29 de diciembre de 2016

Este jueves, relato: Sentimientos encontrados en la Navidad



Había decidido dedicar la primera hora de la mañana a comprar algunos de los regalos de Reyes. Eran mínimos. Solo unos pocos faltaban para completar mi lista de compromisos. Intuyo un principio de mañana tranquila, la hora es buena y el día todavía no ha hecho más que empezar. Alcanzo las puertas del gran almacén, recién abierto y al fondo veo la sección de música cuando empieza a sonar mi iPhone:
—Escucha con atención, me da lo mismo que sea víspera de Reyes, necesito el proyecto, quiero algo para primera hora de esta tarde, ya sabes mi correo.
Alterado y confundido llego hasta el mostrador de clásica, busco y pregunto por «La Traviata» de Salzburgo.
—Lo siento pero acabo de vender la última —me responde la dependienta.
Ya en la calle, en busca de la dichosa ópera y al doblar una de las esquinas, me tropiezo con un indigente:
—¡Dame algo para un café!
Rastreo el fondo de mi bolsillo y al tacto reconozco una moneda de 2 euros, no quiero sacar la totalidad de ellas y delante de él elegir la de menos valor, total, qué hago yo con 2 euros. 
Suena de nuevo el móvil, es el director del banco:
—Necesito urgente que me ingreses, ¡tienes la cuenta «en rojo»!
Me detengo y apoyado en la pared intento relajarme.
De nuevo suena el tema del iPhone (los primeros acordes de «el loco de la colina»). Tengo que cambiarlo, estoy empezando a odiar a los Beatles.
—Jefe han llamado de la imprenta, las fotos que les enviamos no sirven, que les mandemos otras con mejor resolución antes del mediodía.
Todavía no he comprado nada. Paciencia, es cuestión de tiempo, me acerco a la librería, cerca de la puerta me aborda una gitana, me coge la mano e insiste en predecir mi futuro:
—Señorito, si me da unas moneas le leo el mañana.
—Lo siento, no es el momento y mi futuro depende más de hoy que de lo que digan mis manos.
No me lo puedo creer son las once y la cola ya llega a la calle. Cuando entro mi libro ya no está. 
Saliendo de la librería, los acordes de The Fool on de Hill, me trasladan al mundo real:
—Jefe esta mañana necesito salir una hora antes, ya sabe... los regalos del niño y todo eso. Nos vemos el lunes.
Se suman las llamadas: el carpintero que quiere cobrar, mi mujer que no me olvide de la tintorería, don Jesús que la transferencia que tenía que hacer hoy, la hará la semana que viene, total por unos días.
Abatido, desesperado, exhausto llego al portal de mi estudio y...
—Señor, estoy en el paro, vendo 6 pares de calcetines por 12 euros, ¿le interesan?
—¡No! no me interesan —pensándolo mejor, le llamo y le digo Oiga Ud. el de los calcetines, que le parece si le doy algo por todos los calcetines que le quedan.
El parado de los calcetines, se marchó con cara de ganador, sin calcetines y mi iPhone en el bolsillo.
¡Benditas Fiestas!

8 de diciembre de 2016

Este jueves, relato: Pérdidas


Semana de pérdidas perdidas.

Hoy, primer día de mi ausencia me ahoga la melancolía y me desbordan los recuerdos. No quiero mirar atrás.
Hoy, segundo día sin mirar atrás, perplejo en este nuevo amanecer, me lleno de pérdidas irrecuperables. No me caben más de las que me traje.
Hoy, tercer día perdidas mis pérdidas me veo oscuro y gris, y no sé como iluminarme para encontrarme.
Hoy, cuarto día entre nubes me visto de mentiras, me disfrazo de otro que se me parece, lo intento... pero no se lo cree.
Hoy, quinto día de no ser yo, me circunda el amor. Sólo tengo que estrechar el círculo y hacerlo mío. Se me escurre, es de agua.
Hoy, sexto día de llorar intento rehacerme deseando el deseo, pero el deseo es muy caro y no está a mi alcance.
Hoy, séptimo día de renuncias me lleno de recelos y envidias gratuitas. Solo, llego hasta el horizonte, cruzo su puerta y me pierdo para siempre.

