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18 de junio de 2011

TOSCA



Última representación de Tosca en el Palau de les Arts de Valencia.
Ya se han escrito crónicas más autorizadas que detallan a la perfección las representaciones anteriores. Véanse los Post de Maac, Titus o Atticus.

Tosca es el drama en su más cruda intensidad o al menos lo fue cuando salió de la pluma de Sardou. Hoy, que desdramatizar es un valor añadido, podría parecernos un tanto trasnochada, sin embargo, su música sigue teniendo una calidad dramática inigualable.

La Tosca del Palau, fue una clara demostración de lo que se puede disfrutar con una ópera, a pesar de que alguna de las cuatro patas de esa silla cojeara sensiblemente.
La ópera perfecta es aquella que nos llega flotando en un cohesionado equilibrio de musicalidad e interpretación, soportado en un espacio escénico coherente. No importa, si es barroco, minimalista, clásico, costumbrista o conceptual.
Y en el Palau tenemos una vacuna que contrarresta los efectos negativos de estas veleidades y es, un regalo que por la gracia de los euros nos cayó del cielo y que se llama Orquesta de la Comunidad  Valenciana, creada por Lorin Maazel y dirigida en esta ocasión por Zubin Mehta.

El resto ayudó obviamente. Jorge de León hizo un Cavaradossi valiente, descarado con los agudos, regalándonos un "E lucevan le stelle" que levantó al personal. Bryan Terfel rubricó un Te Deum grandioso, que nos dejó clavados en la butaca, olvidándonos de que era la hora del cava. Oksana Dyka casi perfecta, le faltó enfadarse más con su destino y con el propio Scarpia.

No sabría como definir la escenografía de esta Tosca del Palau, pero las he visto mejores en algún "aproposit" fallero. En este punto, lamento ser tan cautivo de mi profesión, que me hipoteca hasta la intolerancia. El trabajo de la arquitecto Isabelle Partiot, no es una puesta en escena barata, como se la justifica en diferentes foros, aludiendo a la crisis económica que padecemos. Es más bien una escenografía pobre. Barata fue, la Traviata de Willy Decker en Salzburgo, la Butterfly de Lindsay Kemp en Santander o la Carmen de Saura en el propio Palau.

A la vista de los elementos utilizados, sus movimientos, el audiovisual del principio y final y ese monolito horizontal de cartón piedra, que es a la vez mesa y bajada al metro, uno piensa que hay cierto mensaje ecléctico, o una tímida intención de conceptualizar el drama, pero todo se queda en un guiño fallido.
Otra parte de la pata coja fue el vestuario, o a éste (ordinario y tradicional) le faltaba una buena dosis de decorados a lo Zeffirelli o a esa puesta en escena mixta (o sin definir) le faltaba ropa de calle.


Pero insisto, lo que queda es un agradable sabor de haber vivido otra noche mágica con un Puccini que te aplasta de principio a fin, dejándote pegado al asiento, esperando que por una única vez, las balas que acaban con Mario, esta vez (también en el libreto) sean de salvas y éste se levante para marchar con Floria con esa pasión pucciniana que nunca muere.

10 de febrero de 2010

La última Lucia

Ultima representación de Lucia de Lammermoor en el Palau de les Arts de Valencia

Tercera ópera de una temporada que debido a la crisis y a la demora en la confirmación del programa, se recibió con cierto estoicismo, la polémica sobre la continuidad de Lorin Maazel y la escasez de figuras de renombrón, generalizó variadas expectativas sobre la temporada lírica del Reina Sofía.

Irónico es el dicho gitano de: "No quiero hijos con buenos principios" e irónico está resultando que esta temporada tan cuestionada, sobre la que se sembraron dudas en muchos aspectos, está siendo sobre la marcha, la mas regular.
Tres óperas, tres éxitos incuestionables, tres espectáculos que han recogido mayoritariamente muy buenas críticas.
De la Lucia de ayer, ya se ha dicho todo, recomiendo las minuciosas y amplias crónicas de Titus, Atticus, Fernando y el repertorio de entradas sobre la misma de Maac.
Esta producción, que se estrenó hace 13 años, acusa en lo escénico el paso del tiempo, más aún, estando tan reciente la última Butterfly, que tan gratamente nos sorprendió a todos. En esta Lucia alquilada, se evidencia un desajuste en la ubicación del escenario, este, más grande que aquellos en los que se estrenó, por lo que hubo que enmarcar el espacio escénico, detalle sin importancia, pues sólo la escena del baile se el desarrollo con algunas apreturas.

Un puesta en escena de mínimos, (que no minimalista) con algunos símbolos presentes en toda la obra, que el recurrente movimiento de paneles conseguía potenciar, en definitiva una puesta cómoda, correcta, cómplice en todo momento de la trama.
 Por lo demás, demasiadas interrupciones, las del público que quiso premiar todas y cada una de las arias y otras musicales dentro de los propios actos, y para terminar, un tercer acto extraordinario de los que hacen afición, con una Nino loca de Amor, en una escena en la que es fácil caer en la teatralidad y pecar de amaneramiento y que sin embargo ella, bordó con una sutileza y sensualidad admirables.

Ahora, abstinencia en Marzo y a esperar a los Corleone en Abril.

28 de febrero de 2009

...Héroes de cabecera (VIII) Luciano Pavarotti

“Nunca habrá otra voz como la de Pavarotti” puntualizaba la mujer con la que compartió nodriza, con la que jugó de niño y creció y a la que acompañó con éxito en infinidad de Operas por los mejores teatros del Mundo, Mirella Freni lo quería como a un hermano y él presumía de esa amistad y añadía divertido, “He hecho de todo con Mirella, menos el Amor”

Mucho había llovido desde aquella primera “Bohème” en Abril del ‘61 en el teatro de Regio Emilia donde ambos iniciaron su andadura operística o aquel primer estreno en el 68 de La Traviata con Freni en La Scala, donde un joven y fornido Pavarotti la rescató del acoso de los periodistas que la asediaban sin piedad al terminar la representación: “Nana, (le dijo) trae la maleta que te llevo a casa”
Dos horas después dormían en sus respectivas camas en Módena.

De niño nunca tubo dudas respecto a su futuro, él quería ser futbolista profesional, no estaba mal, para venir como venía de padre panadero y madre cigarrera, aunque a pesar de todo, su madre no dudó en convencerle para que estudiara magisterio, fue docente durante dos años hasta que empezó a tomar lecciones de canto.

Pavarotti, creció grande en todos los aspectos, generoso con su voz y con su vida, feliz, bromista y un auténtico mago del Show Business, en el que él era el primer admirador de si mismo, por que él era el Espectáculo mismo. Actor que aprendió a dar las gracias desde el escenario, en un gesto muy particular abriendo su gran humanidad, que se proyectaba a través de sus brazos que extendidos hacían desaparecer tras ellos los decorados.


