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22 de diciembre de 2013

Los domingos, vamos de Museos... Chillida Leku. Hernani. (25)


La visita de este domingo nos lleva a un Museo que después de algunos años de andadura, permanece cerrado al público. Es el Chillida Leku. La Obra del escultor donostiarra vive en la intimidad del caserío Zabalaga, con una puerta abierta al estudio y a la investigación. Esta intimidad será conjugada con su universalidad, mediante la difusión de la obra que viajará con carácter temporal a diversos museos del mundo, tal y como Eduardo Chillida quiso.

  


19 de agosto de 2012

10 años sin Eduardo Chillida



En un extremo de la bahía donostiarra, a los pies del Monte Igeldo, instaló en 1977 Eduardo Chillida su obra preferida, el Peine del Viento, con tres espectaculares piezas de acero aferradas a las rocas y rodeadas del mar, ejemplo único de armonía entre arte y paisaje. "El mar tiene que entrar en San Sebastián ya peinado", bromeaba al contemplar cómo el viento sur levanta, ondula y riza la cresta espumosa de las olas que rompen impetuosas contra las rocas.


He visto niños y adultos jugando, acariciando y admirando sus hierros, aprendiendo de ellos a adivinar el alma de las cosas y disfrutando de sus formas y texturas, yo mismo me acerco a ellos siempre que viajo a San Sebastián y los toco, los miro, detengo la mirada en el horizonte donostiarra a través de sus densos y descriptivos vacíos.       


 

4 de mayo de 2011

Este jueves, relato. La comida


Menú degustación:
-1/2 Ensalada de gambas y foie
-1/2 Ensalada de angulas
-1/2 Tacos de bacalao
-1/2 Langostinos
-1/2 Lenguado
-1/2 Rape
-1/2 Perdiz
-1/2 Solomillo
- 1  Postre

Llovía a cántaros. La conducción era lenta y la demora en la carretera la hacía más inquietante.
La mesa estaba reservada para las 21'00 horas. Hoy precisamente era el día en el que el restaurante reanudaba su actividad, después de las habituales vacaciones anuales.

-Buenas noches, mi nombre es Alfredo y tengo mesa para las 9'00, quizá nos retrasemos un poco, esta lloviendo y la conducción es muy lenta.
-No se preocupe D. Alfredo, le esperamos.

De Valencia a Zaragoza, habíamos mantenido el horario previsto, pero la circunvalación en la ciudad maña, estuvo lenta y a veces parada.
Una vez en la autovía de Pamplona, intentamos recuperar el promedio perdido, cruzamos la capital navarra con media hora de retraso, y aún nos quedaba lo peor.
A unos kilómetros terminaba la autovía y empezaba la nacional con su incómoda circulación de doble sentido y sus interminables curvas.
Salvamos el puerto de Azpiroz y repostamos en Tolosa, donde nos dimos cuenta de que: ¡Oh dios! Teníamos una rueda pinchada.
Seguía lloviendo.

-Buenas noches, soy Alfredo, lamento comunicarle que nuestro retraso va a ser algo mayor, estamos en camino.
-No se preocupe D. Alfredo, conduzca tranquilo, le esperamos.

Entramos en San Sebastian, acompañados de un pertinaz chirimiri, lo suficiente como para ralentizar la velocidad. Sólo quedaba atravesar la capital donostiarra y cruzar el río Urumea, por el puente de Santa Catalina.

-Buenas noches, soy Alfredo de nuevo, llegamos en unos minutos, buscamos aparcamiento.
-No se moleste D. Alfredo, nosotros aparcamos su coche, esperamos en la puerta con un paraguas.

Eran las 22'30 cuando entramos en el restaurante, el resto de los comensales nos miraban como si estuvieran al  corriente de las peripecias de nuestro accidentado viaje. En el hall se nos acercó un señor a recibirnos, nos saludó, se interesó por nuestro estado de ánimo y después de acompañarnos a nuestra mesa nos dijo:

-Soy Juan Mari, relájense, pónganse cómodos, que después de esos meritorios 600 kilómetros, esta noche, yo elijo por ustedes.


7 de agosto de 2010

Un día en... San Sebastián



8’00.-Desayuno en el Hotel Villa Soro.
En 1898 Don Ramón Londaiz, construyó esta villa llamada Eguzki Soro para su hija María, con motivo de su matrimonio con Don Luis Gaytán de Ayala. Cuidadosamente rehabilitada y declarada Patrimonio Histórico de la Ciudad de San Sebastián, mantiene el estilo de principio de siglo, con unos jardines de extraordinaria belleza.

