30 de abril de 2015

Este jueves, relato: "Tomarle el pulso a los Jueves"


Erase una semana que no tenía jueves. Todo era preguntar por qué, pero nadie sabía responder. Algún error en la impresión del calendario había dejado esa semana -únicamente esa- sin el día del medio. No me lo podía creer, una y otra vez los repasaba, perplejo, incrédulo, y sólo contaba seis. Del miércoles pasaba al viernes, dejando un sospechoso olor a vacío inexplicable, más propio de un mágico maleficio que de un error tipográfico.
El miércoles noche sonó la última campanada del reloj de pared que cantaba las horas y contaba los días, y la temida bienvenida al primer minuto del viernes no se hizo esperar. ¿Dónde estaba el jueves? ¿Cómo se había perdido? Hasta llegué a dudar si... habría existido alguna vez.
Tal era mi preocupación, ansiedad y desconcierto que exigí una explicación al hacedor del tiempo, y este me contestó:
"Los Jueves, como cualquier cuerpo que marcha sin parar, necesita ajustes periódicos. Inspecciones emocionales. Analíticas de contenido para determinar su azúcar, colesterol, tensión... Unas pruebas más y la semana próxima correrá junto a los demás"

Me desperté sudoroso. De un salto incorporé mi cuerpo y vi el calendario de la pared, ¡era viernes! ¿y ayer, el jueves? ¡sí que estaba!. Todo había sido un sueño, un mal sueño. Era yo, y no el jueves el que tenía la fiebre.


Este sainete verbenero me lleva a la conclusión de que los jueves gozan de buena salud. Somos nosotros los que nos resfriamos. Su estructura es bien sencilla: Convocatoria/Tema, Idea/Publicación. Leer/Comentar. La nuestra, aunque nos pese, es mucho más complicada.

23 de abril de 2015

Este jueves, relato: La Despedida

    
-¡Adiós!                                           
Pavarotti aleteó escapando por la ventana abierta de par en par. Una ráfaga traicionera la cerró de golpe mientras él, se debatía entre el dilema de si esa gratuita agresividad tenía que ver con una determinación irreversible, o simplemente con un golpe de efecto ridículamente teatral.
A esa hora, cada día, solía visitar a Callas la lora del quinto, y le recitaba de memoria el primer verso de "Poesía eres tú" de Bécquer. Seductor como buen loro. Coqueto como buen loro. Parlanchín como buen loro y soberbio como buen macho, regresaba horas más tarde con alguna pluma de Callas en su curvado pico; prueba fehaciente de su conquista, y trofeo silencioso que sólo podía compartir consigo mismo.
Obnubilado, despistado, ebrio de placer y ciego de nacimiento no cayó en la cuenta de que el viento le había cerrado las hojas de la ventana con las que fue a dar de pico-bruces ante el acorazado vidrio climalit. Tan sólo le dio tiempo a replegar alas y con la cabeza poblada de estrellas que giraban como satélites, sentenció su despedida definitiva.
-¡Adiós hermosa Callas. Mi orgullo malherido en este grotesco patio de luces!

20 de abril de 2015

Palabra 17 de 53: Soledad



Papá, mamá... ¡No trabajéis tanto!


Foto de Hermanos Martí

16 de abril de 2015

Este jueves, relato: "Duetos de Inspiración"


Destino y/o azar

Apenas he jugado a juegos de azar. Es muy sencillo, ¡no creo en el azar! sin embargo existe o al menos lo sufrimos o disfrutamos como consecuencia de un hecho físico o intelectual. Eso que llamamos suerte o desgracia y que tanto parecido tiene con el "Destino" no es sino el resultado de un acierto o un error; ambos tan reales que transcienden en el devenir de cada segundo de nuestras vidas. El destino no se manipula, simplemente se orienta como consecuencia de un acto propio o de terceros, que altera o modifica el recorrido de la acción. Acción esta, que evidentemente no existiría sino fuera propiciada por un hecho que determina en uno u otro sentido.

Sólo es lo que existe, y no lo es precisamente por decisión divina, sino por la acción directa de la mano/cabeza del hombre. La ley humana termina dibujando una realidad tan afortunada como la más multicolor pintura de Velázquez, o desgraciada como la más sombría de Goya. El destino y/o azar. La suerte y/o desgracia no es más que el nombre que se le da a la generación espontánea y puntual de esa ley aún no reconocida.

Pongamos un ejemplo:
Durante un viaje, encuentra usted, señora, un fascinante hombre, el que después de pasar una noche maravillosa le regala un abrigo de visón.
Usted decide:
a.-Lo rechaza indignada
b.-Lo vende y dona su importe a la Cruz Roja
c.-Se lo queda convencida de que su marido se creerá que lo encontró en la calle
d.-Se lo regala a su peor amiga y avisa a los de Greenpeace de su horario de salida de misa.