Hay muchos momentos importantes en la vida profesional del Tenor, pero sin duda uno de los de mayor trascendencia fue el de su aparición en el Covent Garden londinense, el joven mocetón emiliano de metro noventa fue llamado para reemplazar en La Bohème al gran Giuseppe di Stéfano, el triunfo fue total, triunfo que siempre le ha agradecido al público inglés, del que aseguraba que le debía su éxito y descubrimiento.

O en Dublín, encarnando al duque de Mantua de Rigoletto, donde llamó la atención del director australiano Richard Bonynge y de su célebre mujer, la soprano Joan Sutherland, quienes le contrataron para una larga gira que supuso el despegue internacional del tenor.

En el Metropolitan Opera House de Nueva York, también en una sustitución, interpretó la ópera La fille du régiment de Gaetano Donizetti, en el aria para tenor del final del primer acto hay uno de esos listones que se deben saltar en la carrera hacia el divismo y así lo hizo, Pavarotti sacó de las profundidades de su enorme estructura corporal los nueve “do” de pecho seguidos, fue la locura, el rey del do agudo se había convertido en "Tenor de Tenores", capaz de acometer esos agudos y acariciar las frases con una contundente sonoridad y sedosa fluidez, este feliz acontecimiento se vio correspondido con una portada en el Time


En EEUU empezó a demostrar que su talento tenía acomodo no sólo en el Metropolitan, sino también en el Madison Square Garden, donde fué pionero en la popularización de este arte, llevándolo más allá de los clásicos circuitos operísticos.



Solidario, como pocos, prestaba su voz y su imagen a cualquier acontecimiento que tuviera que ver con las necesidades e injusticias latentes en el Mundo, los marginados y sobre todo los Niños.

Con este objetivo nacieron iniciativas como “Pavarotti & Friends” o la donación de una importante cantidad de dólares para la compra de un terreno en el Sur de Chile donde edificar un hogar para niños abandonados, donde construyó el Hogar “Madre Eleonora Giorgi” en la localidad de Puerto Aysén a dos mil kilómetros al sur de Santiago.

Cantó para los niños de Guatemala, de Kosovo, de Angola, de Mexicali, refugiados en Zambia o en Afganistán, compartiendo estos eventos con cantantes del Pop como Sting, Bono, Zucchero, Lou Reed, James Brown, Andrea Bocelli, Grace Jones o renombrados diseñadores de moda italianos que apoyaban los citados eventos diseñando para cada uno de ellos camisetas que serían vendidas en los conciertos, incluyendo firmas entre otras de Giorgio Armani, Dolce & Gabbana, Gianfranco Ferré, Alberta Ferreti o Versace.

Pero lo que realmente hizo subir su popularidad fueron las actuaciones junto a los tenores españoles José Carreras y Plácido Domingo, bajo el conocido nombre de "Los tres tenores". En 1990 el trío dio un concierto de gala en las Termas de Caracalla (Roma), comenzando una carrera musical conjunta que les llevaría a recorrer el mundo entero, introduciendo los clásicos de la ópera a una audiencia estimada de 800 millones de personas.

La dimensión artística y humana de Pavarotti, ha sido la de un Superstar, solo comparable en la ópera a la de Caruso o Callas.
Él contribuyó decisivamente a que el arte lírico trascendiera más allá del propio espectáculo.
Era un Tenor de voz limpia y extensa, lírico y dramático, de una sonoridad culminada con cristalinos y dulces agudos que le permitían abordar todo tipo de repertorios y gestionar su tesitura vocal con la naturalidad que daba un canto sin artificios, su color, su timbre, su modo de expresar, han sido inigualables.

En su última aparición en público que tubo lugar en la ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos de Turín en febrero de 2006
Pavarotti, no cantó en directo, el frío calante y el agudo dolor que le debatía en su particular lucha contra un cáncer que le diagnosticarían mas tarde, le obligó a utilizar una grabación y el “Nessun Dorma” voló por última vez al cielo italiano y por extensión al resto del firmamento.


Luciano Pavarotti está en posesión de muchos premios, Un Grammy, Un record Guinness, etc. pero el que realmente cuenta es el reconocimiento de haber influido en la vida de millares de niños por todo el Mundo y el respeto y admiración de todos los amantes a la Música de todos los colores.

5 de febrero de 2009

...Gualtier Maldé, “Caro nome"




“El gobernador militar de Venecia, señor Gorzowski, deplora que el poeta Piave y el célebre músico Verdi no hayan sabido escoger otro campo para hacer brotar sus talentos, que el de la repugnante inmoralidad y obscena trivialidad del argumento del libreto titulado La Maledizione. Su Excelencia ha dispuesto pues, vetar absolutamente la representación y desea que yo advierta a esta Presidencia de abstenerse de cualquier ulterior insistencia al respecto...” Así, es como se las gastaba la censura de la Época, a pesar de que Verdi, intuyendo ese riesgo aceptara previamente el cambiar los nombres y los lugares, pero manteniendo el núcleo del Drama tal y como se lo había adaptado Piave sobre la novela de Víctor Hugo “El Rey se divierte”. La Obra ya había estado censurada en París, por manifestar abiertamente el libertinaje de un Rey, por ambas razones Verdi se avino a negociar con la autoridad militar italiana los cambios en el contenido de la nueva Opera que el Teatro La Fenice de Venecia le había invitado a componer para ser estrenada en la ciudad de los canales.


El asunto se resolvió gracias a la diplomacia de los administradores del teatro que una vez de acuerdo con Verdi y su libretista Piave, convinieron en modificar cinco puntos, a saber: Trasladar la acción de la Corte Real a una Corte menor. Cambiar los nombres de los personajes inventados por Víctor Hugo. Cambiar la escena en que el libertino posee una llave para acceder al cuarto de la protagonista por otra distinta que respete la necesaria decencia y por último la visita del Rey a la taberna será casual y no dictada por bajos propósitos. Verdi aceptó estas condiciones y el contrato se firmó. El Maestro, en cambio mantuvo la estructura tradicional del Melodrama con la complejidad de su protagonista, Rigoletto, y eso no lo pudo cambiar la censura con sus condiciones. Así fue cómo nació la ópera tal y como hoy se la conoce. El bufón Rigoletto es un personaje grotesco, que se mueve entre el afecto por su hija y el odio por el Duque y los cortesanos, exactamente tal y como Verdi lo quería reflejar.


