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18 de mayo de 2011

Este jueves, relato. ¿Hay vida después de Blogger?


Desperté con raras vibraciones. El aire transmitía partículas invisibles de inquietud, que se sentían como diminutos cristales de nieve golpeando en la cabeza.
Pavarotti, mi jilguero de volar por casa, que todas las mañanas amenizaba mi baño con melodías varias, quedó mudo y sordo al mismo tiempo.
Desdramaticé la situación achacándola a algún fenómeno doméstico de fácil explicación, e inicié el agradable ritual del desayuno.

La verdadera revolución vino de la mano de los objetos más próximos... las magdalenas habían endurecido inexplicablemente, la leche abierta del día anterior presentaba en su superficie unas sospechosas manchas de olor rancio, y el azúcar, (porque ponía "AZÚCAR") era sal.
Algo había en el ambiente que lo hacía indisciplinado, desobediente, raro de cojones.

Intenté no perder los nervios. Puse la televisión con la  esperanza de que estuviera de mi parte o al menos diera alguna explicación lógica de lo que estaba sucediendo. Las emisiones estaban canceladas, el aparato seguía encendido pero inanimado. En esa tesitura no debía salir a la calle. Esperar algún giro, alguna señal de que todo volvía a la normalidad y recordarlo como un mal sueño.

Los minutos parecían horas, el mundo estaba parado, hasta se percibía una ligera ausencia de gravedad. La ansiedad por recuperar lo mecánico, lo regular, lo de cada día, la prensa o el programa de radio, todo ello se  convertía en una necesidad vital.

Recurrí a Internet como solución de emergencia, esperaba que mi última adquisición equipada con 2 procesadores Intel de 5 Ghz y 48 GB. de RAM, me diera cumplida satisfacción y reparase con creces la caótica y accidentada mañana.

La pantalla se iluminó hasta deslumbrar y me vi reflejado en ella. Junto a mi, se veía un texto que no conseguía leer con claridad, parecía un mensaje desenfocado. Un dedo acusador rasgaba el aire con aleatorios movimientos dirigidos desde el fondo del PC:

-“Es vuestro adiós, desvestios de vuestros disfraces, porque el espectáculo ha terminado. Llorad esta perdida y empezad de nuevo desde el desamparo y el anonimato. Llorad como niños, pues solamente la ausencia de pecados capitales os redimirá de tanto relato retórico e inconsistente”

La mañana se hizo noche silenciosa y el pixelado texto fue tomando foco, hasta aparecer nítido como una sentencia en el fondo de la pantalla. De él, sólo me dio tiempo a tomar esta  borrosa foto:

luego me desintegré y conmigo todos mis relatos retóricos e inconsistentes.