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18 de abril de 2010

La Vida Breve, si breve...


Sábado, 17 de Abril de 2.010
Sesión doble en el Palau de les Arts, como en los cines de barrio, pero sin pipas. Dos obras de conceptos musicales diferentes, pero ubicadas ambas en el corazón de la pasión y sentimientos mediterráneos. (ver excelente crónica de Atticus)
El vértigo del drama de la obra de Falla se aloja en el estómago y no te abandona ni siquiera durante los canapés, para seguir golpeándote
en la reanudación con la obra del maestro de Livorno.

La Vida Breve, es una ópera de coros e interludios bellísimos, la representación que hemos visto en Valencia, es una nueva producción del Palau de les Arts, con dirección de escena de Giancarlo del Mónaco.
Un rica colección de rojos que expresan con precisión el contenido del Drama, tanto los paneles móviles, como la iluminación y en ocasiones el vestuario, absorben nuestra atención y nos llevan de la mano por la locura pasional de Salud, el resto de la locura es para nosotros y viene de la mano del Maestro, Orquesta y Coros, que nos dibujan una tragedia que sólo la muerte, libera el alma de los inocentes.

En Caballería Rusticana, el Sr. Del Mónaco, nos da la de arena, y la acción por arte de su imaginativa magia nos confunde, y el paisaje de un pueblecito siciliano de ancestrales ceremonias, parece trasladarse a un pueblo del interior de Almería llamado Macael, famoso por sus canteras de Mármol... (de macael, claro) y una vez D. Giancarlo ha decidido que todo el drama suceda entre bloques de mármol, estos se convierten sin moverse un ápice, en Taberna, Iglesia, plaza del pueblo, campo de honor para el duelo y como no, pira momentánea para el muerto. Sin embargo debido a la total y absoluta inmovilidad del escenario e iluminación, el espacio repleto de volúmenes amontonados en una sutil asimetría, se hace equilibrado y atractivo, componiendo escenas de evidente impacto visual, todos los actores de negro sobre fondo blanco, forman grupos de fuerte y llamativa estética.
Claro, en esa tesitura, esperar que la ópera la iniciase Turiddu, a lomos del caballo que le trae de casa de su amada, era una descripción totalmente inviable.

En mi opinión sobre el escenario ha habido un exceso de figurantes, así como también me han parecido innecesario los eternos y angustiosos momentos en los que Santuzza, permanecía totalmente estática entre bloques en los preludios sinfónicos.
Pero la esencia de la Obra te llega enseguida, en esto tiene mucho que ver el vestuario de Birgit Wentsch, con dos prendas comunes a todos los participantes, hombres y mujeres muestran la profundidad y miseria de sus costumbres y cotidianeidades.

El disfrute es total, la orquesta te despierta los sentidos, las voces y las imágenes están en su sitio, parece que nada se puede mejorar.
Y entonces, llega Dios, deja la batuta en el atril y durante 4 minutos y 18 segundos acaricia con sus manos desnudas al aire, cuerdas y metales, y nos regala uno de los momentos más sublimes en nuestra corta historia del Palau, y ha tenido que ser de Mascagni, ese, que malvivió y murió indigente, y que no pudo ni siquiera aproximarse con sus 16 restantes óperas a la brillantez de ésta.

Vamos directos al pleno, otra noche más esta temporada, de salir soñando con volver a encontrarse con esta música que te humedece los ojos y te ensancha el corazón.