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22 de diciembre de 2013

Los domingos, vamos de Museos... Chillida Leku. Hernani. (25)


La visita de este domingo nos lleva a un Museo que después de algunos años de andadura, permanece cerrado al público. Es el Chillida Leku. La Obra del escultor donostiarra vive en la intimidad del caserío Zabalaga, con una puerta abierta al estudio y a la investigación. Esta intimidad será conjugada con su universalidad, mediante la difusión de la obra que viajará con carácter temporal a diversos museos del mundo, tal y como Eduardo Chillida quiso.

  


7 de enero de 2013

Eduardo Chillida

Esta semana se cumplen 89 años 
del nacimiento de Eduardo Chillida.

                               

Junto al anfiteatro, sobre el Mar, discurre la calle que conduce al final del Paseo y que va descubriendo al paseante, primero, la escultura de la derecha, a continuación la del horizonte y finalmente el conjunto de los tres peines. Aprendo de ellos a adivinar el alma de las cosas. Los acaricio y fijo la mirada en el paisaje donostiarra a través de sus densos y descriptivos vacíos.




Jorge Guillén a Eduardo Chillida:

“Luego trabaja, luego golpea, luego…
Hay que domar el caos.
Hay que colonizar el vacio y poblarlo
De figuras dominantes y sagradas.
Lo hace a su modo, como antes hicieron otros, golpeando, sudando, pensando, hace…
Se nota en su taller de ferrón y en un olor,
y en un calor”


19 de agosto de 2012

10 años sin Eduardo Chillida



En un extremo de la bahía donostiarra, a los pies del Monte Igeldo, instaló en 1977 Eduardo Chillida su obra preferida, el Peine del Viento, con tres espectaculares piezas de acero aferradas a las rocas y rodeadas del mar, ejemplo único de armonía entre arte y paisaje. "El mar tiene que entrar en San Sebastián ya peinado", bromeaba al contemplar cómo el viento sur levanta, ondula y riza la cresta espumosa de las olas que rompen impetuosas contra las rocas.


He visto niños y adultos jugando, acariciando y admirando sus hierros, aprendiendo de ellos a adivinar el alma de las cosas y disfrutando de sus formas y texturas, yo mismo me acerco a ellos siempre que viajo a San Sebastián y los toco, los miro, detengo la mirada en el horizonte donostiarra a través de sus densos y descriptivos vacíos.       


 

5 de diciembre de 2008

...Héroes de Cabecera (I) Eduardo Chillida

En un extremo de la bahía donostiarra, a los pies del Monte Igeldo, instaló en 1977 Eduardo Chillida su obra preferida, el Peine del Viento, con tres espectaculares piezas de acero aferradas a las rocas y rodeadas del mar, ejemplo único de armonía entre arte y paisaje. "El mar tiene que entrar en San Sebastián ya peinado", bromeaba al contemplar cómo el viento sur levanta, ondula y riza la cresta espumosa de las olas que rompen impetuosas contra las rocas.

Junto al anfiteatro sobre el mar, a una altura inferior, discurre la calle que conduce hacia el final del Paseo y que va descubriendo al paseante, primero, la escultura de la derecha; después, la del horizonte, y finalmente, el conjunto, una vez alcanzada la plaza de los chorros, que encauzan físicamente la presión salvaje de la marea. Y es que, de otra forma, sin respiraderos posibles, el mar, que asomaba esporádicamente por las vetas, amenazaba con deshacer la plataforma.

He visto niños y adultos jugando, acariciando y admirando sus hierros, aprendiendo de ellos a adivinar el alma de las cosas y disfrutando de sus formas y texturas, yo mismo me acerco a ellos siempre que viajo a San Sebastián y los toco, los miro, detengo la mirada en el horizonte donostiarra a través de sus densos y descriptivos vacíos.

En su ciudad natal fue portero de fútbol de la Real Sociedad. Se rompió la rodilla, esa con la que también se paran balones, luego vinieron cinco operaciones, no pudo volver a correr, pasaba por ser el más valiente cuando todos corrían, ni siquiera quiso volver como espectador, no soporta el ruido del balón si no lo toca.
Arriba del “Peine” subiendo al Igeldo por el lado izquierdo de la Bahía esta su casa que es un ventanal sobre roca de mar, de Salones grandes y sólidos que albergan a una familia de muchos, no hay vacíos en casa, hay espacios llenos de aire, de viento y de palabras y está Pilar, que la conoció en la baranda de La Concha cuando tenían quince años.
De adolescente Eduardo Chillida alternaba los estudios con las pasiones que acabaron por encauzar su toma de conciencia intelectual, un día en que acude a clase de matemáticas, que las recibía en un domicilio particular y al subir por la escalera escucha una melodía envolvente, llena de posibilidades seductoras.
Deslumbrado y absorto, sondea esa cadencia que es, al mismo tiempo signo y significado y se plantea cómo no admirar una pieza semejante, en realidad, el detalle no carece de importancia.
Después de la primera sorpresa, el joven estudiante cede a la demanda musical: olvida la clase y sentado en la escalera, se deja llevar por una de las seis suites para violonchelo de Johann Sebastián Bach.

Quién no imagina a Eduardo Chillida de piedra o hierro, de madera o papel?, pero siempre de Música, él es afable, de sonrisas, hondo de humor y ternura. Todavía se le recuerda con esa boca fina que se le torcía al reír y unos ojos que emocionados volaban lejos.

Chillida Leku, es un lugar que marca el límite entre San Sebastián y Hernani. Un caserío del mil quinientos treinta y algo, rodeado de árboles ancianos y praderas plagadas de sus esculturas Chillida y su mujer se enamoraron del caserío de Zabalaga en Hernani, la primera vez que lo visitaron en 1983, invitados por su antiguo propietario Santiago Churruca, entonces cónsul en Burdeos. A la familia al completo la casa les pareció que "crujía y vibraba" como un ser vivo. Cien obras, entre dibujos, gravitaciones, hierros y alabastros, algunos de los cuales han tenido que ser recuperados del mercado, se distribuyen en el interior del museo.

El paseo matutino por la porción de bosque habilitada para el visitante es un descubrimiento de esculturas de variadas texturas y algunas de descomunales proporciones, la ladera está mojada y cristalina por el rocío formado por las bajas temperaturas de la noche anterior y al final del recorrido con los zapatos mojados, descansas en el interior de la casa museo, de la que no querrías salir nunca.

Chillida hizo un homenaje a Jorge Guillén y éste le regaló este texto:

Luego trabaja.
Luego golpea.
Luego... Hay que domar el caos.
Hay que colonizar el vacío
y poblarlo de figuras dominantes y sagradas.
Chillida lo hace a su modo como antes hicieron otros, golpeando y sudando,
sudando y pensando,
hace...
Se nota en su taller de ferrón,
y en un olor,
y en un calor

Documentación: Chillida Leku y epdlp.