no recuerda esta historia es normal, está muerta. No muerta de vivir, sino muerta de ser.

La última vez que miró a Luis le dijo: -no te preocupes, me tomé el antabus-, a lo que él respondió: -Eso, no es la solución, tan sólo es una herramienta más-.
Pero Paula, en un engañoso alarde de autosuficiencia, murmuró entre blasfemias, que aquello estaba controlado.

El pegajoso verano, con sus lentos y bochornosos días, la obligó a modificar sus pautas de comportamiento.
El día pasó a ser un largo sesteo, dedicado exclusivamente al descanso de un maltrecho cuerpo y a imaginar estímulos para un alma que cada vez le pertenecía menos.
La noche, la convirtió en un peligroso espectáculo. Bastardos de todo tipo, se daban cita en oscuros antros en medio de una vorágine de sexo, drogas y alcohol.

De madrugada, descompuesta, regresaba a casa sin intención alguna, simplemente arrastrada por una inercia intuitiva que la ponía en su cama sin que recordase detalles del camino recorrido.
Aquella noche, con la luna retirándose, Paula conoció la crudeza de una nueva paranoia, su presencia y el terror que la acompañaba.
Ebria de todo, giró la cabeza en busca de una simpleza que llevarse a la mente, pero la noche le respondió con un denso silencio. La sentía más próxima tal y como se acercaba a su casa, una sombra sin cuerpo, un ruido sin objeto, una proximidad impalpable.

El alcohol y la cocaína, le nublaban la razón y su ansiedad crecía por segundos. Era miedo a nada y a todo, miedo a ella y a la obstinación inconsciente, propia de tan traidora rutina. Pronto, si recordaba el camino estaría en su casa y el fantasma quedaría atrapado entre la humedad de su jardín.

Abrió la puerta al tercer intento y el viento se coló entre los pliegues de su falda, se oía a si misma andar, respirar, y se extrañaba, como si no fuera ella. Buscó un rincón en su habitación y sin desvestirse se protegió contra el estuco veneciano. Se sentía invadida, doblada por una forma traslúcida que repetía en centímetros su yo más lúcido, y multiplicaba por miles su imagen que giraba sin control en el techo de la alcoba.

Paula, no despertó aquella mañana, al menos para seguir siendo y si lo hizo, fue en el Infierno, sin despedirse de nadie, salvo de aquello que ella pensó que le seguía, pero que hacía tiempo anidaba en su cuerpo y que seguro será lo único que la acompañe para siempre.

Foto: Iban Ramón

1 de noviembre de 2010

Dalai Lama. Hymn nº3

Tenzin Gyatso, XIV Dalai Lama, esperaba audiencia con el papa Juan Pablo II, mientras el fotógrafo agotaba su tiempo para el reportaje, éste, angustiado se lo hizo notar. La respuesta del Dalai fue firme y humilde: "Ahora estoy con Ud. Cuando termine de atenderle, iré a ver al Papa y le pediré disculpas". En 1.989 recibió el Premio Nobel de la Paz.
 Taktser, El Tibet, 1935