A lo largo de la vida de las personas hay instantes especiales en los que se enciende una luz que es el principio y causa de otros muchos momentos iluminados, obviamente por aquella época ya conocía la existencia de los populares “brindisi” de la Traviata, el “va pensiero” coro de los esclavos de “nabucco” o incluso “La donna e inmobile” del mismo Rigoletto, pero fue precisamente al escuchar el “caro nome” cuando sentí el flechazo y me enamoré incondicional de algunas de las óperas del maestro parmesano. “Caro nome” es una de las más famosas arias de soprano de todos los tiempos, cantada por Gilda con sencillez y dulzura, empieza tímidamente y su voz se dispara llenándose de coloraturas que se hacen mas complejas tal y como avanza el aria, acompañada con una mínima orquestación ligera de flautas y violines que envuelven musicalmente este romántico tema. El duque escondido se entera de que Gilda es en realidad la hija de Rigoletto y tras sobornar a su doncella Giovanna logra entrar en el jardín de su casa y le declara su amor. El duque miente a Gilda sobre su identidad diciendo que es un estudiante y que su nombre es Gualtier Maldé. Afuera se oyen las voces de los cortesanos Ceprano y Borsa que planean el rapto de Gilda, a la que suponen equivocadamente amante de Rigoletto. El duque se marcha y ésta se queda sola repitiendo el nombre de su enamorado, “Caro Nome”.

                       


Caro nome che il mío cor
festi primo palpitar,
le delizie dell'amor
mi dêi sempre rammentar!
Col pensiero il mio desir
a te ognora volerà,
e pur l' ultimo sospir,
caro nome, tuo sarà.




15 de noviembre de 2008

...La Miller que yo vi.

Tengo un amigo que tiene la costumbre de limosnear en cualquier caso y circunstancia a los músicos callejeros, él opina que “La Música hay que pagarla” estoy de acuerdo con él y ya me he acostumbrado a rascarme el bolsillo en busca de alguna monedita cuando el músico-mendigo de turno se acerca con su abollada y vieja caja de galletas para recoger las dádivas por su irrepetible versión del concierto de Aranjuez con el que nos acaba de castigar, digo esto por que la Música en cualquier formato es un regalo de Dios, no me imagino lo duro, que después de haberla conocido, sería vivir sin Ella.

Asistir a un concierto en directo es lo mas sublime que nuestro adulto corazón puede soportar y si en este caso se trata de una Opera, en el Palau, con un Maazel magnifico, una Orquesta disciplinada, joven y madura y un Coro entrañable, pues el acontecimiento se eleva al límite máximo de lo soñado.

En alguna ocasión he comentado que la Opera tiene una peculiaridad que difícilmente se produce en el Cine, en la Pintura, en la Literatura o incluso en otro tipo de Músicas, si es cierto que en todas estas manifestaciones artísticas y cuando se trata de auténticas Obras de Arte están permanentemente “vivas” y su multivisión te permite extraer lecturas diferentes, matices nuevos, descubrimientos y percepciones que están mas relacionadas con nuestra creciente madurez, el mejor conocimiento del medio o una explicación o aclaración en un momento determinado, de esta forma no es lo mismo ver el cine de Buñuel con el paso del tiempo, el Guernica después de la cuarta visita al Reina Sofía, la lectura de García Márquez por enésima vez o un concierto enlatado de los Crimson cuando ya crees que te los sabes de memoria.

Pero, ...¿que pasaría si fuese Coppola el que versioneara “Viridiana” o Barceló el que reinterpretase a “Picasso”, Pérez Reverte reescribiera “Cien años de soledad” o U2 lo intentase con “In the Court of the Crimson King”?


Situaciones que sin embargo son habituales en las representaciones de la Opera, o ¿..es acaso esta Luisa Miller la misma que la de su estreno en el napolitano San Carlo en Diciembre del 49?, claro que siendo rigurosos esto vale para todas las óperas existentes.

La Luisa Miller que vi por primera vez el pasado 13 en el Palau distó algo de la me imaginé después del acelerado cursillo por fascículos (robados al blog de Maac) que me descubrieron tímidamente detalles
de este melodrama con luchas, intrigas y traiciones por el poder y por el Amor a los que ya nos tienen acostumbrados los libretos operísticos.

Opera de música amable, distendida y serena con pocos recitativos, por lo tanto mas continuada, la quinceava en el orden compositivo de Verdi y al parecer caldo de cultivo de lo que podrían ser a partir de ese momento otras óperas del maestro parmesano, en el segundo acto se apuntan repetidas las primeras notas del que mas adelante sería uno de los mas bellos y estremecedores arias de “La Traviata”
Un tercer acto brillante en el que tanto Álvarez como Voulgaridou levantaron un listón que hasta ese momento sólo me pareció correcto, no pude evitar echar de menos al otro Álvarez.

Sin obviar que es una producción del teatro Massimo de Palermo que cuenta con fondo de escenario que es una caja de cerillas comparado con el Palau entendemos que la puesta en escena sea tan limitada y precaria, ingeniosa con buenas vibraciones cuando se levanta el telón, pero decepcionante cuando empieza a desnudarse y se parece mas una corrala propia de las tópicas zarzuelas madrileñas que el resultado de un concienzudo estudio de escenificación, amén que cada uno de los habitáculos en los que se desarrollaba parte de la acción quedaban pequeños y con una ornamentación impropia tanto de las dependencias de Miller como de los salones del castillo del Conde, por primera vez he echado de menos a Zeffirelli.

Una vez mas la precipitación en el merecido aplauso de la mayoría de los asistentes me ha dejado sin el completo disfrute de los soberbios últimos treinta segundos del final de la ópera, pero a pesar de todo he salido contento, satisfecho y orgulloso por haber presenciado de nuevo un acontecimiento musical de esta tesitura en nuestra ciudad.

28 de septiembre de 2008

...Los Corleone mueren con Mascagni de fondo




He visto por enésima vez la tercera entrega de «El Padrino» y, por enésima vez, he deseado inconscientemente que llegaran las escenas finales tanto de la entrada del Teatro Massimo de Palermo, como las de la muerte de Michael en el jardín de su casa siciliana. Ahí donde el veterano Carmine Coppola recoge en minutos concentrados la esencia de la Opera de Pietro Mascagni: Cavallería Rusticana, que junto a un paquete de temas sicilianos, una tarantela y una mazurka, claras melodías folklóricas, ambientan las estancia de Michael en Sicilia. 

Un día, Mascagni, puso el ojo sobre una página de la revista Il Teatro Illustrato en la que se daba la noticia de la tercera convocatoria de un concurso de óperas de corta duración, promovido por la Editorial Sanzogno y dirigido a jóvenes compositores con un premio en dinero y la inmediata puesta en escena de las que lograran los tres primeros lugares. El plazo de entrega estaba cercano y el tiempo escaseaba.
El compositor buscó con ansiedad un punto de partida y fue un antiguo compañero de colegio, Giovanni Targioni-Tozzetti, quien le propuso el argumento de Cavallería Rusticana, una obra teatral ambientada en Sicilia y centrada en una historia de celos que culminaba en un duelo mortal. Para adelantar el trabajo, le escribían el libreto a trozos y se los enviaban por carta, algunas veces incluso en tarjetas postales. Mascagni componía la música a medida que el texto le llegaba. Sin embargo, en el último instante, cuando la obra estaba acabada, el compositor se desanimó, convencido de que nunca ganaría el concurso. Según algún historiador, fue su mujer la que envió a escondidas la partitura de Cavallería Rusticana al jurado.
El envío de la obra procedía de Cerignola, un oscuro pueblo de Italia del sur, donde el joven Mascagni se buscaba la vida como podía, con poca gloria y menos dinero. Por entonces, Pietro Mascagni tenía 25 años de edad y era casi un desconocido. Se había retirado del Conservatorio de Milán y trabajaba como director de una compañía itinerante de ópera. Nadie pensaba (ni siquiera él) que en tan corto plazo de tiempo, pasaría a ocupar un lugar importante en la vida musical de la Italia de fines de Siglo XIX.