24 de noviembre de 2016

Este jueves, relato: Un giro inesperado.


—¿Qué es el destino? Se preguntaba el poeta mientras sentía el peso de una metafísica gravedad sobre su pecho. Hasta hace unos días no creía en él. Era poeta. Poeta existencialista. Poeta de reivindicar. Poeta de contestar. Poeta de anti todo.
—¿Qué es el Destino?  Se seguía preguntando en medio de aquella nueva oscuridad. Hasta hace unos días se respondía a sí mismo repitiéndose que, el destino, no es ni más ni menos que el tino, sin des, con el que se hacen las cosas.
En su caso la excepción confirmaba la regla. Qué era si no esa circunstancia que padecía o disfrutaba casi a diario, sin excepción, irremediablemente, da lo mismo la hora o el lugar; hasta el punto de replantearse creencias y fabulaciones respecto a por qué sucede todo, generándosele dudas existenciales que minan sus más torcidas convicciones. A estas alturas estaréis preguntándoos, qué es eso tan trascendente que cada día, sin excepción, tambaleaba su fe en lo puramente circunstancial. ¿Es eso el destino, el azar, o error, un acierto o tal vez una mano negra que altera la vida retrasando o adelantado su recorrido. 

Cada día durante un mes, desde que empezó aquella obra, al llegar al andamio protector, lo sorteaba bajándose de la acera hasta superar la zona de peligrosidad. No era de pasar por debajo de los andamios ni de las escaleras, hasta que aquella mañana desafió a su suerte y quiso ser rebelde consigo mismo. Qué tontería ese comportamiento tan convencional. Se enfrentaría a ese destino en el que no creía, vencería la adversidad y convencido una vez más, seguiría su camino.

Ahora en el fondo de su tumba se pregunta de dónde salió aquel ladrillo que le impactó en la cabeza resolviendo todas sus dudas para siempre. 

3 de noviembre de 2016

Este jueves, relato: seis + una : ninguna.



El paseo diario por ese submundo que era su barrio, a Elisa, le divertía. Era un continuo jugar con unos y otros. Minutos de estímulos próximos y posibilidad de estrechar lazos, cuando no, de atar otros nuevos. Se movía con diligencia, corría, jugaba, saludaba, y se paraba pegando la nariz al cristal en el escaparate de la juguetería.
En el barrio, Elisa, ampliaba conocimientos, perdía miedos y hacía amigos, muchos. Por encima de lo que pareciese, para ella, era un lugar que descubrir. Honesto. Divertido. Abierto y solidario. También, a veces, alevoso, distante e impersonal. Solo había que dejarse llevar, disfrutar de él y volver pronto a casa.
Al fin y al cabo, cada día y de forma invariable vivía escenas como estas:
—Elisa espera, baja la basura.
—Elisa levanta el culo del sillón y ponte a estudiar.
—Elisa anda derecha que parece que naciste cansada.
—Elisa no sales a la calle hasta que no te lo hayas comido todo.
—Elisa apaga la tele y a dormir.
—Elisa, ni soñarlo, al colegio no vas con esa pinta.

Mañana Elisa cumple 12 años.
¡Qué lejos queda, aún, su Alzhéimer!

