14 de junio de 2017

Este jueves, relato: Grandes textos


«Aún entre los demonios hay unos peores que otros, y entre muchos malos hombres suele haber alguno bueno»
(Mix cervantino y shakesperiano)

En un lugar del Véneto, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho que vivía un joven, tonto y afortunado del que de cierto, poco se sabía, ensimismado y soñador, por lo que los más de los ratos se daba a leer relatos de amor, alejándose en esta suerte de toda acción, refriegas, juegos y curiosidades sobre el comportamiento habitual de hombres y bestias.
Es pues de saber, que de esta forma Romeo de Quijano, que así se llamaba, modeló en su mente el sueño que la prosa almacenada en su cabeza había dibujado en forma de hermosa dama. El joven sembró su casa con perlas impresas de lomo acartonado que hablaban de enamoramientos, desengaños, dichas y desdichas, requiebros e incluso cartas donde la razón de la sinrazón se empequeñecía ante la visión de su diosa de humo.
Así, dejado en sus pensamientos se le veía mañana tras mañana, a veces en franca ventaja compitiendo melancólico con el rocío del amanecer y otras añadiendo a las nubes sus nubes de suspiros. El joven tonto y afortunado, heredero de familia de rango y poder, crecía ajeno al renovar de viejos odios apasionados con sus vecinos de enfrente, familia rival, también de similar rango y poder.
Al atardecer, en su mirador, abandonado en la mística contemplación del lento deambular de carros y carretas, una imagen le sobresaltó electrificado —aunque, obviamente, él desconocía el término—.
Qué y quién era esa visión de su sueño en forma de hermoso aliento en sedoso cuerpo y escondida alma que la bondad le había puesto a los pies de su balconada. Bajó presuroso y abordó a su sueño, su sangre se alteró en sus entrañas y su voluntad quiso que satisfacer la de ella fuera posible, a partir de ese instante, su única señora; la de sus más escondidos pensamientos, su amada Dulcinea.
En esto, y en un suspirar, los faunos y sílbanos acompañantes de la enamorada ninfa, reconocieron al entrometido enemigo y prometieron venganza que llevarían a cabo con la complicidad de la noche, los conflictos heredados, mancharían con sangre ajena el amor que había nacido de sus propios odios.
Tenía el joven tonto y afortunado en su casa un mozo de campo y plaza que pasaba de los cuarenta, Mercurio de nombre y de apellido Panza, que lo armaba y le ensillaba su rocín, orondo como pocos y sabio como ninguno y a pesar de ello no sospechaba que sería el blanco del arbitrario castigo. El Fauno mató a Panza y Romeo lo vengó matando al Fauno.
Dulcinea abatida y desconcertada por el destierro de su amante el joven caballero de triste figura, tonto y en esta ocasión menos afortunado, decide consultar con su confesor y este conviene en ofrecerle una droga que la someterá a un intenso coma durante dos horas y diez minutos.

La comedia está servida.
La tragedia por consumarse...

10 de junio de 2017

Conversaciones con Gloria (Próximos a su centenario).



Estamos en casa con Gloria Fuertes. 
Nos recibe con un desayuno de bollos con chocolate y una reflexión: «A esta isla que soy, si alguien llega que se encuentre con algo es mi deseo —manantiales de versos encendidos y cascadas de paz es lo que tengo—».

Subraya que nació en Madrid de madre costurera y padre portero, y nos aclara por si acaso: «Nací en Madrid con dos días de edad, me llevaron a un colegio muy triste donde una monja larga me tiraba pellizcos porque en las letanías me quedaba dormida».

Entonces nos recuerda que era una joven atractiva y aplicada. 
A duras penas y bajo unas carpetas de deshilachadas cintas rojas encuentra unas cartulinas amarillentas y enmohecidas donde se adivinan diplomaturas en Taquigrafía, Mecanografía, Gramática, Literatura, Higiene y Puericultura. 

Pero de mayor fue poeta, poeta de niños-niños y adultos-niños: «Escribo como escribo, a veces deliberadamente mal, para que os llegue bien».

Sus ojos, redondos y expresivos invitan a entrar con amabilidad en la Gloria tierna y básica, sin etiquetas pero con muda de domingo nos enseña su corazón y nos habla de amores: «Pienso mesa y digo silla, compro pan y me lo dejo, lo que aprendo se me olvida, lo que pasa es que te quiero».

Un poco más de chocolate y más bollos recién horneados, miro las paredes vestidas con vidas: 
Gloria con Chicharro y Nieva. 
Gloria con Gala y Alberti. 
Gloria con falda-pantalón y corbata.
Gloria con su cangura y su vaca llorona.
Gloria con uno, dos y tres globos: «Me costó la costumbre de arrancar la mentira, me tejí este vestido de verdad que me cubre, a veces voy desnuda. Desde entonces me quedo sin hablar muchos días».

Nos sonríe cómplice, mira a ambos lados asegurándose de que nadie nos ve, que nadie nos oye: «Hoy es diez de junio, mañana sólo estarán mis poemas».

Gloria Fuertes con su personalidad fresca y directa fue transmisora de valores solidarios y de libertad con un fuerte compromiso social, su lucha feminista y antibelicista, el desamor, todo eso influía a la hora de escribir con esa rima fácil e irónica que lleva su inconfundible sello por el que han pasado ya tres generaciones, metáforas chocantes y otros juegos lingüísticos siempre llenos de encanto y de aparente ingenuidad y sencillez, explican la gran aceptación que su obra es caldo de cultivo en el público infantil.

«Nací para poeta o para muerto, escogí lo difícil». 

Gloria Fuertes, murió el 27 de Noviembre de 1.998, a los 81 años.


2 de junio de 2017

Este jueves, relato: Terrorismo animal.


El atentado.

Ansiaba acabar cuanto antes con aquella desagradable pero necesaria misión. 
Como en ocasiones anteriores, su sinrazón apareció abriéndose paso con deseos de venganza.
Miró a su alrededor para asegurarse de que controlaba el momento, las distancias, los efectos.
No podía permitirse el más mínimo error. La oscuridad era su aliada y con la luz que salió de su linterna iluminó el lugar que se vislumbraba como posible campo de acción.
Su objetivo era claro: golpear de lleno y con sorpresa al enemigo, acabar con él y reconciliarse consigo mismo.
Dobló el periódico con precisión geométrica y… 
¡Zasssss! el mosquito quedó pegado a los titulares del día.