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3 de septiembre de 2010

Sábado literarios de Mercedes. Mordiendo el lápiz


Mercedes empieza con:

¿Cómo fue?... Sí, lo recuerdo… Me acompañaba a casa. Yo estudiaba con las monjas. Él me esperaba en la puerta, con sus libros y sus quince años. Me regaló un anillo de hojalata precioso; lo fabricó con sus propias manos.
Venía a mi barrio después de la merienda. Jugábamos a “matar” (ese juego de pelota donde apuntas con el balón a uno del equipo contrario, lanzas y, si le das, pasa a ser tu prisionero).
Apareció otro chico. Otro chico que se había obsesionado conmigo. Yo no le hacía ni caso, pero él no cesaba en su empeño.

Un día, recuerdo que dejé a la pandilla en la calle y subí con mi amiga a la azotea de casa. Le estuve comentando que andaba hecha un lío: el chico del anillo de hojalata me gustaba; el otro se derretía por mí (y eso también me gustaba).
Entonces, mi amiga me agarró del brazo y me llevó al borde de la terraza.
-Mira ahí, abajo (y sacó el dedo de señalar): ese está loco por ti. Y ese otro es tu alma gemela. Ahora, tú decides…Me di la vuelta, escurrí la espalda en la pared y me senté en el suelo (yo tenía quince años).
-¿Ya? – preguntó mi amiga, después de un largo silencio.
-Sí.Bajamos. La pandilla esperaba.
Había que retomar el juego. Me tocaba formar equipo:
-Me llevo a Rosa, Carmen y José. También, a "Margarito" (que era un chico tímido y afeminado). El turno de mi amiga:
-Elijo a Pedro, Ana, Manu y al Chiqui. En el banquillo, los dos "Romeos" …La suerte estaba echada… Miré a "la locura"; luego, a mi alma gemela. Volví a mirar a uno… al otro…; segundos densos en los que nos jugamos toda una vida (a los quince años).
Elegí "la locura".

Prudencio (el que decía mi amiga que era mi alma gemela) no volvió por el barrio; ni me esperó más a la salida del colegio. Tampoco pude conservar el anillo que me regaló. "La locura" dijo que tenía que tirarlo a la basura; y como antes no había contenedores, lo saqué del dedo y lo lancé a los jardines del paseo.Aquella noche, recuerdo que lloré.


Mi final:

Yo también lo recuerdo, al día siguiente la sombra de tus ojos delataba una triste oscuridad, la evidencia de un error asumido y no soportado, la trascendencia de lo irreparable.
Hoy, algunos años después, pienso (estoy seguro) que la levedad de aquella decisión, sólo añadió algo de drama a aquellos corazones quinceañeros recién estrenados en el ejercicio de dar, sin recibir.

Yo conocía tu ansiedad, tus dudas, aquel laberinto de activos que sopesaste sin casi tiempo, acurrucada en las rojas rasillas de la azotea.
Guardo, aquel anillo de hojalata que tiraste a los jardines y que te vi poner y quitar en tan corto espacio de tiempo, no significa mucho para mí, tan solo un mudo testigo de intrascendentes acontecimientos.
Sabes, Prudencio no tardó en regalar otro igual a Rosa, del que desconozco a que otro jardín habrá ido a parar, (dejaron de interesarme los anillos de los demás) y el poseedor de aquella magnifica y engañosa “locura” sólo era eso, un aventajado loco, experto en fabricar y romper sentimientos de cristal.

El tiempo, al igual que a ti, me ha acariciado de costado, y sin distanciarme demasiado, todavía hoy, me permite verte a través de la nube de mis recuerdos. Como aquella tarde en aquel partido de “balón-tiro”, (que así se llamaba) alineados, enfrentados por el capricho o el deseo, antes de elegir entre tus “Romeos”. A un lado de la raya: Pedro, Ana, Manu, Chiqui y tú amiga, y al otro lado: Rosa, Carmen, José, tú y yo.

Este, que no te olvida.


Otros que se han puesto a andar, (...caminante, no hay camino...)
Maria José Moreno

Gustavo
Ardilla Roja
Gastón D. Avale

Tésalo
Cass
Rosa Desastre
Lucio Anneo

A propósito de los "Sábados Literarios..."


Como sabéis, la convocatoria para este sábado se ha suspendido y al parecer de forma definitiva.
No obstante y a pesar de no salir el "Bus", Yo, desde mi "Plaza" de aparcamiento particular voy a publicar el relato tal y como estaba previsto.
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Los "Bús" virtuales también se desgastan y a veces necesitan ser sustituidos o retirados definitivamente de la circulación. Es por eso, que este contratiempo no nos debe afectar en demasía, seguro que Nuevos Proyectos de Viaje compartidos, esperan en alguna de nuestras "Cocheras".


No obstante, yo emplazo a aquellos viajeros que tuviesen previsto publicar su relato, que lo hagan, al menos en homenaje a los desinteresados conductores que este formato a tenido: Tag, Cass, Mimi, Tésalo, Teresa Cameselle, Ardilla, De Sousa, Mª José Moreno, Dorotea, Natalia, Gustavo y alguno más que me olvido, especialmente su creadora Mercedes.
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Alfredo

4 de junio de 2010

Sábados Literarios de Mercedes. "Conversaciones con Dios"


Llegó a las 12’30, puntual como corresponde a un Dios.

Lo vi entrar por la puerta, solemne, de Domingo, me reconoció entre los parroquianos que a esa hora se daban cita para el aperitivo del mediodía, le ofrecí asiento frente a mi, en una butaca orejera de piel marrón, que aceptó muy gustoso.


-¿Qué le apetece tomar "Señor"?-
-Un vino dulce- me contestó.
-Verá, el motivo de esta cita, es para recordarle que hace ya más de tres mil años, su Padre, que es Usted, le dio Diez Mandamientos a Moisés en el Monte Sinaí.
Necesitó 40 días para escribir con su propia mano sobre dos tablas de piedra las leyes básicas. Poco tiempo en mi opinión, para crear un reglamento de pautas de conducta de obligado cumplimiento, por el que se debe regir la humanidad.-


-¿Tres mil...?, parece que fue ayer. Sin embargo, 40 días fueron suficientes para que la fe de un pueblo se perdiera y me sustituyeran por un becerro de oro construido en honor de mi adversario Apis, malgastando para ello todo el oro reservado a la Tierra Prometida,-


-Si, ya lo sé y la reacción de Moisés fue demasiado visceral, tremebunda y agresiva, lanzándoles y rompiendo sobre ellos las pesadas tablas y quemando al dorado impostor.-


-Mano dura y fuertes penitencias son lo único que entienden los fieles en transito.-

Dios, se incorporó en el asiento, recuperando la verticalidad, que había cedido por la vehemencia de su argumentación y por la suavidad de la piel flor de la butaca.