31 de octubre de 2016

Halloween en Irán


«Me acuso de ser mujer y al parecer, por el hecho de serlo, peco reiteratívamente. Ahora, esperando el final pienso en lo cara que es la vida».
Así se confesaba Zhara a un dios desconocido en cuyo nombre iba a sufrir la más cruel de las penitencias. No importaba el pecado, que en ningún caso lo era..., salvo el de ser mujer.
La primera piedra le alcanzó de lleno en la clavícula, el cuello de la escápula se partió por la mitad, justo en el sitio en el que de niña apoyaba los sacos de grano que llevaba a casa.
La segunda abrió una brecha en su frente, dibujando un hilo de sangre y un río de dolor, se tambaleó y cayó de rodillas.
Una con arista viva le golpeó el pecho cortándolo en diagonal, justo por donde hacía unos meses brotaba la leche que detenía el desesperado llanto de su recién nacido. Ahora la leche era roja.
No ubicaba los dolores, su sonrosada piel se llenaba de cercos morados con manchas rubíes.
Un golpe agudo en el pie la despertó de su abandono, los dedos se hermanaron de sangre y crecieron hasta reventar o al menos así lo padeció.
Una piedra del tamaño de un puño erosionada por el ir y venir de las limpias aguas del Karún le explotó en los labios, esos que habían amado con pasión y que ahora descarnados, ni siquiera balbuceaban un suspiro. Perdió la cuenta de las siguientes, pero todas y cada una de ellas tenían un remitente: El mundo.
La lluvia de blasfemias buscaban su cuerpo y encontraban su alma.
Sólo le quedaba morir.
Entre tantas deseó una, esa certera que le atravesara el corazón y que fuese la última. Ese corazón, al que le debía todo lo maravilloso vivido, sin saberlo, sin quererlo, le alargó la agonía treinta minutos más.
«Tanto amor y no poder contra la muerte».


           

20 de octubre de 2016

Este jueves, relato: ¿Qué hace esto aquí?


«Cuando sea mayor quiero ser tenor. Orondo, con la barba recortada y sobreactuando con torpeza premeditada en el teatro de mi pueblo».
En eso pensaba Liborio cuando, soñando despierto en medio de su rebaño de ovejas, se posó un extraño objeto volador del tamaño de una cabina de teléfonos con dos focos deslumbrantes.
Una vez el O.V.N.I. quedó en silencio, bajó de él un bicho de dos patas. Metálico. Con lucecitas. En un abrir y cerrar de ojos, el bicho lo abdujo llevándolo al portamaletas de aquel artilugio volador.
Elevarse y desplazarse en paralelo fue todo uno. Aterrizar en el Teatro Real y escupirlo en el suelo del escenario, todo dos.
«Una furtiva lágrima» salió de su garganta.
Su voz, limpia, irrumpió vomitando agudos impensables, entonaciones grandiosas, como hacía tiempo no se escuchaba en esa catedral de la lírica. 
Sólo las ovejas supieron, en primera persona, de aquel sueño de Liborio hecho realidad.
¿Quién puso allí ese artefacto volador?

6 de octubre de 2016

Este jueves, relato: Hospitales


Los blogs son como la bitácora de a bordo en la que, a veces, cuentas todo lo acontecido en este barco que es tu vida y de la que uno es capitán y grumete al mismo tiempo.
Al menos esa fue la intención inicial. Pero este diario de plasmar en «intimidad» lo cotidiano, al final, se convierte en una arbitraria aportación de mensajes, reivindicaciones, informaciones de carácter general, relatos de ficción y algún que otro cuento en el que nos dibujamos de espalda para disimular, cuando no para engañar.
Hoy siento la necesidad, o al menos el gusto, de contar una experiencia que me ha dejado totalmente descolocado.
Esta tarde he estado en Urgencias, en el Hospital La Fe de Valencia. No, en el nuevo  no, en el viejo, el de siempre. Ese en el que acudíamos muy a pesar nuestro acompañando a alguno de nuestros hijos con una brecha en la cabeza o siendo acompañados por alguno de ellos, porque se nos había disparado la tensión. Ese en el que dábamos mil vueltas para aparcar el coche y que al final lo dejábamos encima de la acera. Ese en el que la cola de admisiones daba casi una vuelta al pabellón central. Ese en el que esperabas de pie horas y horas hasta que pillabas una silla donde pasar más horas y horas esperando con ansiedad creciente un chirriante altavoz que te señalara con el dedo diciéndote: «familiares de...»  Ese en el que sabías a qué hora entrabas, pero no a la que saldrías: Expedientado. Visitado. Radiografiado. Diagnosticado y recetado en no menos de cuatro horas. Ese en el que ahora, aparcas a la primera, no haces cola, te atienden enseguida y, enseguida, te mandan expedientado, visitado, radiografiado, diagnosticado y recetado en media hora.