9’00.-Un taxi, nos deja en la puerta del Ayuntamiento, quedan a ambos lados, respectivamente el Boulevard y el Náutico, e iniciamos un largo paseo desde los jardines de Alberdi Eder por todo el arco de la Concha. Los primeros saludos nos lo dan los Tamarices, acercándonos sus ramas hasta acariciar nuestras cabezas.
El caminar es lento y entretenido, a la derecha la playa, con su particular visión de la isla de Santa Clara y a la izquierda las inconfundibles mansiones y palacetes que miran al Mar, dejamos el Hotel Londres y La Perla, hasta cruzar el túnel de lo Antiguo, que da paso a la playa gemela de Ondarreta.

10’00.-Llegamos al corazón de la esencia de San Sebastián, El Peine de los Vientos. Los tres aceros filtran el aire, salpicados una y otra vez por las olas que rompen en el frente del malecón, de vez en cuando las troneras escupen al cielo llamas de agua micro goteada acompañada de un profundo grito con el que el viento del cantábrico reclama su atención.

12’00.-Regreso al centro de la ciudad, con el tiempo justo para visitar la Catedral del Buen Pastor, que aunque se inauguró en 1.897, sólo lo fue 56 años más tarde, construida con sillería de piedra arenisca procedente de las canteras del monte Igueldo y dotada de importantes vidrieras de Juan Bautista Lázaro, así como varias gárgolas y pináculos.

13’30.-Decidir un sitio para comer en San Sebastián es tarea difícil, es tanta y tan buena la oferta, que siempre quedan remordimientos por los sitios que no han sido elegidos, así que, por una vez decidimos salir de la ciudad y aventurarnos en la búsqueda de una sidrería en pleno valle, a las afueras de Astigarraga. En 20 minutos nos plantamos en el camino de Petritegui. El Caserío, huele a leña y a manzanas, parece sacado de una película de Julio Meden, excelente tortilla de bacalao y buey crudo con patatas braseadas, la sidra, toda cuanto quieras te la pones tu de las barricas del llagar.


16'30.-De nuevo en el Boulevard, empezamos el asalto a la tarde en Dickens, dicen que Joaquín hace el mejor Gin-Tonic de España, eso lo sabe bien Alfredo Landa, aunque presuma de que efectivamente lo es, pero después del suyo.
Sin embargo a esa hora me inclino por su impecable Irish coffee, elaborado a la vista con un mimo indescriptible.

17’30.-Cruzamos el Río Urumea por el puente de Zurriola, en dirección al Kursaal, los dos cubos de Moneo, almacenan toda la luz del atardecer donostiarra y reflejan el cielo como cajas de espejos gigantes, la playa del barrio de Gros, abierta al Mar es lógicamente más viva que sus hermanas. 800 metros para un paseo de ida y vuelta, por lo que fueron dunas y arenales entre el río y el monte Ulía.



19’30.-Nuestra siguiente cita es la Plaza de la Constitución, auténtico ejercicio de equilibrio y orden arquitectónico, corazón de la parte vieja, curiosamente numerada en el frente de sus balcones, recordando que un día fue emplazamiento de un coso taurino, y también sede del primitivo ayuntamiento y la Biblioteca Municipal. Un descanso en alguna de sus terrazas con la mirada perdida en las farolas y los soportales es el mejor prólogo para una inmediata peregrinación en búsqueda y degustación de los famosos pintxos.

20’30.-Empieza la procesión de la banderilla y el clarete, las calles de la parte vieja están muy concurridas, entramos por el portal de la calle del Puerto y nos dejamos llevar, Martínez, Txepetxa, Goiz Argi, Gambara, A fuego negro y rematamos la faena en La cuchara de San Telmo, innovador, atento al detalle, escondido, pero de gloriosas degustaciones.

23’30.-

Buscamos el Lobby del Hotel Maria Cristina para despedir el día con un último café. Elegante, tranquilo, cómodo, espacios de densa y cuidada ornamentación. Allí mismo, pedimos un taxi que nos lleva de nuevo al descanso en el Hotel Villa Soro

24’00.-Buenas noches y hasta otro día.