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5 de diciembre de 2008

...Héroes de Cabecera (I) Eduardo Chillida

En un extremo de la bahía donostiarra, a los pies del Monte Igeldo, instaló en 1977 Eduardo Chillida su obra preferida, el Peine del Viento, con tres espectaculares piezas de acero aferradas a las rocas y rodeadas del mar, ejemplo único de armonía entre arte y paisaje. "El mar tiene que entrar en San Sebastián ya peinado", bromeaba al contemplar cómo el viento sur levanta, ondula y riza la cresta espumosa de las olas que rompen impetuosas contra las rocas.

Junto al anfiteatro sobre el mar, a una altura inferior, discurre la calle que conduce hacia el final del Paseo y que va descubriendo al paseante, primero, la escultura de la derecha; después, la del horizonte, y finalmente, el conjunto, una vez alcanzada la plaza de los chorros, que encauzan físicamente la presión salvaje de la marea. Y es que, de otra forma, sin respiraderos posibles, el mar, que asomaba esporádicamente por las vetas, amenazaba con deshacer la plataforma.

He visto niños y adultos jugando, acariciando y admirando sus hierros, aprendiendo de ellos a adivinar el alma de las cosas y disfrutando de sus formas y texturas, yo mismo me acerco a ellos siempre que viajo a San Sebastián y los toco, los miro, detengo la mirada en el horizonte donostiarra a través de sus densos y descriptivos vacíos.

En su ciudad natal fue portero de fútbol de la Real Sociedad. Se rompió la rodilla, esa con la que también se paran balones, luego vinieron cinco operaciones, no pudo volver a correr, pasaba por ser el más valiente cuando todos corrían, ni siquiera quiso volver como espectador, no soporta el ruido del balón si no lo toca.
Arriba del “Peine” subiendo al Igeldo por el lado izquierdo de la Bahía esta su casa que es un ventanal sobre roca de mar, de Salones grandes y sólidos que albergan a una familia de muchos, no hay vacíos en casa, hay espacios llenos de aire, de viento y de palabras y está Pilar, que la conoció en la baranda de La Concha cuando tenían quince años.
De adolescente Eduardo Chillida alternaba los estudios con las pasiones que acabaron por encauzar su toma de conciencia intelectual, un día en que acude a clase de matemáticas, que las recibía en un domicilio particular y al subir por la escalera escucha una melodía envolvente, llena de posibilidades seductoras.
Deslumbrado y absorto, sondea esa cadencia que es, al mismo tiempo signo y significado y se plantea cómo no admirar una pieza semejante, en realidad, el detalle no carece de importancia.
Después de la primera sorpresa, el joven estudiante cede a la demanda musical: olvida la clase y sentado en la escalera, se deja llevar por una de las seis suites para violonchelo de Johann Sebastián Bach.

Quién no imagina a Eduardo Chillida de piedra o hierro, de madera o papel?, pero siempre de Música, él es afable, de sonrisas, hondo de humor y ternura. Todavía se le recuerda con esa boca fina que se le torcía al reír y unos ojos que emocionados volaban lejos.

Chillida Leku, es un lugar que marca el límite entre San Sebastián y Hernani. Un caserío del mil quinientos treinta y algo, rodeado de árboles ancianos y praderas plagadas de sus esculturas Chillida y su mujer se enamoraron del caserío de Zabalaga en Hernani, la primera vez que lo visitaron en 1983, invitados por su antiguo propietario Santiago Churruca, entonces cónsul en Burdeos. A la familia al completo la casa les pareció que "crujía y vibraba" como un ser vivo. Cien obras, entre dibujos, gravitaciones, hierros y alabastros, algunos de los cuales han tenido que ser recuperados del mercado, se distribuyen en el interior del museo.