No es tan mala la soledad del corredor de fondo, cuando las cosas suceden en silencio apacible, con celeridad y eficacia y sobre todo cuando te aseguran que lo tuyo, no es un desplazamiento de la prótesis de la cadera —como temías—, sino una ligera impotencia funcional, que se soluciona con unos días de reposo.

15 de septiembre de 2016

Este jueves, relato: Septiembre

        
Si septiembre no existiera, aunque duela, habría que inventarlo. Esa fue la conclusión a la que llegó Estanislao cuando a mitad de mes, o sea el día quince, hizo un repaso de esos primeros días. De entrada, en ese mes, él no cumplía años; sí en cambio era su santo, pero, y qué más daba, de todos era sabido que en su familia las onomásticas no se celebran.
Un septiembre esperanzador encontró a Poker, un perro callejero que le fue fiel durante diez años y este septiembre, traicionero él (el mes, no el perro), lo perdió para siempre. Su fortuna, esa que todavía no tenía y con la que soñaba cada día le fue esquiva; hasta este mes, septiembre ingrato y desleal, bailaba al son de la Bono Loto: en los días impares, caprichósamente, acertaba sólo el reintegro, que invertía en los días pares en los que inexplicablemente nunca salía su número, con lo cual a final de mes, tenía el mismo euro, solo uno, suficiente para seguir jugando. Pero en septiembre no acertaba ningún día, ni los pares ni los impares, con lo cual su déficit delataba un preocupante ascenso. 
También en este septiembre, él empezó a peinar canas. Qué lejos quedaba aquella canción de su juventud en la que idealizó el susodicho mes: "Cuando llegue septiembre". Escuchaba a Boby Darin, con la esperanza de que cada año en este mes encontrara el amor de su vida (los amores no entienden de meses). Pero canción y mes eran sólo producto de un maquiavélico plan para perpetuar el verano. Otro engaño más sobre las espaldas de un mes que, sin quererlo, empezaba a odiar.
Estanislao pensó que no debía subestimarlo, aún le quedaba medio mes por pasar y un enfrentamiento emocional (no podía ser de otro tipo), podría tener daños colaterales irreparables. Asumió estoicamente soportar lo que aconteciese, al fin y al cabo sólo quedaban los últimos quince días de ese maldito/maravilloso mes de septiembre. 

28 de agosto de 2016

Este jueves, relato: Concurso y Adivina, adivinanza



El tema para este jueves es: «Adivina, adivinanza» Se trata de escribir sobre un lugar, ciudad, monumento, etc. dando suficientes pistas y sin descubrir el lugar. Los lectores utilizaremos las pistas para intentar adivinar de qué lugar se trata, dejando nuestra respuesta en «comentarios».



Después de haber entregado todos los libros comprometidos de «Este jueves, relato II», han sobrado 10 ejemplares que vamos a entregar entre los jueveros que lo deseen. Para esto he añadido en el título el apartado «Concurso» que consiste en lo siguiente: Adelantaré mi relato en esta misma convocatoria a modo de ejemplo, de forma que después de leerlo y adivinar de que lugar se trata me mandéis un correo (alfredocot@gmail.com) con la solución. Las cinco primeras respuestas acertadas que mandéis recibirán dos ejemplares sin cargo alguno en su domicilio, indistintamente de donde sea.

Recordar:
1.- Solamente las cinco primeras respuestas acertadas de mi relato serán las premiadas con los libros.
2.- Vuestros relatos como siempre los publicareis a partir del miércoles noche. Dar las pistas veraces, pero las justas para que el lector no lo tenga demasiado fácil.
3.- Extenderos sobre las trescientas palabras.
4.- Se podrá publicar hasta la noche del viernes.
5.- Comunicarme vuestra participación con un enlace a vuestro relato en los comentarios de este Post.

Recibidas las primeras cinco respuestas acertadas que, por orden, han sido de: Tracytorrecaminos, Pepe, Mag, Ibso y Leonor.
Gracias por jugar conmigo, una vez más.