-¿Y dígame, para que más me ha citado?, como puede imaginarse tengo otros quehaceres de más transcendencia.-


-Vigencia, actualidad, ¡eso es! Después de más de tres mil años, ¿cree que algunos de los Mandamientos podría sufrir algún cambio, un giro que los adapte a los tiempos presentes, alguna actualización que sea consecuencia implícita de nuevas lecturas, incluso pensando en los próximos tres mil años?-


-Mire Usted... el primero, ni tocarlo, sólo faltaría modificar el único que habla de Amor.


El segundo y cuarto valen tal cual están, habida cuenta que Dios, o sea YO... soy Padre, Madre, Hijo y Espíritu Santo.


El tercero es obvio, si quieres cumplir con el segundo y cuarto.


El quinto, es de aconsejable cumplimiento, salvo para las Santas Cruzadas en su lucha contra el moro infiel.


El sexto y noveno valen, mientras no hayan niños de por medio, que la Iglesia, aunque lo parezca, no es de piedra.



El séptimo y el décimo van en el cargo, la Iglesia tiene voto de pobreza, por lo tanto, sólo están expuestos los fieles de escasa o enfermiza convicción.


Y para terminar, el octavo, es un mandamiento de relleno, sólo para que quedaran equilibradas ambas tablas y por otra parte el único susceptible de eliminar, hoy sería prescindible para conseguir lo que se quiere.


-Gracias "Señor" por su tiempo, por cierto... ¿le dice algo el nombre de Vicente Ferrer?-


-¿Quién...? no sé, ahora no caigo.

Más conversaciones con el Todopoderoso en el Bus de los Sábados

30 de abril de 2010

Sábados literarios de Mercedes. "Cosas que me gustaría hacer contigo"

Te siento desde hace años, aunque no siempre he sabido de tu existencia.

Me he acostumbrado a tu compañía, tanto, que hoy sé que no podría vivir sin ti.
Y si, quiero que hagamos cosas juntos.

De momento te intuyo, te siento próximo y te imagino cristalino, frágil y transparente. Acerco mi mano y acaricio tu pecho, palpitante, secuencialmente vivo y permanentemente mío.
A veces te cuesta seguirme, me detengo, te espero y siempre me alcanzas a tiempo.

Pero no sé lo que es volar y quiero hacerlo contigo, no sé lo que es la locura y necesito delirar contigo, no sé lo que es amar y quiero aprender de ti.

Tenderme al Sol y compartir mi sombra, me cuesta recordar si alguna vez me ha sucedido algo sin tu presencia, y olvido lo que hice hasta ahora. Todo fuera de ti, me parece mundano, ordinario e insuficiente.

Por todo eso, me gustaría fundir eternamente mi vida con la tuya.
Y si te muestras, quisiera conocerte, sé que es difícil... y me pregunto: ¿Cómo se conoce a un corazón?
I
Más cosas (todas ellas diferentes) en http://sabadosliterarios.blogspot.com/

9 de abril de 2010

Sábados Literarios de Mercedes. Diálogo entre zombies

Hacía una noche de perros, llovía a cántaros y los parroquianos se refugiaban entre aquellas gruesas paredes que protegían el interior de la Venta conocida como de El Toboso. Las jarras del mosto manchego corrían de mesa en mesa, en especial en aquella del fondo, donde dos grotescas sombras, competían ironizando sobre los pormenores de sus recuerdos. Ebrios de vino y pasión, agudizaban sus ingenios para descabalgar al otro, provocando cómplices risotadas entre la cada vez más divertida concurrencia.

Miguel, en los huesos, arrastraba las palabras, gruesas y sentenciadas por los efectos del rojo caldo, que en ese momento, avanzada la madrugada, empezaba a nublar sus interminables parrafadas.

Guillermo, espectro algo menos consumido, sutil y agudo respondía con la lengua trabada, inmerso en una densa borrachera, que había paralizado los escasos músculos de su cuerpo, excepto los del decir.

-Su prosa Don Miguel, fue cansina y vulgar, ¿que otra cosa se puede esperar de una historia de caballerías y algún burro, alrededor de un hidalgo venido a menos, que ausente de cordura se cree un caballero andante?-

-¿Como se atreve Don Guillermo?, si de su cursi pluma sólo emanaron tontas reflexiones sobre lo trascendente de la vida, una vida que seguramente no vivió y en la que sólo describía por exigencias del encargo.-

-¿Tontas...? llama a esas sublimes vidas, capaces de expresar en un trabajadísimo y estilizado lenguaje las más bellas e inauditas acciones... ¿que me dice de su Alonso? Extravagante, desatado en sinrazones, cómico hasta el ridículo.-

-Su merced, esta borracho y desvaría, ¿que mayor realismo que esta parodia fantástica? construida con prosa y versos, rica en géneros trágicos y cómicos, con discursos fabulados que le dieron ese carácter polifónico.-

-La única polifonía que le intuyo, mi querido seudo-literato, es la de una verborreica parodia y burla de un esperpéntico galán venido a menos, que se vio denostado por la dama de sus fantasías, obsérvese en cambio la pasión correspondida de mis jóvenes Romeo y Julieta.-

-¡Ventero! Ni una jarra más a este advenedizo autor de Sainetes de tres al cuarto, que ni siquiera los propios ingleses pudieron entender, cuanta osadía, comparar el amor de mi hidalgo hacia su enamorada, con un caprichoso encoñamiento destinado al fracaso.-

El ventero, que conocía de sobras las interminables reyertas literarias de aquellos dos resucitados, dio por acabado el encono verbal de esa madrugada y comprobado que el tiempo había escampado, invito a todos a abandonar el Mesón.

Abrazados, apoyándose hueso con hueso y tambaleándose a cada paso, Don Miguel y Don Guillermo intentaron adivinar el camino de regreso al Cementerio, al tiempo que gritaban al cielo... ¡Astuuuurias, patria queriiiidaaa!...


