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8 de diciembre de 2011

Este jueves, relato. "Borrachos"


Remasterizado, corregido y programado, publico este divertimento, mientras me congelo en tierras del transilvano Drácula.

Impenitentes borrachos

Hacía una noche de perros, llovía a cántaros y los parroquianos se refugiaban entre aquellas gruesas paredes que protegían el interior de la Venta conocida como de El Toboso. Las jarras del mosto manchego corrían de mesa en mesa, en especial en aquella del fondo, donde inestables siluetas, competían ironizando sobre los pormenores de sus recuerdos. Ebrios de vino y pasión, agudizaban sus ingenios para descabalgar al otro, provocando cómplices risotadas entre la cada vez más divertida concurrencia.

Miguel, con su enésima jarra en la mano arrastraba las palabras, gruesas y sentenciadas por los efectos del rojo caldo; que en ese momento, avanzada la madrugada, evidenciaban su ebriedad.

Guillermo, algo menos consumido, sutil y agudo respondía con la lengua trabada, inmerso en una densa borrachera, que había paralizado los escasos músculos de su cuerpo, excepto los del decir.

-Su prosa Don Miguel,  fue cansina y vulgar, ¿que otra cosa se puede esperar de una historia de caballerías y algún burro, alrededor de un hidalgo venido a menos, que ausente de cordura se cree un caballero andante?-

-¿Como se atreve Don Guillermo?, si de su cursi pluma sólo emanaron tontas reflexiones sobre lo trascendente de la vida, una vida que seguramente no vivió y en la que sólo describía por exigencias del encargo.-

-¿Tontas...? llama a esas sublimes vidas, capaces de expresar en un trabajadísimo y estilizado lenguaje las más bellas e inauditas acciones... ¿que me dice de su Alonso? Extravagante, desatado en sinrazones, cómico hasta el ridículo.-

-Su merced, esta borracho y desvaría, ¿que mayor realismo que esta parodia fantástica? construida con prosa y versos, rica en géneros trágicos y cómicos, con discursos fabulados que le dieron ese carácter polifónico.-

-La única polifonía que le intuyo, mi querido seudo-literato, es la de una verborreica parodia y burla de un esperpéntico galán venido a menos, que se vio denostado por la dama de sus fantasías, obsérvese en cambio la pasión correspondida de mis jóvenes Romeo y Julieta.

-¡Ventero! Ni una jarra más a este advenedizo autor de Sainetes de tres al cuarto, que ni siquiera los propios ingleses pudieron entender, cuanta osadía, comparar el amor de mi hidalgo hacia su enamorada, con un caprichoso encoñamiento destinado al fracaso.-

El ventero, que conocía de sobras las interminables reyertas literarias de aquellos dos impenitentes borrachos, dio por acabado el encono verbal de esa madrugada y comprobado que el tiempo había escampado, invito a todos a abandonar el Mesón.

Abrazados, apoyándose jarra con jarra y tambaleándose a cada paso, Don Miguel y Don Guillermo intentaron adivinar el camino de regreso al Asilo, al tiempo que gritaban al cielo... ¡Astuuuurias, patria queriiiidaaa!...  


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