Mi relato: ¿Dónde están los libros?:

Es un domingo de Invierno, la visita a la catedral es obligada, una vez dentro el frío y el espacio se manifiestan de forma sobrecogedora y relajante a la vez, como en todos los templos de interiores sobre-dimensionados.
Sus paramentos verticales muestran su patrimonio artístico, muestras del católico con el que la catedral luce sus mejores galas, no en vano es sede episcopal, en el tratamiento de muros y también en el exterior se adivinan diferentes fases de edificación, tres me cuentan, la original en el siglo VI, cuyo autor fue un santo originario del lugar, la segunda en el XI, ya con aires de catedral y en el XVI la tercera y definitiva completando las fachadas en un orden arquitectónico lleno de contrastes. Llaman la atención, en su interior,  las numerosas obras de arte, un relieve de Pisano nos paraliza los sentidos, que recuperamos con una «Madonna» de Ghirlandaio que preside el Altar y una «Ultima Cena» de uno de los grandes renacentistas venecianos, emplazada sobre el tercer altar de la nave derecha.
Me cruzo con devotos abigarrados, lugareños de oscuro que, familiarizados con su patrimonio le son indiferentes, agotando sus compromisos religiosos en un ir y venir comprometido y a la vez impersonal.

Ya en el exterior, de espaldas al Templo se divisa la extensa plaza, acariciada por un tímido sol y sonorizada desde lo lejos por reconocidos fragmentos líricos que escapan de las cocinas de las enotecas más próximas. Giro sobre mis pasos y de nuevo, frente a la fachada, me despido de ese variado juego de travertinos y carraras, al tiempo que descubro junto a la entrada una piedra grabada con un laberinto circular de algo más de un palmo. Representa el laberinto de Dédalo en Creta, con una inscripción en latín que, aunque borrosa, dice: «Hic quem creticus edit Dedalus est labyrinthus de q(u)o nullus vadere quvit qui...»
Pues allí, debajo del último banco, están los libros.



18 de agosto de 2016

Este jueves, relato: Jueves olímpico


Bolt se mantiene erguido, apoya la planta de sus Nike en la superficie porosa marcando sobre la arena rojiza la evidencia en la búsqueda de una mejor posición. Hunde la punta de su zapatilla para lanzarse en el primer salto. Espera concentrado el disparo que anuncia la salida.

Su cuerpo proyecta a través de su sombra, ligeros y oscilantes movimientos hasta encajar ambas figuras en un todo absolutamente controlado. Su sombra y él son uno, juntos, a volar hacia la gloria.
Pauta su respiración hasta memorizar los latidos. Siente el ritmo de sus pulsaciones y sueña; es lo único que reclama su atención: 135, 140, 145... golpean secuencialmente en el fondo de su pecho.

Su habitual silueta, se desvirtuaba perfilando en su perímetro corporal las alteraciones propias de un tono muscular en alerta, especialmente los gemelos que presionaban sobre su piel en un intento de escapar hacia adelante.
Un sudor helado le corre por la frente cuando ve por el rabillo del ojo, levantar el brazo del juez de salida. Un primero y último esfuerzo, que son el mismo y la coordinación en los movimientos le dispara hacia la gloria.

Inicia la marcha, uno, dos, tres y la zancada se perpetua en el aire, tan sólo cien metros. Nota en la palma de sus manos la velocidad, dejando atrás al viento que inevitablemente rellena su vacío. Avanza el pecho, solo, como de costumbre y sólo a dos centésimas para los diez segundos.


3 de agosto de 2016

Este jueves, relato: Un día en... Londres.


