3 de noviembre de 2016

Este jueves, relato: seis + una : ninguna.



El paseo diario por ese submundo que era su barrio, a Elisa, le divertía. Era un continuo jugar con unos y otros. Minutos de estímulos próximos y posibilidad de estrechar lazos, cuando no, de atar otros nuevos. Se movía con diligencia, corría, jugaba, saludaba, y se paraba pegando la nariz al cristal en el escaparate de la juguetería.
En el barrio, Elisa, ampliaba conocimientos, perdía miedos y hacía amigos, muchos. Por encima de lo que pareciese, para ella, era un lugar que descubrir. Honesto. Divertido. Abierto y solidario. También, a veces, alevoso, distante e impersonal. Solo había que dejarse llevar, disfrutar de él y volver pronto a casa.
Al fin y al cabo, cada día y de forma invariable vivía escenas como estas:
—Elisa espera, baja la basura.
—Elisa levanta el culo del sillón y ponte a estudiar.
—Elisa anda derecha que parece que naciste cansada.
—Elisa no sales a la calle hasta que no te lo hayas comido todo.
—Elisa apaga la tele y a dormir.
—Elisa, ni soñarlo, al colegio no vas con esa pinta.

Mañana Elisa cumple 12 años.
¡Qué lejos queda, aún, su Alzhéimer!

5 comentarios:

  1. Pero desgraciadamente lo tendrá si no dejan de agobiarla de esa manera.
    Besos

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  2. Hola Alfredo: que bien que encontraste la forma de esconder, la palabra maldita. A mi no me salió tan bonito ni tan redoomdo.
    Bbbbrrrrr! Un saludo muy envidioso

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  3. Y con la frescura de los 12 años, si no fuera por el agobio de los mayores...precioso relato, besos.

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  4. Muy tierno, un reflejo de ese nacer a la vida, con todos esos frenos que tratan de anclar a la niña a tierra.
    Un abrazo.

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  5. Desde luego que queda lejos, ojalá no existiera nunca, y disfrutar como esa niña de la vida, que siempre valdrá la pena vivirla.
    Muy bonito
    Un abrazo

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