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6 de marzo de 2009

...Cosí fan tutte

José II (Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico) quedó atónito, perplejo desvió su mirada hacia el ornamentado techo, preguntándose hasta donde llegaría la impertinencia de Mozart, que por tercera y consecutiva vez le presentaba el argumento de su nueva Opera defendiéndola con una vehemencia a la que ya le tenía acostumbrado.

Anteriormente habían sido las adaptaciones de los textos que solapados a la excelsa música del Maestro darían lugar a las dos primeras colaboraciones con el escritor Da Ponte, (Las Bodas de Fígaro y Don Giovanni) en este caso se trataba de un libreto original, el Monarca, no entendía que tratándose de un primer texto, sin ningún tipo de condicionante ni referencia alguna, (aunque algo les sugirió sobre el contenido de la trama al hacerle el encargo) hubiera de contener conceptos tan amorales como la infidelidad o el cambio de parejas y definiciones tan transgresoras como las que se vierten en repetidas ocasiones llamando “perras” a las damas, el libreto al fin, sufrió diversos recortes y leves modificaciones.

Cosí fan tutte, es una comedia cuyo texto no se sostiene por si mismo y mucho menos con el paso del tiempo, a lo sumo se percibe cierta crítica a la integridad de las mujeres, aunque Don Alfonso se empeñe en intentar convencernos que es del todo normal e inherente a la personalidad del género femenino, no existiendo pues una densa trama dramática, ni tan siquiera personajes complejos que desnudar.

Decía Caballero Bonald en un articulo para El País en Diciembre del 2.007, de polémico contenido y con el que no estoy parcialmente de acuerdo entre otras cosas que: “Cantar una historia ya es, desde luego, una ficción excesiva. Y si además esa historia cantada es de índole tragicómica o melodramática, la ficción adquiere el rango de una poco creíble escenificación de exaltaciones y pasiones.”

Pero en este caso al Sr. Caballero Bonald, que dicho sea de paso no ha visto nada mas que un par de óperas en su vida, se le pasa por alto un detalle y es que este conjunto de fruta convencional esta servido en Bandeja de Plata y su contenido musical es de los más hermosos en la amplia operística de Mozart, fascinante, con una narrativa orquestal ordenada, etérea, equilibrada, musicalmente maravillosa.

El “Cosí fan tutte” del Palau, he empezado muy bien, una vez mas, uno da por buenas aquellas 6 horas colgado al teléfono hasta conseguir el tan ansiado abono.
La producción inglesa que hemos visto esta noche empieza con un espacio escénico único que se mantiene a lo largo de toda la representación, ligeros cambios con un paramento corredizo calado que mantiene el ritmo y la luz sin que ese inmóvil continente te incomode lo mas mínimo, al contrario es un espacio limpio con un tratamiento de paredes muy suave, un gran volumen con una formidable vista al Mediterráneo, algún guiño minimalista (véase el banco corrido sobre la austera baranda del mirador) en una correcta combinación ecléctica con 4 ó 5 silloncitos Luis XV sin tapizar, envejecidos con pátina crema como todo mobiliario.

En este amplio, agradable y luminoso espacio la dirección de actores se luce repitiendo composiciones corales con todo el juego que dan los seis únicos personajes de la Opera, un trabajo de producción tradicional sin pretensiones o con la pretensión de ser sutilmente correcto, aportar equilibrio y acompañar en el transcurrir de 3 horas de deliciosa música.

Me ha emocionado el “Soave sia il vento” (yo creía que sólo lloraba con Puccini). Y disfrutado del esperado momento del “Come Scoglio” (que casi me sé de memoria, gracias al elaborado divertimento de Maac). Y así de placenteras unas tras otras se han sucedido escenas, arias, dúos, tríos, cuartetos, quintetos, etc.
Ya sabemos que ésta es una ópera de una narrativa musical de perfecta geometría, equilibrada en el reparto de protagonismos, secuencial, Mozart se recrea en la simetría de los personajes y sus intervenciones.
En el reparto, señalar a Bárbara Frittoli, sobresaliendo del resto y como viene siendo habitual una excelente orquesta.

Pero al final en la escena de la Boda se hizo de noche, pero no la noche que precede al día, sino la noche caótica, la noche del abigarramiento, la noche del exceso, alterando una puesta en escena dulce, intima y sosegada a la que nuestros ojos ya se habían acostumbrado, y ....apareció la carpa, Dios mío!! que agresión mas perturbadora, y acompañando a la carpa una lámpara colgante de cadeneta de Swarovski (¿) y con la lámpara, dos tumbonas por el medio con sendas fundas de una tela que no venía a cuento y todo ese espacio escénico generoso, limpio, con profundidad razonable de pronto se convirtió en una caseta de feria.


Un perfecto final para disfrutarlo con los ojos cerrados, escuchando sólo los latidos que la música de Mozart, puso en el corazón de aquellas seis entrañables figuras.

Por Cierto, se me olvidaba, una vez más los 12 asientos del Palco VIP (o como se llame) permanecieron vacíos, no se le ocurrirá a Helga un día, que puede hacer felices a 12 jóvenes estudiantes del conservatorio.