Cavallería Rusticana, se estrenó el 17 de mayo de 1890 en el Teatro Constanzi de Roma. El clamoroso y explosivo éxito que obtuvo en la noche del estreno se ha constituido en un episodio que marca un hito en la historia de la ópera por cuanto que Mascagni tuvo 60 llamadas a escena al finalizar la representación.
Las acciones se desarrollan en Sicilia, el día de Pascua, y narran un trágico episodio de celos y de muerte protagonizado por el soldado Turiddu, su amante Lola, la despechada Santuzza y el marido de la primera, Alfio. La trama es sórdida, violenta y trágica, máximo exponente de un Verismo con obvia tendencia a reflejar situaciones cruelmente cotidianas.
Creador de 14 óperas y otras composiciones, se lo conoce casi exclusivamente por Cavallería Rusticana. Incondicional del régimen fascista de Mussolini del que fue músico oficial, ocupó el cargo que Toscanini abandonó al frente de La Scala, cayó en desgracia en sus últimos días por su apoyo al fascismo, fue destituido con la expulsión de los nazis de Italia y confiscaron sus bienes.

Murió en la indigencia en 1945. De su producción operística sólo sobreviven “Cavallería rusticana” y “L’Amico Fritz”.

                                                       

26 de julio de 2008

...tre sbirri, una carrozza,


Cuatro años después de La Boheme, Puccini escribe su siguiente opera Tosca, el maestro cambia su actitud y compone una partitura estremecedora, vertiginosa en la que se dan por igual drama y romance y un desenlace especialmente trágico, la estructura de esta ópera es perfecta, se podría decir que en Ella nada falta y nada está demás.
Una vez mas una mujer hermosa, otra heroína Pucciniana a la que hace vivir los momentos más conmovedores que una mujer pueda desear y que una soprano pueda recrear.

Tosca no es simplemente un maravilloso melodrama lírico, sino también posee un importante fondo histórico que no se evidencia en exceso debido a las transformaciones realizadas a partir del original del primer libreto.
Al presentar una ópera como Tosca debe hacerse necesaria alusión a la corriente llamada “verismo”, la cual se caracteriza por plasmar detalles realistas de la vida común y corriente, con sus miserias y dramas, buscando efectos escénicos de fuertes impacto y recalcando a veces aspectos crueles de lo cotidiano.
De Tosca son célebres las arias de tenor “Recóndita Armonía” y “Elucevan L’estelle” y las de soprano “Vissi d’arte” en la que Floria Tosca clama al cielo por un sufrimiento que ella considera injusto, pero como en la mayoría de las Operas hay verdaderos regalos que el compositor hace a otros personajes menos protagonistas y tan importantes en el contexto de la obra como en este caso al Barítono que cierra el primer acto con un auténtico tesoro: el “Te Deum”
Conocido por “Tre sbirri, una carrozza, presto..."
Floria Tosca parte hacia la casa de Cavaradossi, pretendiendo sorprenderlo con la presunta amante, el Policía da la orden de que la persigan mientras se une hipócritamente a la procesión del Te Deum.
El Barón sumido en un recelo desmedido, pasa por alto el principio del acto religioso y no se da cuenta hasta ya avanzado el oficio de que su incontrolable pasión por Tosca le está haciendo olvidar a Dios. “Tosca, mi fai dimenticare Iddio!”
Mientras, la iglesia se llena de gente festejante. Llega el cardenal y se canta el “Te Deum”, para agradecer a Dios la victoria austriaca, ya que alejaría definitivamente Napoleón de la ciudad.
Cuatro minutos que te envuelven y te arrojan sin piedad a un apoteósico final con un escenario resplandeciente, repleto de actores y de música

                                              

La primera vez que presencié esta ópera fue en el Palacio de Festivales de Santander (20/12/00) con Alain Fondary (Scarpia) dirigido por Marco Armiliato y con escenografía de Roberto Laganá, la segunda en Torre del Lago (Lucca 17/08/02) con Ko Seng Hyoun (Scarpia) dirigido por Roberto Tolomelli y escenas de Beni Montresor , en esta última Antonia Cifrone hizo un bis del “Vissi darte” y la tercera en el Gran Teatre del Liceu (08/11/03)con Robert Hale (Scarpia) a las ordenes de Giuliano Carella y Robert Carsen (Escena)el video que ilustra este comentario pertenece a la versión cinematográfica de Benoit Jacquot con Ruggero Raimondi cono el Barón Scarpia dirigido por Antonio Pappano con los coros y orquesta de la Royal Opera House. El diálogo que mantienen, barítono, coros y orquesta en apasionante, intenso, ascendente, las amenazas y los planes del Barón se dibujan histriónicos y llenos de matices, "Qué prometedora es tu sospecha! ¡En tu corazón se anida Scarpia...! ¡Vete, Tosca!"


19 de junio de 2008

...te quiero, Richard


Estuve en la “Siegfried” del día 17, habiendo procurado que no influyeran demasiado los comentarios leídos en otras entradas ya escritas.

De todos es sabido que de una a otra representación pueden haber ligeras diferencias, más en la parte artística y musical que en la técnica que es más mecánica y artificial.

Es totalmente innecesario explicar que, en cualquier caso hemos asistido a unas grandísimas representaciones o al menos es lo que he percibido de los muchos comentarios oídos y leídos y lo que a mi particularmente me ha parecido.

En un debate previo, en el que se utilizaron con frecuencia términos como Simbología, Conceptualidad y Representatividad, alguien preguntó: ¿Sería un Wagner diferente el que veríamos en función de quien escenificase esos términos? ..¿sería el mismo, de la mano de “La Fura..., que de la de Zeffirelli o de Otto Schenk, por decir algunos? La respuesta bonita, pero cuestionable sería que SÍ, porque en cualquier caso el Wagner que percibiríamos siempre sería el que llevásemos dentro de nosotros; pero ese que llevamos dentro puede quedar levemente dañado si lo lesionamos por exceso o por defecto.

