24 de octubre de 2012

Este jueves, relato. COLORES




El negro siempre llega tarde, serio y circunspecto. Refunfuña y protesta hasta el aburrimiento.
   -esto, no puede ser, vaya mierda de tráfico-
Gesticula con los brazos al aire reproduciendo no se qué cosa sobre su coche y el de los demás.
Su primo pequeño, el gris perla, no le hace caso, sabe que no tiene razón, pero no se lo dice… mejor así.
   -vamos primo, tómate una copa y relájate-
Marrón, su tío, hace años que no coge el coche, ya es mayor y al jubilarse consiguió una tarjeta bus con la que cubre sus distancias, incluso aquellas otras que se regala cada día.
   -sobrino, si hicieras como yo, más barato te saldría y menos disgustos tendrías-
Pero negro,  obstinado y cabezón sigue en sus trece.
   -Mira, no he bajado y le dado un par de hostias porque Dios no ha querido-

El rosa que es mujer y madre, hace años que asumió la clase de energúmeno que es su hermano, especialmente cuando tiene que acudir contra su voluntad al cumpleaños  de la abuela.
   -Siempre la misma excusa,  para ir al partido del domingo, no te habría incomodado tanto el tráfico-
Verde y naranja  son los gemelos del Rosa y tampoco son santo de devoción de su tío el negro, pero en cambio son el ojito derecho de la abuela  Violeta.
   -Tío, nos dejas el coche... Bueno, bueno, tampoco es para ponerse así-
   -No me pongo de ninguna manera. En todo caso, ya venía así.-
   -Venga hijo, se un poco más condescendiente con los chicos.-

El amarillo, que también es mujer, lo vive todo en la distancia, sirve en casa del  Violeta, desde que vino del pueblo, a los 14 años. Conoce a la familia como nadie y sabe de sus virtudes y defectos, sólo espera que algún día venga el Azul y la libere para siempre.


17 de octubre de 2012

Este jueves, relato. Primeras lecturas






Este jueves, relato. “Mis primeras lecturas”

Son las cinco de la tarde, hora de toros y toreros. La terraza del madrileño Café Gijón es un hervidero de gente que deambula de un lado para otro en busca de una sombra en la que sentar su curiosidad.
Dentro, en una mesa del fondo, los Srs. Tagore, Hemingway y García Márquez despachan sus primeras contradicciones delante de un humeante café. El grupo todavía no está completo, faltan la Sra. Rodoreda y el Sr. Bach, que se les unen de inmediato.

El nombre de un lector común a todos ellos, lanzado al centro de sus ciberconsciencias, les había golpeado en plena memoria obligándoles a viajar en el tiempo, juntándoles alrededor de una mesa hecha de y para la literatura.

El primero en abordar el tema es Tagore.
-Lo recuerdo, era muy joven y fue un reto para él, perezoso en las primeras páginas, pero ávido y emocionado al final, especialmente en: “Me he sentado esta mañana, en mi balcón, para ver el mundo. Y él, caminante, se detiene un punto, me saluda y se va”-

Le siguió Hemingway.
-Me dio la sensación de que era un tomo demasiado pesado para él, pero al instante se identificó con Roberto, veo el reflejo de sus ojos en mis páginas y su excitada emoción: “Así, pues, se encontraron de nuevo, a una hora avanzada de la noche, de la última noche, dentro del saco de dormir. María estaba muy unida a él y Roberto podía sentir la suavidad de sus…”

García Márquez, tomó la palabra.
-Se impresionó en la primera frase, no me lo podía creer, cogió un lápiz y empezó a subrayar desde: “Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo”

Avanza la tarde, todos sin excepción escarban en su memoria, recordando a aquel joven que descubría en sus textos la gran aventura de la ficción literaria.

Doña Merçe, presume de ser la que más impresionó a Alfredo, en su Plaza… está uno de los párrafos que él recuerda con más fruición: 
“Volví al comedor, me senté delante de la mesa, y con la uña, me puse a sacar las migas de pan viejas que estaban metidas en una rendija muy grande”

-Curiosamente, (interviene Bach) mi texto fue el más corto y sencillo que leyó, casi un cuento de niños, sin embargo esta frase la repitió hasta desgastarla: “¿Es que los kilómetros pueden separarnos verdaderamente de los amigos? Si quieres estar con Rae, ¿no estás ya allí?”

Ya anochecido, dieron por terminado el encuentro, que con motivo tan curioso les había reunido durante unas horas alrededor de una mesa del madrileño Café Gijón.

Foto: Paco Alberola

10 de octubre de 2012

Este jueves, relato. El teléfono



Entre el teléfono y él, apenas había un suspiro; el justo para atenderlo con sólo alargar la mano.
Mientras esperaba, toda su subconsciencia pasaba por recordar cómo había sido aquel primer y único encuentro. Entre sombras adivinaba el color de la noche, el calor del lugar y especialmente, la recordaba a ella.

Lily estaba en el mostrador, mientras en el exterior la lluvia añadía agua al mar que tenían delante.

Asís se aproxima un poco más al teléfono como si esa acción fuera determinante para adelantar la llamada… sabía que no.

Él, por encima de diez brazos intentaba recuperar su copa sin conseguirlo. Ella le miró y adivinó su dificultad y su deseo. En los minutos siguientes resolvió su dificultad, pero no su deseo.

Perdido en aquella turbulenta noche de quieros mudos y quizás sonoros, recuerda un intercambio de números y una mirada cómplice acompañando un… Te llamaré.
Asís fundía con la mirada a aquel teléfono, esperando una llamada que tal vez no llegara  nunca.




6 de octubre de 2012

A fuego lento. Casa Terete. Haro


Casa Terete. Haro (La Rioja)

135 años después, la cuarta generación de los “Terete” mantiene viva la esencia de la cocina familiar que tan famosa les ha hecho. Asar corderos es un arte para esta familia de Haro.  El restaurante,  al que antes se accedía  a través de la carnicería ofrece una carne joven, tierna, asada en el horno de leña sin más secreto que una buena dosis de mucho cariño.


En mercado: (4 personas)
2 Cuartos de cordero lechal
Manteca de cerdo, Agua, Sal
Majado con:
3 Ajos
Una pizca de sal gorda
1 Poco de vinagre
En Cocina:
Untamos la piel con un poco de manteca y sazonamos, buscamos es que la piel se haga “costra”.
En cazuela de barro ovalada, añadimos un vaso grande de agua. Precalentamos previamente y al horno a 180º durante aproximadamente hora y media
A mitad del asado preparamos el majado de mortero, le damos la vuelta a la carne y hechamos un poco de caldo del propio asado en el mortero, removemos y lo repartimos por encima del cordero 
Al final, la carne ha de quedar tostada por fuera y muy jugosa por dentro, con la salsa en el fondo de la cazuela.