El paseo matutino por la porción de bosque habilitada para el visitante es un descubrimiento de esculturas de variadas texturas y algunas de descomunales proporciones, la ladera está mojada y cristalina por el rocío formado por las bajas temperaturas de la noche anterior y al final del recorrido con los zapatos mojados, descansas en el interior de la casa museo, de la que no querrías salir nunca.

Chillida hizo un homenaje a Jorge Guillén y éste le regaló este texto:

Luego trabaja.
Luego golpea.
Luego... Hay que domar el caos.
Hay que colonizar el vacío
y poblarlo de figuras dominantes y sagradas.
Chillida lo hace a su modo como antes hicieron otros, golpeando y sudando,
sudando y pensando,
hace...
Se nota en su taller de ferrón,
y en un olor,
y en un calor

Documentación: Chillida Leku y epdlp.

2 de agosto de 2008

...Un tesoro en Alzuza


Conocí a Jorge Oteiza, un mediodía de Abril de 1.988 en un Asador de Zarautz.
Conocido de uno de mis acompañantes, saludó y departió con nosotros durante unos minutos antes y después de la comida, exteriorizando en todo momento su personalidad vehemente y radical en lo referente a las cosas y gentes de Euskadi y apasionada y profunda en la visión de su trabajo.
Oteiza murió en San Sebastián el 9 de Abril de 2.003. Recientemente visité, por primera vez su Casa Museo en Alzuza (Navarra)

El Museo Oteiza obra del arquitecto Francisco Javier Sáenz de Oiza, que ha proyectado un gran cubo de hormigón rojizo, integra la vivienda ocupada por el matrimonio Oteiza durante dos décadas y la colección personal del escultor.

La colección que custodia el Museo cuenta con 1.690 esculturas, 800 dibujos, 2.000 estudios del laboratorio de tizas, cerca de 5.000 libros procedentes de su biblioteca personal, además de su extensa hemeroteca y sus innumerables escritos.



El Museo está específicamente creado para acoger las investigaciones experimentales de Oteiza y la significación espiritual y metafísica de su creación. Su ejecución representa el reencuentro definitivo del legado del escultor con el testimonio último de Sáenz de Oiza, dos autores fundamentales en la evolución de la escultura y la arquitectura contemporáneas, amigos y colaboradores en diversos proyectos.

La experimentación estética de Oteiza está basada en la desocupación de las formas y el vaciamiento de sus esculturas que son iconos sobre los que hay que girar como un satélite.
Cuantas más vueltas demos mas descubrimos su variedad dentro de la unidad.
Entonces se descubre que cada pieza –tan simple en apariencia- contiene infinitas piezas, tantas como puntos de vista, como ojos que miran, como luces que las ilumina.

La visita a la Casa-Taller de Jorge Oteiza extiende el discurso expositivo del Museo hasta un escenario vital esencial en la biografía del artista.
Oteiza y su mujer Itziar se instalaron en esta casa abandonada de Alzuza en 1975 y lo convirtieron en su vivienda, centro de trabajo y refugio.
Gran Premio Internacional de Escultura de la IV Bienal de São Paulo de 1957, es coautor del mundialmente conocido Friso de los Apóstoles (1953) de la Basílica de Aranzazu en Guipúzcoa.
Esta colosal construcción, obra del citado Sáenz de Oiza es hoy en día un ejemplo singular de conjunción entre modernidad y religiosidad y aúna la presencia de Oteiza a la de los no menos notables Eduardo Chillida, Lucio Muñoz y Néstor Basterrechea.


Los retrasos en la realización de la obra debido, entre otras razones, a la desaprobación del Vaticano por su naturaleza moderna e iconoclasta, fueron continuos y no es hasta finales de la década de los sesenta que la obra puede verse concluida.

Oteiza fué, junto a Celaya y Chillida el paradigma del pragmatismo y la poesía, esencia de su lucha con los elementos y teoría que le rodeaba, idealizando al pueblo vasco como recio y espiritual, celestial y telúrico a un mismo tiempo.


Fuente consultada: Oteiza Fundazio Museoa