7’30
Con ropa deportiva atravesamos en hall del Grosvenor House y, una vez en Park Line, buscamos la entrada próxima a Hyde Park. Hace frío en este día de invierno, frío del que el corredor se sustrae fácilmente por la belleza del lugar. Giramos en el Speakers’ Corner y seguimos hasta la orilla del Lago Serpiente, a continuación el palacio de Cristal y de nuevo camino del Hotel.
9’45
La primera distancia la cubrimos en metro, la entrada más próxima está en la esquina de Park Line con Oxford St. cerca del arco de mármol blanco que da nombre a la estación del suburbano: Marble Arch. Después de algún trasbordo, llegamos a nuestro primer destino, una de las librerías más impresionantes de Londres, Waterstone’s, hay otras de la misma cadena en la ciudad pero este edificio tiene algo especial, mantiene el aspecto y sabor de los libreros que le precedieron, la famosa librería Dillons, tal y como la conocimos en Torrington Place.
12’00
Es hora de recogimiento y tranquilidad, de nuevo atravesamos la ciudad por sus tripas y emergemos por la base de la Reina Boadicea y su vecino Big Ben. Sorteamos el Parlamento y paseamos por los jardines de la Westminster Abbey.
14’00
En Londres, como en casi toda Europa las cocinas cierran cuando menos lo piensas, TatterSalls Tavern está frente a Harrods, en el 2 de Knightsbridge Green se come pronto y bien, lo que sea con una buena pinta de Guinness.
17.30
Cruzamos el río por el puente del Millennium y paseamos en dirección opuesta al Parlamento, buscamos el cambio de guardia de la Royal Horse Guard en Whitehall. Coincidimos con el solemne relevo de caballos y jinetes engalanados.
19’00
Ya ha anochecido y el cuerpo pide una retirada vergonzosa, esta vez será en taxi, pero antes una visita de cortesía a una de las tiendas de Terence Conran, los «Hábitat» de Londres son diferentes a los de España. Un culto al objeto, al diseño de las piezas y útiles domésticos más sencillos y cotidianos.
20’00
Mientras consideramos las diferentes opciones y, una vez recuperado el tono, hacemos una previa en la barra del Borbón, seguro que este Dry Martini nos ayuda en la elección.


23 de junio de 2016

Este jueves, relato: Miedos infantiles.



Está arriba del armario. Se asoma detrás de una vieja maleta de esas de cartón-tela con rayas marrones. 
Es grande, feo, gris, oscuro..., muy oscuro. Se confunde con la negrura de la noche y su sombra se pasea acompañando el reflejo que, cada vez que pasa un coche por la calle, su destello ilumina la pared frontal. Tiene que ser malo, con esa pinta y escondido, no augura nada bueno. Desaparece cuando enciendo la luz, obvio, no quiere delatarse. Eso me obliga a dormir, cada noche y desde niño, con la luz encendida. Sigue allí en lo alto, escondido tras la maleta. Lo adivino, lo intuyo. A oscuras, situación que trato de evitar a toda costa, huele a rancio, a viejo, a podrido.
Hoy con 68 años sigo durmiendo con la luz encendida, porque cuando la apago su sombra sale de detrás de la vieja maleta y su olor es insoportable.

9 de junio de 2016

Este jueves, relato: Génesis de un personaje.


Richard no había nacido. No había nacido, para figurar en el cuadro de honor con el que la Academia de Sabios Mundial, premia la labor de los pensadores más influyentes del siglo.
Richard era tan sólo una sombra de sí mismo. Un proyecto inacabado. Una promesa en ciernes. Un cuerpo perdido en su mediocridad más próxima. Un alma sin mancha, dispuesta, sin quererlo, a enturbiarse con la primera basura que se le cruzase por ese recién iniciado camino. Nunca era el momento para modelar su génesis. Y así fueron pasando los años. Gris, impersonal, intranscendente, desapercibido, irrelevante, oscuro hasta no existir.               
Richard no había nacido para los demás. Su historia estaba por escribir. Yo la conocía y su segunda parte, la de su vida con luz, que en este caso sí sería extraordinaria, estaba llena de títulos, méritos, reconocimientos, glorias… todo un prócer de referencia.

Yo venía del futuro y conocía esa segunda parte. Envidiable. Codiciada. Excitante. Pero sólo yo sabía de ella, ni siquiera él imaginaba el más mínimo detalle. Por eso, seguramente no hizo nada cuando se inyectó esos gramos de más, irremediablemente mortales, de cocaína adultera.
Esa fue la primera y única vez que salió en los papeles.

La ilustración de cabecera es de Pilar Fdez.-Pinedo 

1 de junio de 2016

Este jueves, relato: Renata la besadora.


Este es el tema, algo retocado, que el azar me brindó para mi participación en el relato «in situ» en el pasado encuentro en Vilafamés. 