El destino y/o azar siempre depende de nosotros.

9 de abril de 2015

Este jueves, relato: El Jardín


(Fragmento de una novela en la que estoy trabajando)

Alex no había llegado a conocer del todo aquella mansión. Se movía en espacios concretos: el salón, el dormitorio, la cocina, y el hall que le llevaba al exterior. Ese inmenso jardín poblado y cuidado hasta la exageración. Las avenidas de rodeno, salvaban los desniveles con traviesas de raíl que lucían su autenticidad, mostrando las heridas sin tapar de sus viejos anclajes. Los grupos de árboles se sucedían en una secuencia que los reagrupaba aleatoriamente. No sucedía lo mismo con las plantas que jugaban ordenadas en parcelas por especies, dibujando círculos y espirales que se perdían en grupos, sólo interrumpidos por las aceras de piedra. 
En una perspectiva a ras de suelo se mezclaban orquídeas con jazmines, adelfas con hortensias y rosas con alegrías. El césped y la tierra, común denominador de tanto color, matizaban los encuentros como si del espacio escénico de un teatro se tratase.
Alex y Silvia lo frecuentaban a menudo, a veces con la podadora y el cubo en la mano, y otras, sólo para pasearlo. Sus caminatas estaban llenas de pausas. Se distraían, absortos en tal cantidad y variedad de color.
Alcanzaron unos bancos de madera listonada, al abrigo de una pérgola cubierta con estructura de madera, del mismo tipo que la de los bancos, y con una espectacular tesela en el centro que simulaba una rosa de los vientos. Se sentaron con la mirada perdida en la tranquilidad de aquel aromático lugar.

-Apetece quedarse en este punto y que sea el día el que te eche.
-Somos dueños de nuestro tiempo. –Respondió Silvia, descalzándose- Nadie nos manda, estar aquí sentados, con los pies desnudos en el césped y el olor del mar tan cerca es reparador.
-¿Quieres que te traiga algo de beber? –Le preguntó Alex.
-No, en este momento no quiero que hagamos nada, solo estar. Sólo mirar fijamente tanta belleza y soñar despiertos.

Nada había peor que perder a Silvia, por eso para asegurarse de que aquello no era un sueño, Alex, alargó su mano y acarició la de ella dejándola quieta, convenciéndose de que esa realidad con textura de piel tibia y sedosa, era la única verdad por la que merecía la pena morir.

Este jueves paseamos por el Jardín...

5 de abril de 2015

Este jueves, relato. Convocatoria para el 9/4/2015: El Jardín


Nuestro Jardín es un cielo abierto. No hay muros que delimiten sus colores, ni cubiertas que blinden sus olores.
Nuestro Jardín es un encuentro de letras. Letras que vienen del Sur y van al Norte. Letras que nacieron en el Este y reposaran inalterables en el Oeste.
Este Jueves El Jardín tiene una fuerte presencia en nuestro Grupo. Será testigo de excepción del Encuentro Juevero 2015 en Aranjuez. Todos los que lo paseemos en la proximidad o en la distancia formamos parte de él, y para todos, un ramillete de: Regalices, Acacias, Jacarandas, Rosas, Nardos,  Violetas, Madreselvas, Lavandas, Campanillas...
Tema de la convocatoria: El Jardín


Como siempre recordar las normas: no más de trescientas cincuenta palabras. Subir el relato a partir del miércoles noche y comunicar vuestra publicación al Blog convocante, para que desde él se enlacen todos los participantes.

2 de abril de 2015

Este jueves, relato. Emociones y onomatopeyas


¡Rinnnnnnng!¡Rinnnnnnng!¡Rinnnnnnng! 
El teléfono sonaba una y otra vez, y una y otra vez, me resistía a descolgarlo; hacerlo, suponía enfrentarme a una dura realidad, para la que en en ese momento no estaba preparado. Como un niño grité al vacío, tapándome los oidos intentando esconder su sonido: ¡Eeeeeeeeea! Eeeeeeeea!¡Eeeeeeeea!
No me podía engañar de forma tan tonta. Si no la quería atender, no la atendía, y en paz.
¡Piiiiii!¡Piiiiii!¡Piiiiii! La cafetera me avisó que su contenido estaba a punto; sin embargo, en ese momento ya no me apetecía el café. Ni el café, ni ninguna otra cosa.
¡DingDong!¡DingDong!¡DingDong! Sonó el timbre de la puerta. No podía dejar de abrir, en algún momento del día, mi suerte podía cambiar.
Era ella. No sé cómo lo hizo. Cómo pudo llegar desde su casa a la mía en tan poco tiempo. No vi cómo levantaba su mano, y... ¡Plas!¡Plas!¡Plas!