6 de marzo de 2010

Sábados Literarios de Mercedes. Perdidos en la gran Ciudad


Valencia, Abril de 1.950, la ciudad se recupera lentamente de las heridas de una guerra que enfrentó a familias, vecinos y amigos, una guerra estúpida e injusta (como todas) en la que tanto el pueblo llano vencido como el vencedor, pasó hambre.

Tonet tenía 12 años, vivía en un pueblecito próximo a la capital, él nunca había estado en ella, sabía que existía, como también sabía que después de las casas, había un mar grande y azul, y más allá un paraíso al que llamaban América.

Un día al salir del colegio, decidió que se iría al Paraíso, se haría rico y volvería con fortuna suficiente para aliviar la penuria de sus padres, se acabarían los bocadillos de pan con nada, lavar la ropa en el río,mendigar un abrigo usado en la parroquia o curar de esa horrible tos que día a día estaba acabando con la vida de su yayo.

Escondido en un vagón del tren de cercanías, cubrió su primera etapa hasta la estación del Norte de la capital, saltó al andén al tiempo que quedaba impresionado por la magnitud del edificio y la multitud de viajeros que trajinaban de aquí para allá con sus maletas de cartón.
Atravesó el hall de la estación y recibió el mayor impacto visual de su corta vida, las calles sin final y las avenidas asfaltadas, los tranvías, los edificios con sus incontables alturas, coches y más coches y la gente que vestida de Domingo, paseaba deprisa entre comercios con letreros iluminados. Si aquello no era América, se le debía de parecer mucho.

Obstinado, buscó el Mar, de allí saldrían los barcos para su ansiado futuro, ya era de noche y el mercurio descendía impasible. Los bares del puerto estaban llenos de marines y marinos, Tonet, se refugió, al final del local, al abrigo de dos colosales negros uniformados de blanco.
El miedo y la noche, se unieron para darle la alternativa lejos de los suyos, del brasero bajo la mesa camilla y la bolsa de agua hirviendo entre las sábanas, pero su decisión era firme y contemporizó a la sombra de marineros borrachos y putas de medio pelo. Sólo tenía que esperar al amanecer.

Frente al bar, le habían dicho que estaba la aduana y tras ella el barco, para él, la puerta del cielo.La cola era interminable, Tonet, calculó cuantos otros necesitados de una fortuna que llevarse a la boca.

Y de nuevo, la multitud, las sirenas, las enormes grúas y el desconcierto que posibilitó que entre todo y todos alcanzará un hueco en la cubierta de carga.

Su sueño estaba a punto de comenzar, las sirenas lanzaron de nuevo una llamada anunciando la inminente salida, Tonet veía admirado de cara al puerto, aquel espectáculo de adioses multitudinarios, embelesado, no notó sobre su hombro la presión de aquella manga de casaca azul marino con galones dorados.

Dedicado a mi hermano José Luis

Encontrareis más "Perdidos..." en The Daily Planet's Bloggers

5 de febrero de 2010

Sábados literarios de Mercedes. Segunda oportunidad


...¿Otra oportunidad, dices?
¿Cuántas van ya?, casi tantas como cicatrices has dejado en mi cuerpo. Y otras tantas en mi alma, aunque estas no se vean.
Te recuerdo, tu facilidad para incumplir promesas, tu tendencia a desaprovechar oportunidades, ¿y me pides una segunda?

Bien sabes que te quiero, o al menos lo mucho que te he querido, he disimulado, he mentido, he confiado, he querido creer en ti y en tu famosa frase “Esta vez, va en serio, cariño... será la última” y me pides que te regale sin garantías la posibilidad de reincidir.

Yo siempre me he vaciado de la basura acumulada, he limpiado la amargura de mi alma y he maquillado las heridas de mi cuerpo, pero tú, sólo disfrazabas tus sentimientos con traje de Domingo y pasabas de puntillas sobre tu verdadera realidad, nunca te has tomado en serio, ¿cómo me ibas a tomar a mi?

Recuerdos, sólo recuerdos que no quiero recordar, ilusiones que se desvanecieron, proyectos para compartir jamás compartidos y ahora unos años después... miedo, mucho miedo.

¿Otra oportunidad, dices? ¿Para qué? Ya me has marcado como a una res, aunque sólo es la marca lo que queda, ahora por fin estamos en un punto en el que no habíamos estado antes, ahora yo estoy segura, y ahora yo si quiero, pero lejos de ti, ...mi segunda oportunidad.
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Otras segundas oportunidades en el jardín de Mª José Moreno

1 de enero de 2010

Sábados literarios de Mercedes. He tenido un sueño


Lo recuerdo a trozos, como fragmentado, sin embargo sus difusas imágenes evidencian una relación entre si y un común denominador: un Niño.

En el primer sueño, el más profundo y también el más largo, el Niño, saltaba sobre turbios charcos de agua de lluvia, intentando alcanzar la parte superior de un Muro, sus pies descalzos se cubrían de un húmedo barro que le daban un color tostado a juego con el resto de su cuerpo, descamisado gritaba al son del salto agudizando su exclamación al contacto con el agua sucia, por un momento le ví extendiendo sus manos al cielo, buscando la vida y aunque cada salto era mayor que el anterior, él, no llegaba.

Le intenté ayudar, pero su cuerpo se escurría entre mis manos, me fijé en sus ojos y ví que no tenía, desde esa inexplicable ceguera pensé que jamás alcanzaría su objetivo fuese cual fuese.

Tan sólo a tres metros de altura, brillaban los cristales rotos de una botella que alguna vez, llena, sació la sed y ahora sólo eran un impedimento para alcanzar el otro lado, aquel en el que también morían niños, pero del que le atraía su olor a libertad.

-Mi Vida, te doy mi vida- le ofrecí en otra secuencia del sueño, valorando con justicia lo que ambos habíamos tenido, yo ya en el ocaso de la mía, lo había vivido todo y él, que jamás podría ver nada, la tenía toda por delante, sólo necesitaba el tiempo para distanciarse de esa edad en la que según se documentaba, su muerte era estadísticamente segura.

Después de dar vueltas en la cama, ir al baño y beber agua, escondí de nuevo mi subconsciente en la parte mala del muro, algo tenía que hacer, empezaban a faltar las fuerzas y la amenaza y el riesgo eran cada vez mayores, alcé de nuevo su cuerpo sujetándole por los pies, hasta que clavó sus manos en los cristales punzantes.
-Salta y no pienses en el dolor- le grité, mientras la sangre de la palma de su mano, pintaba mi cara de rojo esperanza.
Insistí: -Salta y...-

No pude terminar, a lo lejos, un Kaláshnikov escupía su cargador y los proyectiles, a más de 700 metros por segundo se abrían paso paralelos al suelo, el impacto sonó a metálico, quedé desconcertado,
...¿que ruido era ese?

