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25 de enero de 2012

Este jueves, relato. "Brujas"



Queridas Jane, Sukie y Alexandra:
Mucho me alegraré, que al recibo de esta os encontréis bien, yo por aquí, bien  G. A. S. (Gracias A Satán)

Esta carta es una humilde, pero necesaria petición de rescate.
Las cosas por esta vieja Europa no van bien... la crisis, ya sabéis.
La prima de riesgo ha devaluado ungüentos y pócimas y todo a perdido eficacia para nuestros conjuros. El otro día sin ir más lejos receté una mezcla de belladona, mandrágora y ala de mariposa para garantizar el nacimiento de la niña que completaría una “parejita” y la futura mamá me ha denunciado porque tiene quintillizos.

La cicuta y los tóxicos están por las nubes, y ya no se puede envenenar a nadie como es debido. El broncista que me hacía los calderos de cobre, ha cerrado y con la Tupperware,  como podéis suponer, no es lo mismo.
Los filtros amorosos escasean, bueno... los filtros propiamente dicho no, porque siempre nos quedan los calcetines, pero el Amor, ¡Ay el Amor! Si os dijera que lo más parecido que encuentro es algún cariñito que otro, y claro, ni parecido.

La escoba la tengo para cambiar, (es la de la bisabuela, os acordáis...) pero no encuentro el momento. Ahora las venden con recogedor incluido, y claro, es demasiada inversión para usar sólo una parte. Lo que hago es que en vez de volar por las noches cerradas y tenebrosas, cojo el metro que lo tengo cerca de casa, pero... no me parece serio.

Yo supongo que ahí, en Eastwick, (aunque todo esto, lo empezasteis vosotros) estaréis ya recuperados y todo habrá vuelto a la normalidad. Hecho de menos los afrodisíacos de ostras vírgenes sobre lecho de aromas de coco canoso que me mandabais por Halloween, y supongo que los alucinógenos los habréis agotado, pues he oído que veis a vuestro presidente de color negro... ¡Esa María si que es buena!

Espero una respuesta inmediata, la situación es grave, mientras os escribo oigo hablar de recesión... me veo inevitablemente avocada a un ERE (Expediente de Regulación de Empleo) de lechuzas, murciélagos, alondras, y lagartos... el gato, de momento no, es lo único que me queda de mi difunto marido.

Un abrazo, vuestra prima, Tábatha.