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12 de febrero de 2009

...Me enamoré de un I.P. (Ficción)

Hoy ha sido un día de febrero soleado y claro, una mañana limpia con un cielo azul Sorolla, y al atardecer, la copa de mi laurel recibía de soslayo un rayo rojizo del Sol, rebotado en el pavimento de hormigón pulido, reflejando los brillos de la fachada acristalada del edificio Mapfre, situado justo enfrente en la otra parte del Río.

Esta realidad irreal se produce muy de tarde en tarde, como algunos acontecimientos espaciales a partir de unas extrañas e inusuales coincidencias naturales, pero es una realidad de la que sólo queda el recuerdo, no da tiempo a memorizar, casi tan rápida como un atardecer, un momento de paso, sin dolor, sin felicidad, con total ausencia de datos.

Me viene a la cabeza otro hecho real o irreal (no sabría como definirlo), una historia de Ficción Internáutica también indocumentada, sin nombres, ni apellidos, una emoción nacida y ubicada en este sistema de comunicación tan sofisticado que es la Blogosfera y en la que uno es un Dios, un animal, un dibujo animado, un ojo escondido en un fondo de pantalla o simplemente una silueta gris sobre fondo gris,

Mi nombre es I.P. 134.32.106.42, es lo único de verdad que exteriorizo, las máquinas no se equivocan y esta identidad es la única real que manifiesto y no la puedo obviar, pues así me bautizó Telefónica del Mundo.

El nombre de mi blog, mi contraseña, mi perfil, mi foto, mis intereses, mis libros, películas o música preferida, mi edad, mi signo zodiacal o el chino, son los que son, pero podrían ser otros bien diferentes, podría ser de izquierdas o derechas indistintamente, casad@ o solter@, podría ser Hombre o Mujer.

Pero un día se cruzó en mi camino ínternáutico el I.P. 23.127.89.33 y me dejó un comentario

“Hola, soy Casiopea, llego a ti a través del blog de Andrómeda y veo que tenemos muchas coincidencias, me gusta lo que cuentas, te seguiré leyendo, Besos”

Para empezar no está mal, uno empieza desnudo y cuenta sus medias verdades con la intención de que como nadie las leerá, al final se las terminará por creer él mismo, el vacío bloguero es demasiado denso y evidente, uno frente a nada o casi nada, pero eso es el principio y tiempo habrá (si fuese necesario) para repasar o matizar en intercambios posteriores.

“Hola, Osa Mayor, gracias por tu visita, efectivamente tenemos muchas cosas en común (¿) será un placer sentir de nuevo tu presencia en este patio de recreo, ah, a mí también me gusta lo que escribes, Besos”

El I.P. 134.32.106.42, se pregunta, ¿Quien y Como será el I.P. 23.127.89.33?

De repente te encuentras con alguien de rostro abstracto, pero de mensajes meditados, de rasgos inciertos y de narraciones fantasiosas, pero tus neuronas se inquietan, buscas hilos con los que tejer un traje que te vaya a la medida, uno que te quede bien para los domingos por la tarde, que es cuando uno se pasea “Mudado”.

Y nos emocionamos ante tanta imprecisión, una nueva locura, adoramos la pasión del viaje por los mares de la Odisea y que los cantos de sirena nos mezan con sus siseos cibernéticos, el viaje a Itaca sin embargo, sigue siendo el mejor de los antídotos.

El I.P. 134... persevera y el I.P. 23... le corresponde y ambos asisten en el mas ruidoso de sus silencios a una comunicación que “in crescendo” toma forma corriente, como de Amor indefinido,
...¿pero, que sabe realmente I.P. 134... de I.P. 23... y viceversa.
Es como registrase en un hotel como el Sr. y la Sra. Smith, (como cuenta Dustin Hoffman en John & Mary) o participar en un concurso literario con seudónimo, solo que esta ocasión el premio no lleva implícito la identificación del premiado.

¿No es esta, una historia imposible que confirma la existencia del romanticismo, en un mundo donde falta tanta imaginación?

Insisto: Este relato es pura ficción, (..o no?)

Foto: Iban Ramón