Siegfried forma parte de un denso y complejo cuento para adultos, con ingredientes en cantidad tal que permiten ser amplia y pautadamente representados, con un fondo de permanente disputa entre “Dioses” y “Héroes” “La Espada y La Lanza” “La Verdad y la Mentira” o “El Valiente y La Traición” y al final, por fin “El Amor”

De este Siegfried, el del 17, me quedo especialmente con el 2º Acto, musicalmente me pareció mas acertado con la densidad dramática de la Obra y aunque hubo que esperar hasta el 3º para gozar de Jennifer Wilson, (a la que dicho sea de paso le costó una eternidad despertar y levantarse, supongo que debido a ese insólito corsé y vestido ajustado que la habían diseñado) decía que en el 2º se dieron los mayores aciertos en esa conexión tan compleja de cantantes y su espacio escénico.
La proyección de audiovisuales, soporte protagonista del toda la obra fueron equilibrados, sutiles y sin cambiar un ápice su contenido que acompañaron oscilantes, sugerentes, fondos de pantalla que parecían reflejar constantemente la escultura–móvil tipo Calder que presidió y movilizó todo este 2º Acto, (al contrario que los insoportables fluidos o gotas de mercurio del 3º que invitaban a cerrar los ojos y escuchar en total oscuridad el largo y maravilloso duo de amor de la 3ª y última escena)
Sublime la aparición del magnifico y articulado “Dragón”, lentamente, oscilando aleatoriamente las partes de su acerado cuerpo y oliendo a muerte, se sitúa en el centro del escenario y con un giro de 90 grados sobre su base central invade el espacio aéreo del foso, advirtiendo al Sr. Mehta que defenderá con su vida el tesoro celosamente guardado, al tiempo que un bello pájaro con cuerpo de mujer y voz de ángel baja de los cielos o que gusanos de seda devoradores de enanos desaparezcan mágicamente con su presa por el fondo del escenario.

Me quedaré aquí, por que mucho se ha escrito de este Siegfried y de teclas mas expertas que las mías, sólo agradecer a Maac y Ximo las críticas y referencias musicales que me han ayudado a entender mejor esta tercera entrega del “Anillo”

2 de junio de 2008

Turandot... en caliente



Cuarta y última representación de Turandot en el Palau de les Arts
El singular (ya menos) e impactante coliseo operístico valenciano cerró su primer bloque del Festival del Mediterráneo con un Turandot para todos los gustos. Difícilmente esta Opera del maestro de Lucca puede dejarnos indiferentes, la brillantez de su música; su última e inacabada obra compuesta en su momento mas maduro y completo, la riqueza de sus personajes, situada en un Pekín con todos los alicientes para una magnifica escenografía, parece un cheque en blanco para unos “lares” en los que las necesidades de Opera son tantas que hasta podríamos comulgar con ruedas de molino.
Pero tenemos un gran Palau, tenemos una preciosa escolanía, tenemos un excelente coro y tenemos una brillante orquesta y siempre un gran director que la dirige, todo lo demás es una pura lotería, es cierto que con Fidelio establecimos un precedente difícil de superar, una producción propia perfecta, deslumbrante y comercial teniendo en cuenta el éxito que está teniendo fuera de España.
Y esta de hoy, con otra producción propia era una ocasión perfecta para repetir la experiencia, pero (siempre está el pero o el casi) lo que tengamos que vender que es la esencia que deja la dirección de personas y de escenas creo que ha sido muy, pero que muy justito.
Porque el resultado del trabajo de los cantantes, del coro, de la orquesta es irrepetible, cada representación es diferente y más diferente todavía cuando esta representación se hace en otro teatro, en otro momento, con otros cantantes, es la grandeza del teatro con respecto al cine, nunca nada se repite con la exactitud de la copia.
Por ese motivo creo que esta producción del Palau y siempre en mi opinión hace agua por varios sitios, a saber:
-El movimiento de figurantes es torpe y barato, muchos haciendo pocas cosas.
-No me creo a un Rey al que ya conozco de otras veces, de pronto con “parkinson” es mas, me ha resultado grotesco e irrespetuoso.
-En el principio del tercer acto, he buscado inútilmente al pueblo de Pekín deambulando ansioso por el jardín alumbrándose con linternas de aceite en busca de la pista que les descubriese el nombre de Calaf.
-En un fondo de escenario excesivamente iluminado (es noche profunda)
-Un enorme círculo heráldico chinesco reflejando mas luz sobre el escenario y en situación totalmente asimétrica, cuando la obsesión de Chen Kaige durante toda la obra ha sido la de mantener una armoniosa simetría tanto en elementos arquitectónicos como en distribución de coro y figurantes.
-Hasta 8 vestidos le han hecho en China a la "Princesa de hielo" para esta representación, podían haberse evitado alguno, sobre todo el "batín" rojo del principio del 3er. acto.

Insisto es mi opinión. En lo musical, hoy el Sr. Mehta no ha podido con Guleghina, pero si se ha subido a lomos de Berti, e inaceptables las dos largas e intencionadas pausas después del “signore, ascolta” y “Nessun dorma” propiciando el mas que por supuesto merecido aplauso del público, cuando además en el caso del segundo no figura en el guión.
Por lo demás una auténtica delicia, aunque en caliente.

26 de abril de 2008

...Una mariposa en el Palau

Veintidos años mas tarde, Lorin Maazel vuelve a dirigir esta misma producción que en Febrero de 1.986 presentara el Teatro Alla Scala de Milán.
El Palau de les Arts de Valencia cierra su temporada oficial con esta “Madama Butterfly” de aproximada estética minimalista junto al más intenso sentimiento Pucciniano.

Las reposiciones tan calcadas, tan fieles como esta corren el riesgo de perder actualidad, la frescura que evidentemente lo fué de este planteamiento del "menos es mas" sólo ha cumplido años.


El trabajo de Keita Asari, al contrario que el de Zeffirelli, no precisa de grandes manifestaciones barrocas en la ornamentación, su espacio escénico es tan solo una sutil sugerencia de donde estamos y que vamos a ver, pero de una pureza de líneas y mensajes subliminales que nos llegan en forma de luces, claroscuros, el día y la noche, escenografía equilibrada pero vieja y ya conocida (22 años) pero que tiene el momento sublime en la escena final del segundo acto, Butterfly, Suzuki y el niño se recogen a esperar a que amanezca: 

Haremos tres agujeritos en el Shosi para poder mirar y nos quedaremos callados como topillos” los rayos de la luna iluminan sus enmarcadas caras. El genial coro “ a boca chiusa” y sin que baje el telón funde el final del acto segundo con la overtura del tercero.
Personalmente prefiero al Pinkerton de Milán el tenor Peter Dvorsky, de aspecto e interpretación más convincente, Maximiliano Pisapia, también excelente tenor, de buen timbre y proyección parece que por alguna extraña e inexplicable razón lo tenemos abonado en roles de suma importancia (Rodolfo de La Boheme, Gabriele Adorno de Simón Bocanegra y ahora Pinkerton) Ella, Butterfly (china en este caso) estuvo a la altura de las expectativas creadas, la muy premiada Hui He cumplió con creces y enloqueció al personal, que en esta ocasión me pareció mas receptivo y concentrado que en otras, es de agradecer esos segundos posteriores a la última nota que te permiten mantener el ensimismamiento y el disfrute de lo acontecido.