Me puse a temblar como un niño. Aún recordaba lo que se decía de Renata: seducía, embrujaba, hechizaba… y todo eso con tan sólo un beso. Dejaba tras de sí ejércitos de idiotas lastimados por su magia. Ilusos que renunciaban a su mediocre vida para suicidarse con una aventura tan apasionante como imposible. 
Llegó el día e impulsado por una decisión, cuyos resultados desconocía, compré un beso. El peso del pecado generó incertidumbre. Me preguntaba a cada segundo… ¿La besaré? Ese beso era mi primer beso y no lo podía ni quería perder. No me asustó la seducción, el embrujo o el hechizo, ni siquiera los miles de besos diferentes que daría a partir de ese beso.

Esperé mi turno y cuando llegó el momento… ¡La besé! O tal vez, casi seguro, me besó ella. Un beso agridulce con el que vi el cielo y el infierno a la vez. Fue ese pecado leve que sabe a sal y azúcar al mismo tiempo. A calor y a frío. A saciedad y a insuficiencia. A placer por el beso recibido y a preocupación por los que recibiría a partir de ese instante: ¿Serán lo mismo? ¡Ah, el amor!

   

26 de mayo de 2016

Este jueves, relato. El Museo de la noche.


El Museo Nacional de Luciérnagas sólo abre en invierno. Cada viernes de Octubre, Noviembre y Diciembre a las 20:00 el portalón extiende sus dos hojas de nogal hacia el interior dando paso a los afortunados visitantes que, tras costosas gestiones, han conseguido su ansiada entrada. Este viernes, el segundo de Diciembre, la cola se prolonga hasta la parte trasera del edificio. Yo tengo el 40...

La torre, almena del siglo XVI, está dividida por plantas. Cuatro. Y en ellas están repartidas por secciones las diferentes variedades de luciérnagas más extrañas, atractivas, deseadas, luminosas (aunque luminosas lo son todas) y coloristas. En las tres primeras los ejemplares están disecados, pintados, esculpidos, caricaturizados,  y en la última (reunidas con un esmero y celo extraordinario) están las vivas que se reponen puntualmente tal y como su vejez les va mermando su brillo, pasando entonces a las plantas anteriores.
Son las 20:20 y la cola se acorta hasta que diviso la puerta de entrada. ¡Qué emoción! En unos segundos mi sueño se verá realizado. La noche (no puede ser en otro momento), se verá iluminada por cientos, miles, millones de serpentinas de luz intermitente. Verdes, azules, amarillas, blancas, rojas (las menos).
No es el museo, no es la noche, no son los jardines de camelias y peonías, ni siquiera el balcón de la torre, que también... ¡Es Verona! Las luciérnagas tienen nombre propio.

19 de mayo de 2016

Este jueves, relato: Mi palabra favorita.



Mi palabra favorita no es una, porque una no es suficiente para expresar lo que siento, para llamar a quien amo, para compartir un secreto.
Hay palabras que divergen «vete», y otras que convergen «ven». Las hay que chocan «plaf» y otras que acarician «cariño», las que unen «amistad» o separan «egoismo».
Las hay de cosas, muchas, casi todas, y también de nombres, menos, pero a veces más usadas y queridas. Las de los nombres «Alfredo, Alfonso, Alberto» se parecen hasta el punto de que a veces no te vuelves cuando te llaman o al contrario.
Palabras favoritas que fueron dobles «fin de semana», «por favor» y hoy, como si vinieran de una guerra aparecen mutiladas «porfi», «finde».
No obstante, como supongo que debo mojarme, hay va la mía

Mi palabra favorita de este mes es mi nieto que cumple ocho años: ¡Alejandro!

14 de abril de 2016

Este jueves, relato: El Chocolate... ¿Justiciero?