Rinnnnnnnnnng, rinnnnnnnnnng, rinnnnnnnnnng, la alarma de mi Nokia me avisaba, era hora de levantarse, noté húmeda la almohada, la toqué con mis dedos que me llevé a los labios, sabían a barro... ¿o era sangre?

Que extraño, si sólo había sido un sueño.


Más sueños y pesadillas en el Blog de Gustavo

4 de diciembre de 2009

Sábados Literarios de Mercedes. Cuento de Navidad




El primero en llegar fue Rojo, serio, elegante, luminoso. El, era el responsable de la convocatoria, de la que estaba seguro saldrían bien planificadas las pautas de actuación para aquellas entrañables fiestas. También era el más relevante, cabeza visible y portador de emociones y sentimientos, parecía que todo giraba a su alrededor, cuidadoso y pulcro ordenaba sobre aquella superficie transparente los guiones personalizados que mas tarde repartiría con la precisión de siempre.

En segundo lugar llegaron juntos, Amarillo y Verde, alegres, vivos y frescos, canturreando por lo bajo algo de una zarzuela que no llegué a reconocer. Ambos con cometidos diferentes, el primero para enlazar, envolver, atar los buenos deseos y proporcionar la fortuna soñada y el otro, Verde, como soporte o fondo, algo así como la esperanza en forma de espacio escénico donde se sucedían los momentos de más fuerza interpretativa, ambos sabían de la importancia de su papel, aunque sólo fuese como en el cine, un papel "de reparto".

Dorado, entró, aún sin haberse cerrado la puerta, vestido de trigo, y oliendo a Sol, eterno aspirante reflectante, sofisticado, se sentó de espaldas a la cristalera, todo un detalle, por respeto a sus contertulios de al lado.

Violeta y Rosa, tardaron un poco más, tímidos, reservados, saludaron discretamente y se sentaron juntos al final de la gran mesa, con gran ternura cruzaron sus brazos y esperaron los acontecimientos, que un año más les exigiría la máxima dedicación.

De par en par se abrieron las puertas de espejo manchado, para la entrada solemne de Blanco, estable, puro, seguro y parsimonioso en sus movimientos, ocupó el sillón junto a Rojo, que lo buscaba con la mirada, demandando esa porción de justicia, equidad e inocencia de la que su inmaculado amigo recién llegado, era portador.

Azul, entró a continuación, ensimismado, como inmerso en aguas profundas, armonioso e inspirando una envidiable confianza, propia del que siendo todo afecto, además está iluminado por los celestes brillos de un firmamento de interminables lecturas.

Llegó la hora y faltaba el de siempre, su demora, no siendo grave, ponía de manifiesto su condición de color triste, mediocre. Pausado, avanzó hasta ocupar su asiento, saludando con un gesto de medio tono y con cara de aburrido, justo en ese momento, tomó la palabra Rojo, que dijo:

"Ahora que por fin ha llegado Gris, empecemos con el plan para inundar de colores al Mundo en esta Navidad."

Otros cuentos de Navidad en el alambre de Mercedes

6 de noviembre de 2009

Sábados Literarios de Mercedes. El lugar desde el que escribo


A diario, me asomo al exterior a través de dos ventanas, respiro y suspiro en cada una de ellas.
La más grande, con dos inmensas hojas de cristal, me transporta a una realidad cotidiana.


Recreo la mirada, y mi ensimismamiento es compartido por palomas, gorriones, helechos y un laurel, y siempre por un cielo tan variado como los gustos.
Hoy por ejemplo está gris plomizo, serio y circunspecto, pero me gusta.

Cuando amanece y se gasta la madrugada, me repito: “Hoy, puede ser un buen día” confiado, me lo creo, me doy mis tiempos y construyo lo que corresponde a mi aportación en esa unidad de tiempo que es el día.
Cuando anochece, todavía con los últimos rayos del sol, pego la nariz al cristal y repaso lentamente los misterios de las horas vividas, y veo esconderse la luz por mi derecha. Entonces, solo, en esa soledad consentida me dejo seducir por el pautado ronroneo de las palomas, y la vista se pierde por entre las hojas del laurel.

La otra ventana, sigue a continuación. Ésta, mucho más pequeña y de una sola hoja de tacto líquido me lleva a un mundo virtual, que cada vez lo es menos, y converso con ella o mejor dicho a través de ella.


Es rara esa perspectiva bidimensional, pero te acostumbras y descubres lo cerca que está todo, los conocimientos, la amistad, los descubrimientos, la compañía, incluso la decepción, el enfado o la alegría, y sobre todo, uno mismo, que creía conocerse y no lo está lo suficiente. Desde ambas, contemplas las estrellas y en ambas te refugias, tomas fuerza, y si buscas la belleza terminas por encontrarla.
No son dos calles, ni dos plazas, ni dos alamedas, ni tan siquiera dos rincones de estilo románico con sendas fuentes de chorritos interminables de agua frente a un banco de piedra.
Es sólo, que a ellas llego con la punta de mis dedos.

Y ahora, a seguir la secuencia, que mañana cuando abra los ojos, de nuevo me alimentaré de aromas y ronroneos y de un cielo disfrazado de lo que él quiera, que para algo es Amo y Señor de nuestro destino, aunque el mío, esté unido a esta fría silla de ruedas.

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Puedes leer mas relatos con este tema en el Arbol de Ardilla

9 de octubre de 2009

Sábados literarios de Mercedes. (Con retraso)



Juan Manuel Rodríguez de Sousa, propuso como tema para un Sábado de Agosto, en el que no pude participar: “Ciencia Cuentista”
No obstante, conocedor de la propuesta escribí un texto que hoy aprovechando este Sábado sin relatos he decidido postear.
Pido disculpas a Juan Manuel y a Mercedes por esta insubordinación
y en desagravio les dedico esta:

La Dama que inventó la Noche.

Al joven Aristarco le perturbaba la noche, no entendía el cambio a ese gris oscuro, casi negro, tan diferente al de el día, tan claro y luminoso al que se había acostumbrado y asumía como natural, no así la noche que suponía para él, (consumando curioso) un verdadero quebradero de cabeza.