En lo personal, a cada Butterfly que veo, mas mal me cae el impresentable teniente de la cañonera Lincoln y menos me creo a la engañada y seducida Mariposa, como dice Bernat Dedéu en su blog, (entre otras cosas) ”hoy las quinceañeras japonesas no le darían ni los buenos días y a ella, es para darle de hostias por creer en vacas voladoras” (duro Bernat, eh?)

En fin, muchos aplausos, bravos y bravas y un paquete de clinexs entero para secar las incontenibles lágrimas que en instantes de belleza incuestionable te proporciona el sabio Maestro de Lucca

25 de enero de 2008

Ls tres traviatas



Violetta vestida de noche, deslumbrante entre las luces de esta Navidad pasada: la fiesta del primer acto de La traviata, una ópera sobre la vida y muerte de una mujer que encarna la condición generosa de media humanidad, podría hoy celebrarse en cualquier principal ribereño del río de oro que es el nuevo paseo de Gràcia.

A ellos dedico mis tres recomendaciones de hoy, Tres Traviatas inolvidables, protagonizadas por tres mujeres fascinantes en sendas tomas en directo -dejo de lado las grabaciones en estudio-. Puede que haya errado en mi elección y me convierta en el blanco de su renovado enfado, pero, siempre malévolo, sé de sobras que los más listos y sensibles de entre ellos se rendirán tras ver y oír el milagro de Verdi. Vamos con la primera.

Cada década tiene su Traviata. La de ésta, que ya va mediada, probablemente será una que se puso en escena en Salzburgo hace unos veranos y que exhibe, ejemplar, la gran ilusión de una cultura cosmopolita y levemente fraternal: una joven soprano rusa e increíblemente hermosa, Anna Netrebko, canta y se mueve en escena extraordinariamente bien dirigida por el alemán Willy Decker, quien hizo girar toda la producción en torno a Violetta, como debe ser. La acompaña, correcto, Rolando Villazón, un tenor mexicano, cuyo padre en la obra, el barítono estadounidense Thomas Hampson, madura en el tercer acto cuando reniega de su hijo y brama: "De desprecio digno se vuelve quien, incluso en la ira, a una mujer ofende". El italiano Carlo Ricci dirige la Orquesta Filarmónica de Viena. Encontrarán el CD en cualquier buen comercio de discos, pero sugiero que elijan el DVD: a la Netrebko, hay que verla.

El anciano maestro Georg Solti dirigió, a sus 82 majestuosos años, la Traviata de la década pasada, protagonizada por la entonces joven soprano rumana Angela Gheorghiu, quien, hipnótica en sus dúos de amor con el tenor, corta la respiración del oyente: compren el DVD de la grabación en directo en La Scala de Milán en 1994 si no quieren esperar a Netrebko, aunque tampoco sabría a qué carta quedarme si tuviera que decidirme por cualquiera de ellas. A Gheorghiu, Violetta le llegó en el momento justo, pero no le cayó del cielo, pues merecía un papel que se gana a pulso en cada gesto.

Mi tercera Traviata es la primera, la mejor de la historia, pero en ningún caso debería ser su elección prioritaria, pues las grabaciones existentes -siempre en directo- oscilan entre lo malo y lo mediano. En cualquier caso, Maria Callas fue, sin discusión, la Traviata del siglo XX: este año ha hecho justamente 55 que cantó una Violetta transfigurada en La Scala, bajo la dirección musical de Carlo Maria Giulini. El hiperestésico director de cine Luchino Visconti -envidiada mezcla de aristócrata, homosexual y marxista- se encargaba de la escena sin permitirse un fallo, mientras que una increíble Lila de Nobili iba vistiendo a Violetta, primero de negro, claro; luego en tonos apagados de verde y azul; de satén rojo en el tercer acto, y, al fin, de blanco.

Toda una generación de artistas e intelectuales catalanes fue literalmente raptada por el talento dramático de la voz rara, imperfecta e irrepetible de la Callas, por la inmensidad de su rostro y por la elegancia de su delgadez estrenada y suicida. Gentes como Lluís Pasqual o Terenci Moix han sabido ver que La traviata culmina en la escena tercera del segundo acto, cuando Violetta se despide de su amante sin contarle lo que está haciendo, extraviándose para siempre y arriesgándose a morir sola, como un perro: "Ámame Alfredo, ámame tanto como yo te amo, ámame Alfredo, siempre, siempre, siempre".

Si ustedes se empeñan en hacerse con una versión de las tres o cuatro grabaciones en directo de las Traviatas de Maria Callas, la más potable es una de 1958, tomada en el Teatro Nacional de San Carlos, de Lisboa (Franco Ghione, director).

Hoy, a diferencia de lo que sucedía en los años cincuenta del siglo pasado, prima la dirección escénica, a veces en detrimento de la calidad musical y vocálica, pero una de las ventajas de La traviata es que exige cantantes muy polifacéticas y, a ser posibles, creíbles en escena: cualquiera de las tres que les he seleccionado resultan modélicas.

En La traviata, Verdi todavía no es el compositor de Otello, entre otras cosas porque ni su libretista de la época -Piave- era Arrigo Boito, ni Alejandro Dumas hijo era Shakespeare. Pero aun así, su música consigue condensar en cada frase emociones dramáticas que, en una buena novela, necesitan varias páginas, y si a ello se suma la magia del buen teatro, el resultado es literalmente espectacular.
Un buen ejemplo colateral es Match point, la película de Woody Allen, en la cual su director puntúa sin descanso el ritmo narrativo de la acción con una frase de Donizetti, cantada por la voz inmensa de Enrico Caruso, hará casi 100 años. Si se fijan bien, también allí sale una Traviata a quien cantan su amor un buen día. Un día todavía feliz. (*)

                                                        

(*)"Pablo Salvador Coderch" es profesor de la Universidad Pompeu y Fabra.

