30 de septiembre de 2015

Este jueves, relato. Esa palabra...



Nuestra amiga uruguaya nos propone para este jueves descubrir esa palabra que, escondida, miramos de reojo, con deseo, con sed.
En nuestro armario literario tenemos, guardadas en repletos anaqueles, palabras de ese tipo que, vestidas de domingo, lucen sus mejores galas. Palabras de color. Palabras de olor. Palabras de honor que guardamos para acompañar en las frases más lúcidas, las sentencias más determinantes, las declaraciones más apasionadas. Con las que presumimos por la mañana en el parque, llevándolas del brazo, porque es en ese momento y no más tarde, cuando queremos llamar la atención.

Mi palabra es: vos. Sí, "vos", la sureña. La que es tú. Tú eres vos.
Yo soy vos para ti y vos eres tú para mí.
Vos es un pastel, que sinuoso, baila un tango en el paladar.
Vos es el mayor, el adulto, porque es usted y el niño y el joven porque es tú.
Vos es la segunda persona, o sea la otra además de yo.
De vos te puedes enamorar, porque vos es seducción y se deja querer más que cualquier otra de las segundas personas, por muy singular que sea.
Vos también vivió en España, durmió entre las páginas de Cervantes y se despertó en la lealtad de Alatriste, para después de hacerse culto, vivir eternamente entre aguas rioplatenses.
Así pues, es vos mi palabra elegida para este jueves.




23 de septiembre de 2015

Este jueves, relato. Refugiados.



He tenido un largo sueño, lo recuerdo a trozos, como fragmentado. Sin embargo sus difusas imágenes evidencian la presencia constante de un niño.

En el primer corte, el más profundo y también el más largo, el niño, saltaba sobre turbios charcos de agua de lluvia intentando alcanzar la parte superior de un muro. Descamisado, gritaba, mientras buscaba altura. Le vi extendiendo sus manos al cielo, y aunque cada salto era mayor que el anterior, él, no llegaba.
Le intenté ayudar, pero su cuerpo se escurría entre mis manos, me fijé en sus ojos y me dolió.
Un poco más arriba, en el canto del muro, brillaban los cristales rotos de una botella que alguna vez, llena, sació la sed y ahora sólo eran una amenaza de sangre.
En otra secuencia del sueño, le ofrecí ayuda, yo lo había vivido todo, y él, lo tenía todo por vivir.
Después de dar vueltas en la cama, ir al baño y beber agua, me escondí en la parte baja del muro, algo tenía que hacer, empezaban a faltar las fuerzas y la amenaza y el riesgo eran cada vez mayores, alcé de nuevo su cuerpo aupándole por los pies, hasta que clavó sus manos en los cristales punzantes.

-¡Salta y no pienses en el dolor! -le grité, mientras la sangre de la palma de su mano, pintaba mi cara de rojo.
No pude terminar, a lo lejos, un Kalashnikov escupía su cargador lleno de balas, el impacto sonó a metálico, quedé desconcertado.
-¿Qué ruido era ese? La alarma de mi iPhone me avisaba, era hora de levantarse. Noté húmeda la almohada, la toqué con mis dedos que llevé a los labios, sabían a barro o... ¿era sangre?
Qué extraño, sólo había sido un mal sueño.

16 de septiembre de 2015

Este jueves, ¡retrato! La carrera de la horchata


¡Un, dos, tres!  ¿Listos...? ¡YA! El clic era el pistoletazo de salida y cada uno había hecho su elección.

La posición delataba cada una de las preferencias. Las sonrisas, disfrazadas, sólo despistaban. La realidad es que cada uno, vigilante, ocultaba sus cualidades protegiendo su línea de actuación. 
Los pies, escondidos, apretaban con fuerza la baldosa de barro cocido sobre la que despegar ganando unos tragos de ventaja. La estrategia se adivinaba diferente: 
El de rojo, había optado por la absorción externa, el fartón empaparía la mitad del líquido chufero y dejaría el resto para un rápido y único trago. 
El de malva, más sofisticado, preparaba su salida con el procedimiento "palleta erectus" metódico donde los haya y de una eficacia contrastada. 
El de negro, en medio, se debatía a codazos para encontrar una buena posición... había elegido el trago largo, su especialidad. 
Maxilares tensos, lengua seca, paladar abierto; los tres, competidores por un momento, buscaban su tarde de gloria.  