Soy como un mar sin color de mar. En mi centro, ella, aleteaba desesperada. Perdida. Borracha de dulce. Desorientada sobrevivía a duras penas. Las orillas, perdidas en horizontes verticales, parecían inalcanzables. La fuerza disminuía mientras daba vueltas sobre sí misma. Su voluntad chapoteaba en busca de un milagro que se demoraba.
—¡Injusto final! —gritó.
Lo intentó una vez más pero la gravedad le era adversa. Qué trágico. Qué grotesco. Qué ridículo. Sólo unos segundos y ella, la mosca más «cojonera» de todas, sucumbiría ante mí, en este inmenso tazón de chocolate.


31 de marzo de 2016

Los jueves, relato: "Bendita Primavera"


Mi primavera suena a obertura trompetera. Da lo mismo quién esté detrás de esas notas propias de la más exquisita fanfarria: Verdi o Wagner, Mozart o Tchaikovski. Da lo mismo, trompetas que tambores, la primavera siempre se hace notar. Cambia el color, el olor, la temperatura, la hora, hasta el ánimo, el nuestro, el de los animales y el de las cosas. «Señoras y señores, con todos ustedes… tachinnn, tachinnn, tachinnn: ¡LA PRIMAVERA!».
Y es entonces cuando ella, vestida con tules vaporosos y desmedidas lazadas al viento, aparece entre una ligera lluvia de confetis y serpentinas que le hacen un pasillo multicolor.

Una vez superada la excitante y aparatosa euforia de la bienvenida, la primavera, nos abraza con un solo de violonchelo, grave, alargando notas hasta suspenderlas en el tiempo, de tonos violetas como la Semana Santa. Entran en escena el resto de la orquesta que, con colorido renovado, prorrogan las partituras, dibujando en el cielo una bandada de preludios e intermezzos, que se instalan en el corazón del calendario. 
Y juntos, percusión, cuerda, metal, viento y madera, migran como ñus, desvaneciéndose en la vorágine de los tres siguientes meses que amenazan ardientes a la vuelta de la sabana.

24 de marzo de 2016

Este jueves, relato: Bajo el influjo de INSOMNIA


Insomne me deslizo hacia un lateral de la cama y, apoyando los pies en el tibio parquet, me incorporo lentamente. Mi madrugada, se dibuja en mi subconsciente, paseándome en la penumbra que cubre el recorrido hasta el balcón. Mi primera visión se detiene ante un espantapájaros, vestido con mi ropa de ayer. Lo intuyo en la oscuridad de la habitación, acaricio sus hombros que reflejan las luces que se cuelan desde el exterior. Erecto, suficiente, ordenado, arriba esto y debajo lo otro.
El extraño maniquí, al que siempre le ha faltado el sombrero de paja, me saluda ausente, descabezado, parco en palabras. Lo suyo no es la interlocución. Solamente una vez, en un alarde de locuacidad me confesó que su fuerte era vigilar mi sueño, o mi desvelo, que también los hay.  
El objeto no tenía nombre, en el onírico mundo de mi existencia a medias no hacía falta, sólo vigilaba. Su sexto sentido era suficiente para identificar y señalar cada uno de los misterios de aquel rosario en blanco y negro que guiaba mi insomnio.                                             

Suena el despertador, son las siete y, como cada mañana, deslizo mi cuerpo hacia el lateral de la cama y apoyando los pies en el tibio parquet me incorporo y, misteriosamente, tropiezo con el galán de noche que dejé al acostarme en el otro extremo de la habitación.



16 de marzo de 2016

Este jueves, relato: Una foto para mí.


Slogan: «En un pequeño cuarto de un hotel».

La habitación del fondo. La 820, la que no da a ningún jardín. La de los ruidos del tráfico y de las máquinas de aire acondicionado. La que fue testigo de tus preguntas y mis respuestas.
La habitación del fondo. La que sintió cómo mis deseos salpicaban las sábanas blancas de la cama y rebotaban en sus paredes enteladas con lino escocés. 
La habitación del fondo. Luminosa incluso en penumbra. Testigo muda de nuestros olores, los tuyos y los míos, de los tres porque fue entonces cuando decidimos tener un hijo.
La habitación del fondo. La de conciliar diferencias. Sobrecogedora para dos artistas saturados de ideas abstractas en busca de la comunión romántica.
Todo lo que era hermoso y poético lo encontramos en la habitación 820, la del fondo.