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12 de diciembre de 2009

Héroes de cabecera. Jackson Pollock (XIII)

Desde que vi la película, la imagen que me ha quedado de Pollock, es la de Ed Harris, con su gesto irritable, permanentemente enfadado e inmerso en ese mundo interior tan complejo de las personas en constante lucha consigo mismo y con todo lo que le rodea.

Harris descubrió la existencia de Pollock a través de una biografía que le dio su padre, tal vez porque físicamente se parecían o quizá porque los dos tuvieron problemas con el alcohol o que ambos procedían del medio este norteamericano, lo cierto es que Ed Harris terminó dirigiendo y protagonizando la difícil vida del más destacado pintor estadounidense, que hizo del expresionismo abstracto un forma de perseguir su paz y su propia manera de expresarse.

Pollock, era un artista sin límites, no los mostraba ni en su euforia, ni en su arrogancia, ni tan siquiera en su debilidad.
Cuando pintaba extendía la tela, normalmente sin tratar, sobre el suelo, corría o danzaba a su alrededor y dentro de ella, derramando o goteando la pintura de manera mágica y genial, en un gesto en el que participaba todo su cuerpo y así se convirtió en el principal representante de la primera vanguardia estadounidense y el paradigma del artista heroico: por su concepción de la pintura y también por su vida turbulenta..

Sus primeras obras, de estilo naturalista, representan escenas reales, pero no tardó en adoptar un estilo más libre y abstracto, distanciándose del arte figurativo y desarrollando técnicas como el splashing o el dripping, consistentes en lanzar pintura al lienzo o dejarla gotear encima de este, sin utilizar dibujos ni bocetos, “Prefiero los palos, las espátulas y la pintura fluida que gotea y se escurre, e incluso un empaste espeso a base de arena, vidrio molido u otras materias” de esta forma lo que plasma en la tela no es una imagen sino, un hecho, una acción.

Hasta entonces los elementos línea y color permitían definir el espacio del cuadro figurativo o abstracto haciendo una diferenciación entre forma y contorno. En Pollock el lienzo es una gran red de chorreados en los que la línea es al mismo tiempo el color y viceversa.
Este chorreado ocupa el espacio entero del cuadro llegando a sus límites pero nunca sobrepasándolos.

Su gesto pictórico es enérgico, pura expresión fruto del desasosiego existencial, emanando una intensa energía y desazón que trasmite al espectador, quizás a Pollock sea el artista del que se han tomado más imágenes trabajando en su taller. Estos documentos son un material importantísimo para él, ellos descifran cual es ese referente de su obra que el observador ha de recoger. Parece que el pintor tuviese claro que frente al simple muro de pintura no era evidente que ésta partía de un acto ritual.
Muere con apenas cuarenta años en un accidente de coche, conduciendo el mismo modelo con el que también se estrellaría James Dean, en circunstancias que no aclaran si se trató de un suicidio.


Fuente: David G. Torres