31 de marzo de 2016

Los jueves, relato: "Bendita Primavera"


Mi primavera suena a obertura trompetera. Da lo mismo quién esté detrás de esas notas propias de la más exquisita fanfarria: Verdi o Wagner, Mozart o Tchaikovski. Da lo mismo, trompetas que tambores, la primavera siempre se hace notar. Cambia el color, el olor, la temperatura, la hora, hasta el ánimo, el nuestro, el de los animales y el de las cosas. «Señoras y señores, con todos ustedes… tachinnn, tachinnn, tachinnn: ¡LA PRIMAVERA!».
Y es entonces cuando ella, vestida con tules vaporosos y desmedidas lazadas al viento, aparece entre una ligera lluvia de confetis y serpentinas que le hacen un pasillo multicolor.

Una vez superada la excitante y aparatosa euforia de la bienvenida, la primavera, nos abraza con un solo de violonchelo, grave, alargando notas hasta suspenderlas en el tiempo, de tonos violetas como la Semana Santa. Entran en escena el resto de la orquesta que, con colorido renovado, prorrogan las partituras, dibujando en el cielo una bandada de preludios e intermezzos, que se instalan en el corazón del calendario. 
Y juntos, percusión, cuerda, metal, viento y madera, migran como ñus, desvaneciéndose en la vorágine de los tres siguientes meses que amenazan ardientes a la vuelta de la sabana.

24 de marzo de 2016

Este jueves, relato: Bajo el influjo de INSOMNIA


Insomne me deslizo hacia un lateral de la cama y, apoyando los pies en el tibio parquet, me incorporo lentamente. Mi madrugada, se dibuja en mi subconsciente, paseándome en la penumbra que cubre el recorrido hasta el balcón. Mi primera visión se detiene ante un espantapájaros, vestido con mi ropa de ayer. Lo intuyo en la oscuridad de la habitación, acaricio sus hombros que reflejan las luces que se cuelan desde el exterior. Erecto, suficiente, ordenado, arriba esto y debajo lo otro.
El extraño maniquí, al que siempre le ha faltado el sombrero de paja, me saluda ausente, descabezado, parco en palabras. Lo suyo no es la interlocución. Solamente una vez, en un alarde de locuacidad me confesó que su fuerte era vigilar mi sueño, o mi desvelo, que también los hay.  
El objeto no tenía nombre, en el onírico mundo de mi existencia a medias no hacía falta, sólo vigilaba. Su sexto sentido era suficiente para identificar y señalar cada uno de los misterios de aquel rosario en blanco y negro que guiaba mi insomnio.                                             

Suena el despertador, son las siete y, como cada mañana, deslizo mi cuerpo hacia el lateral de la cama y apoyando los pies en el tibio parquet me incorporo y, misteriosamente, tropiezo con el galán de noche que dejé al acostarme en el otro extremo de la habitación.



16 de marzo de 2016

Este jueves, relato: Una foto para mí.


Slogan: «En un pequeño cuarto de un hotel».

La habitación del fondo. La 820, la que no da a ningún jardín. La de los ruidos del tráfico y de las máquinas de aire acondicionado. La que fue testigo de tus preguntas y mis respuestas.
La habitación del fondo. La que sintió cómo mis deseos salpicaban las sábanas blancas de la cama y rebotaban en sus paredes enteladas con lino escocés. 
La habitación del fondo. Luminosa incluso en penumbra. Testigo muda de nuestros olores, los tuyos y los míos, de los tres porque fue entonces cuando decidimos tener un hijo.
La habitación del fondo. La de conciliar diferencias. Sobrecogedora para dos artistas saturados de ideas abstractas en busca de la comunión romántica.
Todo lo que era hermoso y poético lo encontramos en la habitación 820, la del fondo.


10 de marzo de 2016

Este jueves, relato: Las Sinsombrero



Nos hemos manifestado. Hemos caminado codo con codo ondeando banderas de libertad, reivindicando en voz alta exigencias a las que tenemos derecho. También lo hemos hecho en silencio, elevando al cielo carteles con manos blancas más elocuentes que nuestros propios gritos. Hemos compartido pancartas con lemas concisos, contundentes y fáciles de entender. 
La marcha a veces pausada, ha conectado las miradas de activistas soñadoras con las de testigos indiferentes. Ojos, que terminan siendo cómplices de elocuentes expectativas.
La evolución, el avance y la denuncia, han enraizado con las conciencias más receptivas. Las raíces de la base ya hace tiempo que huelen a tierra húmeda y fértil, pero el reconocimiento, el respeto y la complicidad se hacen de esperar, cuando no son inexistentes. Ahora después del reposo, sólo cabe desear la consumación de una evidencia, una de los muchas exigida y depositada en este contenedor de deseos por manufacturar que es esta Generación.

El futuro más próximo será como este silencio de  caos organizado, con la postura sugerente, pero no dramática. Mujeres comprometidas que deshacen el orden de sus filas guerreras, para diluirse en el anonimato de una guerra por conquistar. Mientras tanto, fuera adornos, cabezas al sol... ¡Por algo se empieza!

Más sobre el tema en el Blog de Lucía

3 de marzo de 2016

Este jueves, relato: Blanco y negro.


En mi familia cuando jugábamos al dominó, el que tenía el seis doble, además de empezar la partida, la ganaba.
En mi familia siempre se han hecho trampas en los juegos de mesa.
Sin embargo sacar a colación en este momento el dominó, no es necesariamente por el resultado, ni por el entretenido placer de mover y mezclar las fichas después de cada mano, ni siquiera por la obligada y asumida norma de mantenerlas en erecta verticalidad mirando al cielo.
En mi familia el dominó era muy particular: lo negro era blanco y lo blanco, naturalmente, negro.
La parte posterior de las fichas era de un insolente blanco hueso y la delantera, la que mostraba la numeración era negra, con los círculos en blanco.
Nunca he sabido por qué, ni cómo llegó ese dominó a mi casa.
Desde hace años, jugar al dominó con las fichas normales, es todo un aburrimiento.

Más blancas y negras con Matices