Expectante, la Santa, entre servilletas de papel, oteaba desde un puesto de vigía relevante. El premio... las dos tazas de chocolate, churros incluidos, para los dos primeros y el tercero, pobre de él, pagaría la ronda.

La foto finish reveló un indiscutible empate y, entre excusas y acusaciones, se perdieron los litigantes. 
Cuando se dieron cuenta, los chocolates, con churros incluidos, se los había zampado, sin reparos, este espectador de lujo.





4 de septiembre de 2015

Un día en... París



Hotel Costes K.
El español Ricardo Bofill diseñó este hotel de estilo posmodernista, situado a 100 mts. del Trocadero y de la torre Eiffel, contemporáneo y armonioso en una sutil mezcla de piezas de diseño y auténticas obras de arte.
8:30
Hace frío en esta mañana de Febrero, frente al hotel está el bistró Le Magdebourg, un espectacular croissant con mantequilla, junto a un café con leche hirviendo nos entonan para el apasionante “vía crucis” parisino.
9:00
Un paseo, y le damos los buenos días a la torre Eiffiel, recreamos nuestra mirada con una sosegada visión del símbolo de la capital e impregnamos nuestra retina con la esencia que nos acompañará el resto del día, 200 metros hasta el Palacio de Tokio.
En su ala izquierda esta el Museo de Arte Moderno de la ciudad, construido para la Exposición Universal de 1937 a orillas del Sena. Los principales artistas europeos del siglo XX, están representados por su obra, desde el Fauvismo y el Cubismo hasta el Nuevo Realismo, Matisse, Dufy, Picasso, Braque, Bonnard, Modigliani, Fautrier, Delaunay, Léger...


10:30
Es pronto para un Domingo de Invierno, París todavía parece dormida y el metro circula bajo mínimos, lo cogemos en Léna, un trasbordo en D. F. Roosevelt y en siete estaciones nos arroja a la gran explanada del Gran Arco de La Defensa, monumental cubo de mármol de Carrara y granito cubierto de placas de vidrio.
Unos ascensores panorámicos permiten visitar la última planta y el mirador instalado en el exterior, la vista se pierde con una espectacular perspectiva de los Campos Elíseos.
12:00
Es hora de oler el Sena y mirarse en sus aguas. Uno de los puentes más viejos y entrañables de París es el Pont Neuf, puente íntimo y acogedor, con unos ojos laterales por cuya ribera transitable, París entero se pasea... y se detiene, 100 m2. de cobijo en sombra, testigos de apasionadas escenas de Amor.


13:00
Frente al puente, en el nº 1 de la calle del mismo nombre, está el restaurante Kong, obra del diseñador francés Philippe Stark, dicen que el más “Cool” de la ciudad. Cool o no, la terraza acristalada del Comedor en la última planta del edificio Kenzo, es una fantasía hecha realidad, con vistas al Sena, a la impresionante marquesina de acero negro de la sede de Louis Vuitton y a un mundo cinematográfico de tejados y buhardillas. Además se come bien, por un precio “razonable”.