Le inquietaban los fenómenos que aunque aparentemente normales, no terminaba de entender y para los que aseguraba habría alguna explicación.

Repasaba diariamente el proceso de oscurecimiento al tiempo que se producía, en una secuencia casi exacta o al menos eso parecía indicarle su particular medición del tiempo, e  intrigado presenciaba el transito pausado que el estado de absoluta claridad daba paso irremediablemente a la más enigmática de las sombras.

Pensó que algo tendría que ver en esa secuencial forma de manifestarse, por un lado el espacio que habitaba y por otro su relación con esa bola amarilla de visión casi insoportable de cegadora luminosidad, conocía por sus maestros que el nombre del uno y la otra eran: Tierra y Sol.

Aristarco, todavía no era experto en cálculos matemáticos, ni siquiera pensaba que su aplicación le resolvería el problema, pero algo tendría que ver la distancia entre ambos, su forma, (conocía la del Sol), incluso sus movimientos, si es que estos existían. Ensimismado en estos devaneos astronómicos, le venció una vez más el cansancio y con él, un sueño reparador que más tarde y con la claridad del día le devolvería a sus cábalas de mago aficionado.

Soñó con una dama, atractiva como no había conocido hasta entonces, rubia platino vestida de azabache y un rostro limpio y reflectante como el agua de los estanques de su natal Samos, envuelta en un halo de estrellas, misteriosa y hechicera le confesó que se llamaba Luna y que era la pieza del rompecabezas que él tan ansiadamente buscaba, el tercer ángulo de ese triángulo rectángulo del que él sólo había dibujado una hipotenusa.


Despertó todavía en sombras manteniendo aún la revelación en su somnolienta inconsciencia, miró al cielo y allí estaba ella, la Dama, el tercer ángulo que daba origen a los dos catetos.
Al instante, en su capacidad para formular, lo supo: “El no era el ombligo del universo, sólo era un planeta girando alrededor del Rey Sol”

...a ese descubrimiento le llamó heliocentrismo.

2 de octubre de 2009

Sábados Literarios de Mercedes. Historia de mis Muebles


Una mesa, como mi Padre.
De mayor, quiero ser Mesa como mi padre.
No una de esas extensibles o articuladas, no! quiero ser de una pieza, grande y maciza.
Sólo soy un pino, no importa, seré la mesa mas entrañable de cuantas se hayan fabricado, con los Abuelos presidiendo los extremos, orgullosos y sonriendo cómplices por habérsela comprado juntos a Quimet, el de la Plaza.
Recuerdo aquella que se hizo él para su casa, de vieja delataba en su piel todo su pasado. La mesa del Quimet y la Colometa era su historia. Su superficie, que ella lustraba cada sábado, era un mar de cicatrices por cuyas rendijas, ensimismada, pasaba las horas arañando las migas de pan que habían quedado varadas en su fondo.
Hay un largo camino, desde Valsain, allá en la Sierra, hasta la carpintería del Quimet. Es ley de vida, ya tengo los poros abiertos y mi piel es clara como la paja pálida con sombras rosadas.
Huelo a fresco y no me importará oler a cola como huelen los mayores, primero húmeda, lechosa, luego seca y escondida.
Mientras tanto, repaso como me gustaría salir en la foto, la tapa grande rosada por el rubor, los cantos romos como una peseta, sujeta a cuatro patas firmes, que me eleven al cielo, con dos cajones a ambos lados para guardar barras de pan y servilletas a cuadros recién planchadas.
¿Qué a que viene todo esto? ...estoy en la cola, la cola de la sierra, mi sueño está al llegar, que más se puede pedir, que ser una mesa como mi Padre.
Más mesas o muebles parecidos en la carpinteria de Teresa Cameselle

28 de agosto de 2009

Sábados Literarios de Mercedes. Algo sobre mi blog

Empezaré por el final.

Desde hace unos meses, cada semana espero que el conductor de turno, proponga un tema como punto de partida para confeccionar el relato correspondiente. Sin pretenderlo confieso que se genera cierta dependencia que hace más cómoda la elección de aquello de lo que escribir, añadiendo cierta magia el reto de contar algo a partir de lo que te sugiere un tercero.

Pero, no siempre fue así, ni tan siquiera ahora lo es del todo, sigo alternando los relatos de los “Sábados...” con mis sencillas aportaciones en forma de crónicas, criticas, reivindicaciones, admiraciones, juegos, adivinanzas, confesiones, etc. En definitiva sentidos divertimentos que cuelgas en tu particular e ilimitada página y en los que sin intención de hacerlo dejas mucho de ti mismo.
Si a algún curioso al que le sobrara el tiempo, quisiera releerme, sabría sin duda, cual es mi ideología, mi color preferido, mis gustos musicales, mi autor, pintor, escultor o actor admirado, donde he viajado y donde me gustaría hacerlo, si tengo nietos, hijos y sobrinos, cuando es mi cumpleaños, y cual ha sido mi estado de ánimo en cada momento al compartir mis escritos.

Quiero decir que relato a relato, vamos dejando migas de pan, por las que rastrear unos rasgos personales, que sin ser fiables del todo si aportan cierta luz sobre la personalidad de cada bloguero.

Al mismo tiempo y solapadamente, cada uno de nosotros, a la par de no tener reparo en lanzarnos al vacío, jugamos con la ventaja de que es gratis imaginar, mentir, engañar, seducir, sugerir, alentar, proponer, ayudar y casi todos los infinitivos de todo signo que se nos puedan ocurrir.

Vuelvo al principio.

Fallecidos mis padres, me planteé, a quien recurriría para recuperar detalles de nuestra historia familiar, ellos, sobre todo mi madre era una enciclopedia de recuerdos, podía estar horas y horas contando anécdotas relacionadas con abuelos, tíos, primos, mulas, gallinas, trenes o carros, cientos de respuestas y aclaraciones a otros tantos porqué, anécdotas divertidas sobre el histrionismo artístico de mi padre o tristes de la guerra y posguerra.

Llegué a la conclusión de que lo que debía hacer era escribir todo lo que iba recordando con el fin de almacenarlo e una imaginaria Biblia familiar a la que aleatoriamente iba añadiendo otros recuerdos más actuales,.

