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9 de noviembre de 2009

Cassandre y los Argonautas


Una vez más, el Palau de les Arts se vistió de franela, lino y algún que otro tejano.
Y es que los del turno “D” somos así de sencillos, no somos de pieles, ni demás zarandajas, discretos, tribales, pero limpios, estamos en el medio, sin rechistar, somos el turno que por no llamar la atención, ni siquiera abuchea donde y cuando los demás lo hacen, somos el turno donde el Palco Real está casi siempre vacío, (que pena de asientos desaprovechados) los del “D” somos de los que no regresan a sus butacas para disfrutar de la última entrega, quedando la platea con un aspecto desolador, las 12 de la noche es muy tarde para algunos que supongo correrán a sus casas para descansar de tanto “argonauta” y llegar a tiempo de la “porno” del Plus, eso si, a los del “D” casi siempre nos dejan libres los fines de semana para disfrutar de la casita de Liria.

Decía, que una vez más el Palau, nos ha hecho soñar y ha saciado nuestros apetencias operísticas hasta la Butterfly de Diciembre.
La música de Berlioz es sencillamente deliciosa, no sólo grande, sólida y elegante que también, su conjunto me ha sorprendido gratamente y eso que en este caso, como en algún otro, iba con los deberes hechos, (de algo me ha de valer el curso acelerado que tan acertadamente nos regala Maac)
Ni una sola cabezada, al contrario, el cuerpo me pedía un bis de la Opera completa, pero en versión concierto, no hubiese podido soportar una vez más los innumerables despropósitos de los argonautas que tomaron el escenario como si de los propios griegos se tratara.

Les Troyens, es una ópera compleja de gran riqueza y variedad musical con unas aportaciones corales sobresalientes, que una vez más la orquesta y coros titulares, resolvieron de forma perfecta, de su contenido musical y demás detalles interpretativos, no voy a soltar prenda por que no entiendo, otros (Maac, Atticus, López Vargas y Titus) ya lo han hecho con extensión y brillantez.

La “Fura...” realizó de nuevo un magnifico montaje, pero no sorprendió lo más mínimo y eso no es bueno. Técnicamente perfectos, pero la participación en el entramado escénico es muy cuestionable, falla en los detalles, exagerando lo obvio o caricaturizando situaciones, elementos y personajes de forma tan infantil que en momentos perecía que estábamos viendo Pedro y el Lobo, en versión para adultos idiotas, me refiero especialmente a la pelea pugilística y al pasacalles artesanal.

No sólo es que no se potenció el seguimiento de la trama, sino que se distrajo en cantidad insufrible, la primera hora de representación nos machacaron con un infumable audiovisual de nubes de espuma de afeitar que se repetían en bucle hasta cientos de veces obligándote a seguir la Obra con los ojos puestos en el techo.
Me quedo y creo que todos nos quedamos con su trilogía del año pasado, el barroquismo tecnológico de Les Troyens, tiene muchas lagunas, puestos a padecer los excesos de ornamentación, por primera vez y sin que sirva de precedente eché de menos a Zeffirelli.

La dirección de actores fue pesada e irregular, los chicos de “La fura...” tienen licencia para salir, cruzar o quedarse en el escenario venga o no venga a cuento musical, abusando del desmontaje, corrección y posterior montaje de los elementos. Sin embargo en este “todo vale” hay que destacar momentos de gran espectacularidad, en mi opinión sublime el acto III, hasta el desmontaje de la estructura de anillos octogonales y casi todo el V con un planteamiento estético algo mas minimalista y conceptual, (me pregunto como habría sido todo esto con Robert Wilson)

Otra noche grande de una orquesta y coros que no titubean por difícil que sea el reto, de lo que seguro todos nos sentimos orgullosos.

Y como el respetable del turno “D” es tan ingenuo, reproduzco una conversación a la salida:
...”me voy y aún sigo esperando ver salir a los griegos de dentro del caballo...”

Conclusión, si describes en exceso, malo, y si sólo sugieres o conceptualizas, malo también... los del “D” somos así