27 de diciembre de 2007

Love Duet


Anochece, el cielo está limpio y estrellado, Batterfly avanza lentamente hacia Pinkerton que descansa en un banco del jardín, se arrodilla a sus pies y le mira tiernamente casi suplicándole.
Las cuerdas frasean entre si abrazando las primeras insinuaciones amorosas de La Mariposa, revoloteando
como ruiseñores desde el fondo del jardín

“Amadme por favor aunque sea un poquito, como se ama a un niño, como a mi me corresponde, amadme por favor”


Pinkerton toma con dulzura las manos de Batterfly, abrazándola tiernamente
“Deja que bese tus queridas manos, ¡mi Butterfly!, Yo te he atrapado, Te abrazo apasionado. Eres mía. Si, para toda la vida”
Se incorporan los vientos, que con una cadencia metódica y envolvente dibujan los fraseados amorosos de ambos“¡Es una noche serena! ¡Mira: todo duerme! ¡Ah, que noche tan dulce!
Cuantas estrellas, ¡jamás las vi tan hermosas!
...La orquesta en pleno se insinúa una y otra vez en la construcción de la melodía que nos lleva lenta pero intensamente hacia el final del Dueto
“Ven, ven, tiembla, brilla cada punto de luz... Ven, se mía, ¡Aleja la angustia de tu corazón!
¡Ah dulce noche! todo esta lleno de amor, ¡el cielo sonríe! ¡Ah! ¡ven! ¡eres mía!”



Aparecen luciérnagas alrededor de los amantes entre las flores y los arbustos, en un “crescendo” sublime las dos voces se funden en una, la orquesta les sigue hasta el final de los agudos, creando un apoteosis final propio del mas espectacular de los orgasmos musicales, hasta deshacerse en una sutil e intimista melodía que da el final al primer acto

                      

6 de diciembre de 2007

Un poco de Puccini...



Hay momentos sublimes, situaciones en las que se dan unas circunstancias tales que las hacen irrepetibles. Reconozco que empiezo ha tener una pasión desmedida por la música de Puccini, pero ¿hay acaso, algo tan extraordinario como la conexión cerebral y emocional que se establece cuando participas de la apasionante ceremonia de una Opera? ¿Puede nuestro adulto corazón resistir tanta belleza sin romper en un inevitable llanto por tanta felicidad?

Algunas, han sido las representaciones a las que he asistido, naturalmente siempre acompañado por Regina, decir que hemos visto no sería acertado, porque es algo mas que una meticulosa y atenta visión, diría que hemos compartido con directores, músicos e interpretes, y por supuesto con el espíritu de los autores, a los que dicho sea de paso sientes muy próximos, una especial comunión que te hace disfrutar sin pudor y entregado a cada overtura, aria, dúo, intermedio, coro, etc. pasajes de contenido tan bello y conmovedor, como a la vez trágicos y complejos.

Nuestra primera ópera fue “La Traviata”, el Teatro Principal de Valencia se vistió de gala para la producción compartida del Scottish Opera y La Zarzuela de Madrid, con una mágica puesta en escena de Nuria Espert, y bajo la sobresaiente batuta del maestro Galduf. Repetimos título mas tarde en el Palacio de Festivales de Cantabria en Santander con la dirección musical de Marco Armiliato y Maureen O’flynn como Violetta. El año siguiente en el mismo Palacio vivimos una apoteósica “Tosca” con Isabelle Kabatu, dirección musical de Marco Armiliato y de escena de Roberto Laganá, Una vez más “La Traviata” en el Teatro Principal de Castellón, “La Boheme”, con Aquiles Machado y la soprano Leontina Vaduva, dirigidos por Tiziano Severini, “Suor Angélica” y “Gianni Schicchi” formando parte del Festival Puccini que el Palau de la Música de Valencia celebró como homenaje y en torno al compositor de Lucca, “Turandot” en el Teatro alla Scala de Milán, (acontecimiento del que ya hay cumplida información en estos recuerdos). En el 48º Festival Puccini en Torre del Lago (Lucca) vivimos dos inolvidables noches con sendas representaciones, “Madama Butterfly” con una Mina Tasca brillante, tan brillante como esta ópera, una de las mas apreciadas por su autor, y “Tosca”, con Antonia Cifrone, soberbia a la que el incondicional publico toscano, le aplaudió hasta conseguir un “bis” del famoso y entrañable “Vissi d’arte” dirgidas por Steven Mercurio y Roberto Tolomelli respectivamente.

Estas dos representaciones estuvieron llenas de alicientes añadidos, la visita unas horas antes a “Villa Puccini”, actual Templo Mausoleo del compositor y residencia elegida y reconstruida por él, para pasar la mayor parte de su vida, justo delante del magnifico Lago Massaciuccoli fue muy estimulante, el casual y divertido encuentro con Simonetta Puccini, y el contacto posterior con ese su pequeño espacio vital que tanto le motivó a crear las inspiradas e inmortales páginas musicales de “Madama Batterfly”, “Manon Lescaut” o “La Fanciulla del West”. Sus imagines, su música y su espíritu nos acompaño en toda nuestra estancia en la Toscana.

Mina Tasca y el tenor mejicano Alfredo Portilla nos volvieron a elevar al firmamento lírico en una nueva y sublime representación de la tragedia japonesa en el Palau de la Música de Altea, con la atenta mirada y puesta en escena de Lindsay Kemp, hicieron las delicias de los que llenamos el Auditorio Alteano. ¿Qué decir del coro a “boca cerrada”? Una genialidad más del gran compositor.

En esta corta estancia en la Toscana tengo inevitablemente que detenerme y a la vez recrearme en un hecho que sucedió de forma totalmente casual, en la obligada visita a la casa donde nació y vivió Giacomo Puccini en la ciudad de Lucca, la vivienda, preparada para los visitantes con un recorrido lógico y ordenado te conducía a través de las diferentes estancias exponiendo un variado catálogo de enseres y testimonios personales, mobiliario, vestuario y otras pertenencias de los Puccini, bocetos o simples escritos amistosos, ejercicio epistolar éste, al que el Maestro era gran aficionado, cartas a su mujer Elvira, a su hijo Antonio y a su editor Ricordi, mostrando su preocupación por el desenlace o situación de algunos de sus trabajos, así como innumerables partituras autografiadas, entre las que destacan las de la “Messa a Cuatri Voci”, “Capriccio Sinfónico” o “Turandot”.

La última habitación del emocionante paseo era un Saloncito en cuyo centro destacaba con un impresionante acabado en laca negra brillo el piano Steinwey, donde Puccini compuso entre otras su última e inacabada ópera Turandot, el encuentro con tan entrañable instrumento coincidió con la emisión por los altavoces de ambiente, del fragmento de La Boheme “Che Gelida Manina” inconscientemente y como movido por un incontrolable resorte muscular, extendí la mano sobre el teclado, permaneciendo unido a través del suave tacto de las yemas de mis dedos con las minúsculas teclas de blanco nacarado, durante unos cortos e inolvidables minutos, inexplicablemente nadie entró en esa habitación durante ese espacio de tiempo, resultó imposible controlar las emociones, me imaginé por un momento al Maestro sentado en su taburete, desbordando las partituras vacías, en una locura de notas, manteniendo a la vez un pulso dramático y un instinto teatral, modelando la que podría ser una de sus más famosas operas, composiciones estas, que en definitiva han hecho de Italia el centro de la Opera mundial.