Es muy difícil llevar al papel, a modo de diario, los recuerdos más significativos de una ya, dilatada existencia, y me gustó hacerlo con cierta coherencia narrativa, y con algún orden histórico. No me refiero a seguir un orden cronológico, sino a que cada uno de los momentos relatados tuviese un hilo de continuidad, que las situaciones, las personas y las emociones con ellas compartidas quedasen reflejadas con una cadencia fácil de seguir, pero sobre todo en un espacio escénico donde la música tuviera un aporte convergente, una razón que personalizase los diferentes momentos recordados.

Y para acabar.

En ello estaba, y con algunos capítulos terminados cuando di con el blog de alguien que ahora no recuerdo y me gustó la idea de que éste fuese el vehículo al que subir todas estas particularidades.

Podía escribir en tiempo y orden como quisiera, adjuntar imágenes que ilustraran el relato y acompañar con la música pertinente.
Empecé con aquellos primeros capítulos dosificando su publicación e inesperadamente me di cuenta de que iba intercalando escritos con otro tipo de contenido y me encontré cómodo y gratificado con ello.

Quiero dejar constancia que la primera persona que me leyó y dejo evidencias de ello fue Casandra, lo cual me pareció un milagro, convirtiéndose desde ese momento en una entrañable colega de viajes relatores y en más de una ocasión, a través de sus escritos en musa e inspiración para los míos.
El resto ya lo conocéis, el diseño de mi plantilla es de Blogger, porque no he sabido diseñarme una yo solito, austera, sin publicidad, con algún mensaje al que soy fiel y renunciando a la promulgación de dignidades y medallas, que en el fondo agradezco de todo corazón.


Conocerás más interioridades sobre otros blogs en Sábados Literarios

Imagen cedida por Neogéminis

7 de agosto de 2009

Sábados Literarios de Mercedes. El Viento


"Es el viento que te habla, que acaricia tu corazón.
Es el viento que te pesa, es el viento que soy yo”

La voz de Nino sonaba limpia, cristalina, casi igual que aquel día en el que se conocieron, pero era Ella, la que no oía con claridad, las lágrimas y los sollozos le impedían vincular la melodía con todos y cada uno de los detalles de aquel primer encuentro, aquella primera vez sobre la que construyeron un futuro para compartir.

“Si no estoy junto a ti, pero crees sentir que acarician tus manos,
si no estoy junto a ti, pero crees sentir que alguien besa tus labios...”

El mismo viento del que le hablaba la canción, tomaba fuerza en la calle, a partir de ese momento, el viento, tendría un significado diferente, ya no habrían mas brisas acariciando su piel, mas Gregales, mas Ponientes, ni Levantes, ni Tramontanas, todos ellos y más, se habían conjurado en contra de ella, condenando un porvenir que empezaba a llenarse de tristeza.

“...si tu escuchas mi voz, mis palabras de amor y no estoy a tu lado,
no te asustes mi amor te lo voy a explicar, no te asustes mi amor”

Su Amor, malherido y sentenciado para siempre, buscaba entre las imágenes de su pasado reciente algo de consuelo, mientras exigía a su subconsciente una respuesta que pudiera entender, una explicación que la sacara de esa cárcel de llamas asesinas, ¿Porqué cambió el viento? ¿Porqué el fuego les rodeó por la espalda?
No hay nadie que respete y ame el fuego más que un bombero y él lo amaba, casi tanto como a ella.

“y si tu alguna vez, te despiertas y ves, que alguien vela a tu lado, no te asustes mi amor te lo voy a explicar, no te asustes mi amor”

El anuncio de la tragedia, le había golpeado de improviso, a traición, como si del mismo fuego se tratara, sumiéndola en la misma trampa mortal cuya esencia le dibujaba un presente ya pasado, una paramnesia inicial que dió paso a una realidad incuestionable, intentó detener la canción, pero no pudo o no quiso.
Allí, muy en el fondo de ese otro viento estaba el secreto de su supervivencia, ...y dejo que Nino siguiera.

“Es el viento que te habla, que acaricia tu corazón.
Es el viento que te pesa, es el viento que soy yo”


Borrascas, brisas y demás vientos soplados por Eolo, arriba en la azotea de Mimi.
Acompaña un gran dibujo de Pipirigayo

31 de julio de 2009

Sábados Literarios de Mercedes. ¿Y quién se comió al gato?

Doña Remigia, nadaba en la abundancia, se podría decir que nació de afortunada cuna y creció al amparo de las muchas rentas heredadas.
La vida, también le dejó ser tía de muchos sobrinos, con tiempo y en turno, había puesto secretamente a prueba a todos y cada uno de ellos y el resultado había sido inquietantemente sospechoso.
Es fácil ser sobrino de tía adinerada, sólo tienes que fingir y esperar, pero la “Doña” era mas lista que todo el colectivo familiar unido.

Los recelos aumentaron con la presencia de “Cat” un mayordomo cincuentón, que se hizo cargo de los cuidados de la venerable sexagenaria.
Cat, se incorporó al servicio, por prescripción facultativa (yo, diría mejor, por exigencias del guión) y su compañía fue positivamente valorada por Doña Remigia, aquel mocetón normando, apareció caído del cielo en la residencia parisina de la anciana, su franqueza, su fidelidad, sus movimientos seguros y felinos, su inalterable condición física para acompañar sin límites y su temple y autoridad para protegerla de los acosos, que veladamente recibía del resto de la inadaptada familia, compensaban con creces la ausencia de sentimientos que Doña Remigia, hubiera deseado como naturales.

7 eran los sobrinos en discordia, 7 trozos de carne podrida, con la única fijación de acortar la existencia de su cada vez mas inaccesible Tía. En conclave, decidieron por unanimidad que había que actuar cuanto antes, Cat molestaba, pero, ¿Quién le pondría el cascabel...?

Esto, no es una película de Disney y 7 sobrinos cabreados, son mucho cabreo, así pues una mañana de insoportable hedor, los cuerpos sin vida de Remigia y su protector Cat, aparecieron ocupando los 3’60 m2. de su colchón de lana de la cama con dosel importada de un anticuario guaraní.

Uno de los sobrinos, Médico, certificó y documentó la doble defunción como un lamentable accidente: sendos infartos como consecuencia de un incontrolado exceso de pasión.
En esa triunfal y disfrazada lamentación estaban, cuando sonó el timbre de la puerta:

“Buenos días, vengo por lo de la muerte de Doña Remigia y su Gato, ...mi nombre es Clouseau, ...inspector Clouseau”
oooo
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Mas "gatos o gatas" en Mimí

25 de julio de 2009

Sábados de Mercedes. ¡Bragas, cuatro euros!


