15 de marzo de 2017

Este jueves, relato: Testamento


¿Se puede morir dos veces? ¡Sí, se puede!
Yo lo he hecho, en consecuencia he podido dejar dos testamentos. La duda fue si dejaba uno diferente o el mismo que en mi primera muerte. Evidentemente tenía que ser el mismo, muerto no había tenido ocasión de aumentar mi patrimonio.
Así que, aquí estoy, para mi sorpresa, resucitado y de nuevo fallecido. Al menos he tenido tiempo para dejar una vez más el mismo...

«Testamento en diez legados»:

Decía que me llamaba Jacobo, pero poco importa, cualquiera en mis circunstancias podría haber mentido. Mi pobreza, si que era real. Mal vestía con harapos sucios que en su día fueron un traje a medida. Mi edad indefinida, era la de un viejo que peinaba canas en una casposa y enredada melena blanca. Jamás fui prudente y ahora el frió y la calle, amenazaban con negarme la vida una madrugada cualquiera. Absorto, escribía con lápiz corto en las partes no impresas de un diario de izquierdas:
—Por si acaso y para que no hayan dudas, ni disputas, dejo mis pertenencias a:
—El carro de la compra que cogí prestado del “super” y que desde hace tiempo es a la vez mi armario y despensa se lo dejo a D. Juan Roig, dueño de Mercadona… al rey, lo que es del rey.
—Estos 2’25 euros que guardo, son para el director del banco de aquí al lado. Que me abra una libreta, un plan o lo que sea, todo menos jugar en bolsa, me preocuparía perderlos.
—A María, que me baja leche caliente y galletas con su nombre y que es mayor que yo, pero se conserva mejor (bendita familia), le dejo la cantinela que tanto le gusta escucharme cada mañana. Ahora le puedo confesar que es “Te quiero, te quiero” de Nino Bravo en una versión ininteligible.
—Al Generalísimo, esté donde esté (espero, que en los infiernos) le dejo estos trozos de metralla, que me han tenido con el cuerpo roto desde los 16 años, hasta los que soñé con ser un gran deportista.
—A Micaela, la niña del portal 22, que nunca me ha tenido miedo, le dejo el mío, para que lo conozca y no lo repita… al final te das cuenta, de que no merece la pena.
—A Julio, el ciego de la esquina, le dejo este libro sin tapas, sólo para que lo abrace entre sus manos, son poemas de Martí i Pol. ¡Sí, ya sé que está ciego, pero qué más da, tampoco sabe catalán!
—A Alfredo, ese señor serio que siempre me mira a los ojos, que no sé de dónde viene ni a dónde va, pero que comparte conmigo ese instante de segundos cómplices, le dejo esta última mirada.
No pude llegar a los diez legados, el frío de esa madrugada se me llevó para siempre.




16 comentarios:

  1. Me gusta. Te he oído y he visto esa melena blanca (uno cuando escribe sí que se da gustos verdad?)
    Yo también tuve la idea de morir dos veces:
    "He muerto dos veces, la última fue esta mañana a las 10,03, de muerte natural.
    La primera, el día que me negaste tres veces como Pedro." ¿Verdad que no estaba mal? Por lo menos rápido de leer, seguro.
    Perdona, que te robe espacio en tu blog, pero de pronto tienes un rato vacío entre muerte y muerte, jajaj
    Besos jueverísimos (la foto, medio bajon, pero si a ti te gustó, será que está muy buena!!)

    ResponderEliminar
  2. Muy bueno el testamento segura estoy que no se lo esperaban los elegidos a heredar..
    Lo de morir y hacer dos testamentos es una buena idea ..Apuntada queda.
    Un fuerte abrazo.

    ResponderEliminar
  3. ¡Hola! No sé si es que ya venía con frío pero lo he sentido más intenso con tu relato, qué cruel pueden ser las circunstancias a veces. Me ha encantado lo de morir dos veces.

    ¡Un abrazo!

    ResponderEliminar
  4. Equitativo reparto de bienes. Un testamento que es un modelo de justicia y de clarividencia. Viniendo de tí no podia ser de otro modo. Un abrazo.

    ResponderEliminar
  5. Dejó lo que tenía a gente amable y no tan amables. Y que forma más fría de abandonar este mundo.
    Muchas gracias por participar.
    Un saludo.

    ResponderEliminar
  6. Madre mía qué testamento, se acuerda de todos, eso se llama un reparto bien hecho.

    Besos.

    ResponderEliminar
  7. Qué triste vivir así, en la calle, sin que nadie te eche verdaderamente de menos cuando te mueres...Aún así, has sabido darle un ligero toque de humor amargo y de agradecimiento por las pocas personas que, aunque solo fuera con su mirada cómplice, sabían de su existencia.Muy bueno, como siempre.
    Un beso

    ResponderEliminar
  8. Un conmovedor legado de bienes que no siempre son bien cotizados porque ni se compran ni se venden. Excelente aporte a esta particular convocatoria juevera. Un abrazo

    ResponderEliminar
  9. Otra vez estoy aquí, antes cuando tenía el comentario hecho se me fue, espero que ahora haya más suerte.
    Te decía que eres un maestro en este oficio de escribir, has hecho un relato a la vez que original crítico y punzante porque desgraciadamente el argumento que expones no es ficticio está en nuestras calles.
    Muy bueno lo de Mercadona y lo del Banco.

    ResponderEliminar
  10. Es triste una vida así y aún y todo sacas lo mejor que tienes
    Abrazos

    ResponderEliminar
  11. Un testamento que toca el corazón. Dejo lo q tenia todo y nada.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  12. Un testamento que toca el corazón. Dejo lo q tenia todo y nada.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  13. Ufff! Duro con su toque de ternura y de humor, amigo eres un artista de las letras. Magnifico relato, besos.

    ResponderEliminar
  14. Tanta gente viviendo en la calle, una lástima; pero a veces la vida nos juega malas pasadas, y nos puede pasar a todos.
    Muy bien relatado amigo.
    Un abrazo

    ResponderEliminar
  15. Se me encogio el corazón con ese final...utilizaste el recurso del ingenio gracioso para hacernos bajar la guardia y dar la estocada final con ese final tan inesperado y doloroso...besoss

    ResponderEliminar
  16. Es triste la situación que mencionas de Jacobo y aún así, su corazón sigue intacto.
    Un beso, Alfredo

    ResponderEliminar