Quiero destacar de este viaje, por un lado la enriquecedora estancia en Lucca, magnifico tesoro arquitectónico de calles milenarias, iglesias que esconden o enseñan valiosísimas manifestaciones artísticas y culturales, las famosas torres que se elevan por encima del cielo luccense, plazas grandes y pequeñas y en especial la del Anfiteatro construida sobre el interior y ruinas del viejo coliseo romano, quedando el espacio oval de la arena como una bella y entretenida zona peatonal, ubicándose en su perímetro algunos de los más atractivos comercios y terrazas, donde reponer fuerzas de paseos que no desearías acabaran nunca, mercados realmente bellos e interesantes, una gastronomía exquisita y unos productos autóctonos como los vinos, vinagres o aceites, suficientes para deleitar los más exigentes paladares del Mundo.
Y por otro, la visita al Centro de Documentación Marino Marini, ubicada en el Palacio del Tau en Pistoia, la contemplación de sus esculturas, aguafuertes, cientos de dibujos dedicados especialmente a la figura del caballo, la famosa escultura y su maqueta en barro original del rostro de Igor Stravinsky, su taller privado lleno de útiles de trabajo que habitualmente permanece cerrado al público, y que nosotros tuvimos la suerte y el privilegio de presenciar, un espacio escénico entrañable para la Obra del mas famoso escultor contemporáneo pistoiese.

29 de noviembre de 2007

Para Alfredo "Senior"



“Malagueña”, era la canción con la que mi padre animaba las fiestas familiares. En su familia, destacaban algunos componentes por sus cualidades para la lírica, mi padrino Alfredo y mis tíos Vicente, Carmen y Trini formaban parte de una coral que participaba regularmente, en los festivales de Habaneras de Torrevieja.
Lo cierto es que a mi Padre no le recuerdo tantas excelencias musicales, pero sí era un gran cómico, me lo imagino destrozando la canción con una versión histriónica, haciendo q
ue la concurrencia se destornillase de risa.


El primer tocadiscos que tuvimos en casa fue una pequeña maleta roja marca Philips, sus dos partes se separaban entrelazadas por un cable que alimentaba el correspondiente a los altavoces, dejando al descubierto el giradiscos y su brazo. El lote vino acompañado por unos vinilos de tamaño mayor al normal, con unas fotos en las portadas muy representativas y unos títulos que solamente había oído tararear en algunos encuentros familiares.

A partir de ese momento “Bohemios”, La Revoltosa” o “la Canción del Olvido”, se convirtieron en un fondo musical cotidiano. Mi afición por “La Zarzuela” aumentó cuando asistí frecuentemente a las representaciones que los domingos por la tarde se daban en el Teatro del Colegio del Patronato, donde además cursaba estudios primarios. Recuerdo las inconfundibles melodías que surgían de los grupos de cuerda, unos violines y chelos mas que regulares con sonido a madera y olor rancio, una orquesta muy limitada que reunía a entrañables ancianos, tenores, sopranos o barítonos a los que siempre recordare con trajes sacados del “fondo de armario” del teatro. El campesino vestido de pana de “El Caserío”. La mujer triste ataviada de seda negra de “La Dolorosa” o los coloristas y volantineros de Casta y Susana de “La Verbena de la Paloma”. Y sobre todos ellos, al Actor Mora, el único del que recuerdo el nombre, que daba vida a los personajes cómicos de las Zarzuelas.

Domingo tras domingo y desde lo alto del “Gallinero” fui familiarizándome con las situaciones, los personajes, los preludios y los intermedios, los títulos y sus autores. Ese, fue sin duda el poso que sedimentado durante mucho tiempo, me ha permitido demasiados años más tarde apasionarme por la Opera. Del comentario anterior podría desprenderse que mis conocimientos de la opera son amplios y precisos, pero la realidad es que mi introducción en este mundo esta limitada de momento y de forma particular a algunos autores italianos, Puccini y Verdi, son entre otros, a los que mejor y más fácil acceso he tenido.

En alguno de mis viajes a la feria de Milán, paseando por la puerta del “Teatro Alla Escala” soñaba con la posibilidad de coincidir algún año con la representación de alguna de mis Operas favoritas.
Durante algún tiempo estuve siguiendo de cerca la programación y comprobando año tras año, que no se daba esta circunstancia, valorando por supuesto, la enorme dificultad que supondría, que aún en el caso de que se diera, tendría para la obtención de las entradas.

A la compra por correo del libro que editaba el Teatro, con la programación anual de la temporada lírica, le sustituyó, el inmediato acceso a su página Web a través de Internet y de esta forma obtenía una más completa y puntual información. En una de mis visitas a la citada página, comprobé con enorme sorpresa una representación de “Turandot”, prevista para la primavera próxima, y aunque por unas semanas no coincidía con las fechas de la Feria, acaricie la posibilidad de cambiar el objetivo del viaje dándole un carácter más lúdico y menos profesional. Todavía quedaba lo más difícil... conseguir entradas para el evento. Fui desestimando la opción de conseguirlas por mis propios medios, y también la de obtenerlas por mediación de amigos y conocidos en Milán.

Casualmente la citada representación tenia además unas connotaciones especiales, La dirección musical corría a cargo del famosísimo Sínopoli -desgraciadamente falleció unas semanas antes mientras dirigía una opera en Berlín- la Dirección artística, era obra del japonés Keita Asari, que ya había impactado la temporada anterior con su puesta en escena de “Madame Butterfly”, y que junto al tenor Nicola Martinucci, las sopranos Alexandra Marc y Cristina Gallardo y el bajo Andrea Papi, hacían de la representación un exquisito bocado para los paladares operísticos, más exigentes del Mundo. Recordé la eficacia de otros viajes organizados por “El Corte Ingles” y pensé que planteado como un paquete que estuviera compuesto por el traslado, la estancia y las entradas, quizás habría alguna posibilidad, formulé la petición, y esperé paciente.

Tres meses más tarde, cuando el asunto por mi parte estaba olvidado, recibí un fax con un presupuesto global de una opción remota pero viable, condicionada a la inmediata aceptación de dicho presupuesto.

El taxi nos dejó a Regina y a mí, en la puerta del teatro, era muy pronto, no obstante el acceso ya estaba permitido, queríamos vivir intensamente esas horas. Mirando, tocando y leyendo todo lo que se ponía a nuestro alcance, paseamos durante largo tiempo entrando a través de corredores en palcos, platea, vestíbulos, nos deteníamos ante las esculturas, que decoraban los foyer de las diferentes Galerías: Puccini, Verdi, Toscanini, Rossini...
Ocupamos nuestros privilegiados asientos en la quinta fila de platea, recreándonos en la visión de los palcos semi-iluminados en la penumbra general de la Sala, en el inmenso telón de terciopelo rojo con el escudo del Teatro bordado en oro y la espectacular lámpara de “araña” que dominaba desde la cúpula de platea, todo era pura magia.

Empezó “Turandot”, acabó “Turandot”, y nosotros de nuevo salimos los últimos.