La curva después de pasar la Gasolinera, siempre le sorprendía, no se acostumbraba a reducir la velocidad, la visibilidad era buena, sin embargo el peralte, por una extraña razón inclinaba el asfalto en contra de los confiados automovilistas.

No le gustaba conducir, pero ahora no tenía elección, solía hacerlo de madrugada, amaneciendo y además tenía que recordar cual era el destino en ese sábado de Diciembre, cada día un mercado diferente, en un pueblo diferente, pero el mismo tipo de gente de siempre.
Cristina Papiri, era bonaerense, vino a Valencia de joven y enamoró a Pepe, el batería de un grupo de Rock llamado Los Escorpiones.

Estos viajes no tenían nada que ver con aquellos de los conciertos por la Comunidad Valenciana, después de un largo pero cómodo viaje hasta el pueblo de turno, descansaba en primera fila o en una mesa cerca del escenario tomando alguna copa, mientras el Sr. Belmonte aporreaba las baquetas al mas puro estilo Ringo Star, sobre la tersa piel de los tambores de su batería recién estrenada.

Ahora, Cristina conducía un Mini con un remolque de ruedas que se transformaba en un puesto de mercado que ubicado en su plaza en alquiler, avanzaba toldos y mostradores por tres costados; en los dos laterales la ropa de niños y en el frente más grande, la de adultos, toda ella expuesta en rigurosos montoncitos por talla y modelo, que duraban en ese orden una sola envestida de los furibundos compradores de saldos o “chollos” como ella los solía llamar.
A la hora, los abiertos escaparates lucían un estado tan lamentable, que era imposible identificar una prenda de otra.

Daba lo mismo, siempre era igual, al principio, se obsesionó con el orden, no le gustaba discutir con los clientes y de vez en cuando con toda la paciencia del mundo reordenaba tallas y modelos, hasta la siguiente hora, en la que de nuevo, los tejanos de la 40 se mezclaban en amontonado desorden con las camisetas de la S.

La venta ambulante no era su sueño, las inclemencias del tiempo y un perfil de comprador agresivo siempre en busca de la oportunidad y el regateo, no era la relación más enriquecedora que en su nueva situación necesitaba, no lo lamentaba, pero en su soledad, maldecía aquella noche en un bar, después de un concierto, en el que a su enamorado “Ringo Belmonte” unos desalmados borrachos lo dejaron ciego de una paliza.
...“Señora, las bragas a 4 euros, ...el par”

Para Pepe y Cristina, donde quiera que estéis.
Mas bragas, ¡perdón! mas relatos sobre vendedores ambulantes a lomos de la ballenita "Mimi"

17 de julio de 2009

Sábados de Mercedes. Mi aspecto, mis costumbres

Entre nosotros y ahora que nadie nos escucha, te confesaré, que soy un sapo, si... un sapo, como el del cuento, incluso yo diría que más sapo todavía.
No me preguntes como llegué hasta aquí, supongo que saltando de charca en charca y de personalidad en personalidad, no recuerdo haber existido antes como larva, ni como renacuajo, lo cual me duele en el fondo de este alma viscosa y verde que intuyo.
...Eso que me perdí, pero a nosotros, los sapos de sangre azul nos han parido así, sin niñez, sin adolescencia, siempre sapos adultos.
Mis únicos recuerdos, de aquel nebuloso cuento en el que todavía me reconozco con aspecto humano, son los de un hechizo, el de una hermosa Luna reflejada en la pulida superficie de un Mar plateado. Ante su presencia y atraído por su belleza, presumí, fui vanidoso, embaucador, egoísta, conquistador y mentiroso, en definitiva todo aquello que se espera de un príncipe mimado y acostumbrado a salirse siempre con la suya.
Aquel hechizo de Luna me convirtió en un sapo, “real” pero sapo.

Siempre adulto y siempre arrepentido, recorro las humedades de este mundo, suplicándole a Aristófanes un pequeño papel en su teatro, que es el de la vida, que me saque de esta piel verrugosa y áspera, no apta para las caricias, de estos ojos saltones con la pupila horizontal, incapaces de transmitir la dulzura que siento y de esta boca, hendida hasta detrás de los ojos, que no imagino besando como desearía hacerlo.

En esa vida, que sólo sueño, pues mi condición de sapo real sólo me permite soñar, es en la que quiero asumir un nuevo y definitivo papel. No más mentiras, no más ambiciones desmedidas, ni vanidades, ni egoísmos. Sólo tu reflejo, querida Luna, en mi mano abierta como un nenúfar, esperando el desencantamiento que me devuelva a la realidad, de la que casi nada recuerdo y en la que si recupero mi yo racional, me vaciaré de títulos y medallas, máscaras y antifaces.

...y entonces la Luna, habló:

"Por qué reniegas SAPO de tu aspecto, si eres capaz de sentir como sientes? Eres dueño de una belleza suprema y sin embargo tu vanidad te volvió desagradable y torpe.
Yo no tengo luz propia, brillo cuando miro al Sol y él me ilumina.
En cambio tú, tienes un corazón que late, que siente y habla.
Escúchalo: él te dirá el camino hacia ese lugar que solo tú y el amor
pueden encontrar y que existe en noches oscuras iluminadas solo por sus ojos.
Búscalo y entrégate”
Más relatos contando los aspectos y costumbres de cada uno, en la biblioteca de Tésalo

3 de julio de 2009

Sábados de Mercedes. Las Horas...


...Que larga es la noche, estoy frente a este teclado de letras blancas sobre fondo gris antracita, las yemas de mis dedos reposan inquietas sin saber que hacer, por donde empezar, necesito una frase, (ni siquiera una frase) un articulo determinado, un pronombre personal o un nombre común, una idea, una inquietud que me estremezca y me ponga en marcha.

...Que larga es la noche y que sombría la ausencia, levanto la mirada y recorro en un travelling de 180 grados, buscando esa imagen que me despierte de mi letargo, veo con avidez fotos y objetos y les grito que me cuenten sus sueños, sus vivencias, hoy no es su noche, ni la mía, me detengo en la ventana y llueve.