16:00
Es hora de callejear un poco.
En este caso, no son las calles las que nos atraen sino una plaza, la “Des Vosges” la más antigua de la ciudad, cuadrada de 140 m. de lado, con arcadas perimetrales y un sobrio y elegante jardín en su corazón, construida sobre el desaparecido Hotel de los Torneos.
El recuerdo de Víctor Hugo o Richelieu quedan latentes como dos de sus más ilustres vecinos. A la altura del nº 1, salida porticada hacia la Rue de Birague, está el café “La place Royale” en cuya proximidad algunas tardes una joven soprano deleita a la concurrencia con un atractivo repertorio de arias operísticas. 
17:30
Mil metros de embriagador paseo hasta el Centro Pompidou, espectacular edificio obra de los arquitectos Enzo Piano y Richards Rogers. De estructura industrialista y funcional, conductos y escaleras, visibles desde el exterior.
Polémico en su momento, hoy es reconocido y admirado como uno de los primeros edificios de la arquitectura High-Tech, en el interior ya nos lo podemos imaginar... sin comentarios, aconsejable al cien por cien.
20:00
Alcanzar el Barrio Latino es tarea fácil, recordar los relatos de Cortazar, Vargas Llosa o Hemingway, es andar de café en café, de plaza en plaza hasta los jardines de Luxemburgo y mas tarde al anochecer prolongar el paseo hasta el boulevard Saint-Germain y entrar en el Café de Flore, acariciar los cantos erosionados de las mesas, desgastados por horas de descanso o ardientes tertulias de apasionados antepasados.
Después, cruzar el boulevard y cenar en la Brasserie Lipp, buscar tu imagen reflejada en los enormes y envejecidos espejos, codo con codo con tu vecino de mesa, dando buena cuenta ambos del codillo con col agria que hiciese las delicias de la “niña mala” de Don Mario.
23:00
Hace frío y es tarde, pero con un taxi a mano todo es posible, y París, bien vale un esfuerzo. Cruzamos la ciudad y volvemos al distrito de Marais, el Bar de moda es el del Hotel Murano Urban, impresionante ambiente, música trepidante y contagiosa, cócteles sorprendentes como la ceremoniosa degustación triple de vodkas, más tarde piano de cola y sonetos.
02:00...  (del día siguiente) Caemos como benditos sobre el nórdico de plumón de oca, intentando asimilar tan maratoniana jornada.
Buenas noches y hasta dentro de un rato.


2 de septiembre de 2015

Este jueves, relato: "Leyendas de mi tierra"


Valencia, 1940 - El hombre del saco
       
Entre ruinas, el año estrena invierno. La ciudad se recupera lentamente de las heridas de una guerra que ha enfrentado a familias y amigos. Una guerra estúpida e injusta que sufren todos, indistintamente del color de su conciencia.

Toni tiene 12 años, vive en un pueblo próximo a la capital. Ha oído hablar de ella, de sus amplias calles y frondosos jardines. Como también sabe, que al final de esas calles y jardines, cuando acaban las casas, hay un mar grande y azul. Y más allá, un paraíso al que llaman América.  Un día al salir del colegio, decidió que iría a ese paraíso, se haría rico y volvería con fortuna suficiente para aliviar la penuria de sus padres.
Ese día era tan bueno como cualquier otro para escapar de casa. Escondido en un vagón de cercanías, cubrió su primera etapa hasta la estación de la capital. Salta al andén y busca la salida, al tiempo que queda impresionado por la magnitud del edificio y la multitud de viajeros que trajinan de aquí para allá con sus maletas de cartón. Al instante recibe el mayor impacto visual de su corta vida: Las calles sin final, las avenidas de suelo gris, los tranvías, las fincas con sus incontables pisos, coches y más coches. Si aquello no era América, debía de parecérsele.

Esa primera visión, tal como se iba perdiendo entre callejuelas, le dibujó una realidad diferente, tan impactante como la primera, pero oscura y siniestra. Buscando el mar, se hizo de noche. Tal y como se distanciaba de la estación  se sentía más envuelto en el abandono, el hambre y el frío. El mercurio descendía impasible y buscó refugio hasta el amanecer.

Su sueño estaba a punto de terminar. Las horribles gárgolas que coronan La lonja de la Seda, llamaron su atención. Agazapado, veía perplejo en las esquinas del singular edificio, aquellos fantasmas de piedra que, descarnados, colgaban desafiantes. Ensimismado no notó sobre su hombro la presión de aquellas manos que sujetaban, una, un afilado cuchillo, y la otra, un enorme saco de arpillera.