...Que larga es la noche, por favor, sólo un “La” para entonar y todo será más fácil, me distrae la Radio, se mezclan y me confunden los “Mis”, los “Res” y los “Fas” suena la música, ella y yo solos en la madrugada, que barbaridad, si sólo es un relato de no mas de 300 palabras y Tésalo me está esperando, espero que el “Bus” no salga sin mi.

...Que larga es la noche y amanece, los primeros brillos de un Sol que todavía no despunta, el cristal se empaña y las gotas de lluvia resbalan haciendo un surco que acaba en el marco inferior de la corredera. Miro la foto de Juana, uruguaya de Melo, que niña y que porte de pastora de letras reunidas, descalzos sus pies y vestida su mirada, miro en el fondo de sus pupilas y leo:

”Llueve... espera, no duermas.
Estate atento a lo que dice el viento y a lo que dice el agua que golpea con sus dedos menudos en los vidrios.
Cómo estará de alegre el trigo, amante.
...Espera, no te duermas. Escuchemos el ritmo de la lluvia.
Apoya entre mis senos tu frente taciturna.”

La Noche, ...que larga es la noche.

Mas “Horas...” pasadas o por pasar en la buhardilla de Tésalo

26 de junio de 2009

Sábados de Mercedes. Diario íntimo de una Nevera

Mi primer dueño se llamaba, bar “El Ganxo” apodo con el que se conocía al barrio de Ruzafa de Valencia.
Esta humilde casa de comidas, miraba de reojo, no sin cierta envidia a la monumental Iglesia de San Valero, pretenciosa y siempre engalanada para las multitudinarias fiestas locales.
Me recibieron con la alegría juvenil de la que espera un juguete regalado, algo que se puede rentabilizar sin coste alguno, nuevo, brillante, con un nombre compuesto formado por letras cursivas blancas impresas sobre un fondo rojo sangre, nombre, que creía era el mío, pero que más tarde comprobé, que sólo hacía alusión al obligado contenido, pues esas eran las condiciones de la dádiva.

Me sentía joven, limpio, inmaculado y sobre todo capaz, muy capaz de enfriar hasta la congelación las botellas de cristal que se alineaban ordenadamente en mi interior.

Mi primer contacto con la electricidad fue a 125 voltios, suficientes para ronronear hasta la extenuación, sin perturbar el descanso de los parroquianos próximos. Mi interior se familiarizó con los botellines de contenido bermellón recién llegados de Atlanta,"Coca Cola" ...creo, que les llamaban, nombre que coincidía con el que de igual trazo yo lucía a lomos de mi armadura.
Fueron tiempos de calderilla y chapas, de pajita y vasos de tubo. tiempos de fidelidad y consecuencia.

Años después, un nuevo destino me alejaba de aquel local entrañable y junto con una máquina de “petacos” y dos molinillos de café, en un intercambio de mercadería barata, pasé a formar parte de los enseres eléctricos de una nueva familia: la cocina de la Agencia de transportes, “Los Veteranos” dedicada al alquiler con conductor de furgonetas descubiertas.


El desorden y el desánimo habitaron mi interior, botellas de diferentes tamaños y contenidos, gaseosas, zarzaparrillas, vino blanco a granel, agua de cebada, café del tiempo con canela y una variada colección de latas de atún, berberechos o mejillones, mi apéndice eléctrico, se sustituyo por otro de mayor voltaje, me injertaron en la parte posterior un transformador que alteró para siempre mi sonoridad, que se volvió mas ronca y entrecortada, comprobé que ya no me mimaban como antaño.

Hoy, no sé como he podido llegar hasta aquí, pero me temo que es el final, ya no estoy enchufado, lo cual me hace pensar que ya no es para enfriar para lo que se me necesita, el texto y el rojo están descoloridos y mis puertas cerradas para siempre, el nombre de este nuevo bar es extraño, diría que pone: ....“Chatarrería”

Mas cosas sobre las neveras, en la cocina de Dorotea

19 de junio de 2009

Sábados Literarios de Mercedes. Testamento

Dijo que se llamaba Jacobo, pero que importa, cualquiera en sus circunstancias podría haber mentido. Su pobreza, si que era real.
Mal vestía con harapos sucios que en su día fueron un traje a medida, su edad indefinida, era la de un viejo que peinaba canas en una casposa y enredada melena blanca.

Jamás fue prudente y ahora el frío y la calle, amenazaban con negarle la vida una madrugada cualquiera. Absorto, escribía con lápiz corto en las partes no impresas de un diario de izquierdas:

“Por si acaso y para que no hayan dudas ni disputas, dejo mis pertenencias a:”

El carro de la compra que cogí prestado del “super” y que desde hace tiempo es a la vez mi armario y despensa se lo dejo a D. Juan Roig, dueño de Mercadona, (al rey, lo que es del rey).

A Pilarín, la rubia de bote de la peluquería de enfrente, le dejo esta mata de rebelde pelo que una vez fue rubio de verdad, (ella ya sabrá como teñirlo)

Estos 2’25 euros que guardo, son para el director del Banco Popular de aquí al lado. Que me abra una libreta, un plan o lo que sea (todo menos jugar en bolsa, me preocuparía perderlos)

A Maria, que me baja leche caliente y galletas con su nombre y que es mayor que yo, pero se conserva mejor, (bendita familia) le dejo la cantinela que tanto le gusta escucharme cada mañana. (ahora le puedo confesar que es “te quiero, te quiero” de Nino Bravo en una versión ininteligible)

Al Generalísimo, esté donde esté, (espero, que en los infiernos) le dejo estos trozos de metralla, que me han tenido con el cuerpo roto desde los 16 años. (hasta los que soñé, con ser un gran deportista)

A Micaela, la niña del portal 22, que nunca me ha tenido miedo, le dejo el mío, para que lo conozca y nunca lo repita, (al final te das cuenta, de que no merece la pena)

A Julio, el ciego de la esquina, le dejo este libro sin tapas, sólo para que lo abrace entre sus manos, son poemas de Marti i Pol (si, ya se que está ciego, pero que mas da, tampoco sabe catalán)

A Alfredo, ese señor serio que siempre me mira a los ojos, que no se de donde viene ni a donde va, pero que comparte conmigo ese instante de segundos cómplices, le dejo esta última mirada (le decís que con ella, me despido de todo lo bueno que he vivido en esta vida, que algo ha habido)...

Jacobo, no pudo llegar a los diez legados, el frío de esa madrugada de invierno se lo llevó para siempre.

Mas Testamentos, si te paseas por el Alambre